Georgia O’Keeffe llegó por primera vez a Nuevo México a fines de la década de 1920 y encontró allí un paisaje que terminaría siendo inseparable de su obra. Montañas, huesos blanqueados por el sol, desiertos y enormes paredes de roca reemplazaron progresivamente el horizonte urbano de Nueva York que había marcado parte de sus primeros trabajos.En 1940, O’Keeffe compró una casa de verano y aproximadamente 12 acres de terreno en Ghost Ranch, cerca de Abiquiú. La propiedad formaba parte de un rancho mucho más extenso, de alrededor de 21.000 acres. Años después adquirió una segunda vivienda en el pueblo de Abiquiú, que acabó convirtiéndose en su residencia permanente.Desde Ghost Ranch, la artista encontró algunos de los motivos que repetiría durante décadas. Las colinas, mesetas y formaciones rocosas de la región aparecen una y otra vez en sus pinturas, hasta el punto de que determinados accidentes geográficos quedaron asociados internacionalmente con su nombre.El paisaje de Nuevo México que Georgia O’Keeffe convirtió en arteUno de esos elementos fue Cerro Pedernal, una montaña de cima plana visible desde la región de Ghost Ranch que O’Keeffe pintó repetidamente. También trabajó con las formas y colores de las tierras erosionadas, los valles del río Chama y las enormes extensiones abiertas que rodeaban sus casas.La relación de la artista con el lugar fue tan estrecha que Ghost Ranch forma hoy parte de cualquier recorrido por su trayectoria, aunque su casa allí no debe confundirse con la vivienda y estudio de Abiquiú, que pertenece al Museo Georgia O’Keeffe y puede visitarse mediante recorridos programados.El plan que pretende conservar unas 6.000 acresAhora, ese mismo paisaje es objeto de un ambicioso proyecto de conservación.A fines de 2025, la National Ghost Ranch Foundation y la Presbyterian Church Foundation anunciaron una alianza con el estado de Nuevo México y la organización New Mexico Land Conservancy para impulsar el Ghost Ranch Conservation Plan.El proyecto contempla proteger alrededor de 6.000 acres -más de 2.400 hectáreas- mediante servidumbres de conservación. Esos acuerdos permiten que los propietarios mantengan la titularidad de los terrenos, pero limitan desarrollos futuros con el objetivo de conservar el paisaje, los recursos hídricos y los hábitats naturales.Las tierras incluyen vistas hacia el lago Abiquiú, el río Chama y Cerro Pedernal, precisamente algunos de los panoramas que O’Keeffe convirtió en parte de la iconografía del arte estadounidense del siglo XX.El plan no afecta las aproximadamente 550 acres centrales utilizadas actualmente por Ghost Ranch para alojamiento, senderos, establos, museos y actividades educativas. Recientemente, la organización señaló que continuaba trabajando para conservar más de 6.000 acres alrededor del rancho.Así, más de ocho décadas después de que O’Keeffe comprara aquella pequeña casa en el desierto, el territorio que convirtió en pintura es ahora objeto de un esfuerzo para que sus horizontes continúen pareciéndose, en lo posible, a los que ella veía desde Ghost Ranch.
La artista Georgia O'Keeffe compró una pequeña casa en Ghost Ranch en 1940 y pasó décadas pintando el desierto circundante; un plan de conservación ahora protege 6.000 acres del desarrollo urbanístico
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