Justin Sonnenburg, experto en microbiota: “Solo seis semanas con una alimentación rica en fermentados reduce la inflamación más que la fibra”

Justin Sonnenburg, experto en microbiota: “Solo seis semanas con una alimentación rica en fermentados reduce la inflamación más que la fibra”

Justin Sonnenburg esperaba que la fibra fuera la gran protagonista. El profesor de Microbiología e Inmunología de la Universidad de Stanford llevaba años estudiando cómo la dieta occidental, pobre en determinados tipos de fibra, puede empobrecer el ecosistema de microorganismos que vive en nuestro intestino. Cuando su equipo comparó una alimentación muy rica en fibra con otra rica en alimentos fermentados, sin embargo, el resultado más claro apareció en el segundo grupo.Sonnenburg explicó el experimento con detalle durante su participación en el podcast Huberman Lab, conducido por Andrew Huberman. Allí recordó que los resultados “nos asombraron”. Su hipótesis inicial era que el grupo que aumentara mucho la fibra mostraría la señal más potente en diversidad microbiana y reducción de inflamación. No fue así.El trabajo, publicado originalmente en 2021 en la revista científica Cell, asignó de forma aleatoria a adultos sanos a dos dietas durante diez semanas. Un grupo aumentó alimentos ricos en fibra; el otro incorporó fermentados como yogur, kéfir, kimchi, kombucha, vegetales fermentados y bebidas elaboradas con salmuera. Durante las primeras cuatro semanas las cantidades aumentaron de forma gradual y después se mantuvieron altas durante otras seis.Fue precisamente durante esas seis semanas de consumo elevado cuando apareció el inesperado resultado. En el grupo de fermentados aumentó de forma progresiva la diversidad de la microbiota intestinal y descendieron numerosos indicadores inflamatorios. Stanford informó que bajaron 19 proteínas inflamatorias y que cuatro tipos de células inmunitarias mostraron una activación menor.En Huberman Lab, Sonnenburg explicó que “la gran señal” apareció en el grupo de alimentos fermentados. Entre las moléculas que descendieron estaban mediadores conocidos como la interleucina-6 y la interleucina-12. La primera se ha relacionado con enfermedades inflamatorias y con distintos trastornos metabólicos.La comparación con la fibra necesita, sin embargo, un matiz importante. El estudio no concluyó que la fibra sea mala ni que deba sustituirse por yogur o chucrut. El grupo de dieta rica en fibra mostró respuestas diferentes dependiendo de la microbiota que tenía cada participante antes de comenzar. Quienes partían de una mayor diversidad parecían responder mejor; en el promedio del grupo, la diversidad no aumentó y los 19 marcadores inflamatorios no descendieron.Los propios investigadores consideran posible que diez semanas fueran insuficientes para que algunas microbiotas se adaptaran a un aumento tan grande de fibra. Erica Sonnenburg, también autora principal, planteó que determinados participantes quizá ya habían perdido parte de los microorganismos especializados en degradarla.Otro aspecto que Sonnenburg recalca es la adaptación gradual. En el podcast aconsejó aumentar tanto fermentados como fibra poco a poco para reducir gases, hinchazón y otros problemas digestivos mientras el ecosistema intestinal cambia.El hallazgo, por tanto, no convierte a los fermentados en un tratamiento médico universal. El ensayo fue pequeño, se realizó en personas sanas y los investigadores siguen estudiando qué componentes producen los efectos observados. Pero sí dejó una conclusión inesperada: en apenas unas semanas, una modificación concreta de la alimentación fue capaz de cambiar de forma medible tanto la microbiota como señales del sistema inmunitario.

Original Source

Read the full article at Clarin →

KhanList aggregates and links to publicly available news content. We do not host full articles from third-party sources. Always verify important information with original sources.