Joy Tsai, endocrinóloga y profesora de Harvard: "Una fractura de cadera es el equivalente a un infarto o un derrame cerebral"

Joy Tsai, endocrinóloga y profesora de Harvard: "Una fractura de cadera es el equivalente a un infarto o un derrame cerebral"

Las fracturas de cadera suelen asociarse con el envejecimiento, pero sus consecuencias pueden ser mucho más graves de lo que se cree. La pérdida de autonomía, las complicaciones médicas y las dificultades de recuperación explican por qué los especialistas insisten en la importancia de cuidar los huesos y prevenir las caídas.La endocrinóloga Joy Tsai, profesora adjunta de Medicina en la Facultad de Medicina de Harvard y especialista del Hospital General de Massachusetts, advierte que este problema no debería considerarse una consecuencia inevitable de la edad en una entrevista con Harvard Gazette, la publicación de la universidad.Tsai es coautora de una revisión publicada en la revista médica JAMA que analiza los riesgos de las fracturas de cadera y las medidas que pueden ayudar a prevenirlas.Uno de los datos más preocupantes es que la tasa mediana de mortalidad durante el año posterior a una fractura de cadera es del 22%. La gravedad no se explica solo por la lesión, sino también por el deterioro funcional y las complicaciones médicas que pueden acompañar la hospitalización y la recuperación."Muchas personas nunca recuperan su estado de salud inicial", señala Tsai. Entre las principales causas de muerte registradas en estos pacientes figuran la neumonía, la sepsis, el infarto de miocardio y la embolia pulmonar. La edad avanzada y la fragilidad previa dificultan la recuperación, mientras que la pérdida de movilidad puede aumentar la dependencia de otras personas.Por qué la salud ósea es clave para prevenir fracturasEn la entrevista con Harvard Gazette, Tsai sostiene que el problema merece la misma atención que otras enfermedades graves. "Una fractura de cadera es el equivalente a un infarto o un derrame cerebral", afirma. La comparación apunta a una diferencia en la prevención: mientras existe una mayor conciencia sobre el control de la presión arterial y el colesterol, el cuidado de los huesos no siempre recibe la misma prioridad.La osteoporosis es uno de los principales factores de riesgo, aunque puede avanzar durante años sin provocar síntomas. La disminución de la densidad y el deterioro de la estructura interna del hueso aumentan su fragilidad, incluso ante caídas aparentemente leves.En este proceso intervienen las hormonas. Según explica Tsai, la disminución de los niveles de estrógeno después de la menopausia reduce la protección de los huesos. En los hombres, los niveles bajos de testosterona también pueden influir en su calidad ósea.Sin embargo, el riesgo no depende solo de la edad o de las hormonas. La predisposición genética también tiene un papel relevante. Haber tenido un padre o una madre con una fractura de cadera constituye un antecedente que conviene informar durante la consulta médica.Qué medidas ayudan a reducir el riesgo de fracturasLa prevención combina distintas medidas: realizar los estudios indicados para evaluar la salud ósea, mantener hábitos que favorezcan la movilidad y consultar sobre tratamientos cuando existe osteoporosis. Hay medicamentos que reducen el riesgo de fracturas, aunque su elección depende de cada paciente y requiere evaluación profesional.También resulta fundamental disminuir las posibilidades de caídas. Tsai recomienda evitar las distracciones al caminar, retirar alfombras sueltas y adaptar los espacios domésticos a las necesidades de las personas mayores. Los cambios en los hábitos cotidianos pueden marcar una diferencia, en especial cuando existen dificultades de equilibrio o reflejos más lentos."Esto no significa que estés destinado a romperte un hueso; puedes hacer algo al respecto", es el mensaje que la endocrinóloga transmite a sus pacientes. La detección temprana y el seguimiento médico permiten identificar riesgos y actuar antes de que ocurra una lesión.El objetivo no consiste solo en evitar una fractura, sino también en preservar la autonomía y la calidad de vida. Por eso, cuidar los huesos y prevenir las caídas debería formar parte de la atención de la salud a lo largo de los años, sin esperar a que aparezca la primera lesión.

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