Ayer a la tarde, en el Museo Nacional de Arte Decorativo (MNAD, avenida del Libertador 1902), el doctor en Filosofía y Letras, profesor y académico José Emilio Burucúa (conocido como Gastón) brindó la conferencia “Entre los Desconocidos y los Linces, ¿dónde ubicar a nuestra querida Academia?”, en ocasión del 90° aniversario de la Academia Nacional de Bellas Artes (ANBA).Estuvieron presentes en el acto el secretario de Educación, Carlos Torrendell; el director del Archivo General de la Nación, Emilio Perina; el director del MNAD, Hugo Pontoriero; la presidenta de la Academia de Arquitectura y Urbanismo, Nani Arias; la vicepresidenta de la Fundación Malba, Teresa Bulgheroni; la directora Nacional de Bienes y Sitios Culturales, Claudia Cabouli; la directora artística del Museo Nacional de Bellas Artes, Mariana Marchesi; académicos de la ANBA y presidentes de varias Academias Nacionales, entre otras personalidades de la cultura. Antes del discurso de Burucúa, el presidente de la ANBA, Sergio Baur, se refirió al 90° aniversario de la institución. “Las instituciones permanecen si son capaces de transmitir un propósito –dijo–. Esa ha sido la fortaleza de esta Academia. A lo largo de nueve décadas reunió a artistas, arquitectos, músicos, historiadores, críticos e investigadores convencidos de que el arte no ocupa un lugar accesorio en la vida de una sociedad: forma parte de la manera en que una comunidad construye su memoria y comprende su identidad”. Hubo un aplauso cerrado cuando rindió homenaje al arquitecto y académico Ramón Gutiérrez, recientemente fallecido.José Emilio Burucúa, Carlos Torrendell, Sergio Baur y Marta Penhos en el Museo de Arte DecorativoJuan Deirio“Una Academia tampoco se limita a conservar –puntualizó Baur–. Tiene la responsabilidad de ejercer un criterio. Reconoce trayectorias, distingue obras, promueve investigaciones y abre caminos para nuevos estudios. En otras palabras, no solo preserva patrimonio: contribuye a formar el juicio con el que una sociedad valora su cultura”.Por su parte, el secretario de Educación expresó su apoyo a las Academias Nacionales y destacó el rol que cumplen desde el arte, las ciencias y las humanidades, promoviendo un mundo más humano y más multidimensional. No esquivó los problemas financieros que las aquejan (cuyo origen atribuyó a gobiernos anteriores), y dijo que tanto la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, como él coinciden en el objetivo de preservar el legado académico y su futuro.Burucúa se refirió “al pasado, al presente y al significado de la acción” de la ANBA durante los últimos noventa años. “Procuraré hacerlo, con el fin tanto de celebrarnos cuanto de defendernos, pues hay motivos para ambas cosas –advirtió–. Celebrarnos porque nuestra acción colectiva o nuestro trabajo, sobre todo el de quienes nos presidieron y gobernaron, estuvo guiado por el bien común de los artistas y de los estudiosos del fenómeno estético, fue marcado por el desinterés económico individual, por la herencia de un pasado muy rico y lo es hoy por un presente que podríamos calificar de colorato, según ha dicho Pietro Citati al escribir sobre Ulises en La mente colorata. Lo es por el vislumbre de un porvenir enaltecedor para todos quienes organizamos nuestras vidas alrededor del cultivo, propio y ajeno, de las distintas sensibilidades, emociones y creaciones que definen, marcan, construyen lo que Beatriz Sarlo llamó, con belleza y un dejo elegante de ironía, ‘el castillo de las artes’”.Uno de los grandes intelectuales de la Argentina, José Emilio Burucúa, integra la Academia Nacional de Bellas ArtesJuan Deirio[...] “Digo ‘celebrarnos y defendernos’, por cuanto las academias, en general, tanto antaño cuanto hogaño, tanto entre nosotros cuanto entre los extranjeros, no solo suelen ser objeto de crítica mordaz (cosa siempre útil, necesaria, tábano socrático que nos hace mejores), sino también objeto de desconfianza y desdén -sostuvo-. Se acostumbra a señalarnos como asociaciones envejecidas, elitistas, autorreferenciales, si no directamente funcionales a o cómplices de los poderes de turno, no para medrar en el horizonte del dinero, pero sí en el de las vanidades y las pompas del mundo social. [...] Quisiera hacer una aproximación esperanzada a los trabajos y los días de nuestra Academia”. “Apenas creada esta institución el 1° de julio de 1936, sus miembros se lanzaron a escribir y a reunir imágenes de lo que era entonces un campo poco frecuentado de la creación de nuestra tierra: las artes visuales del pasado colonial, la arquitectura para empezar, pues ya se la reconocía en aquel momento como la prima inter pares, la creadora de los grandes marcos materiales de la vida, los marcos culturales de la representación y los espirituales de nuestros impulsos hacia la trascendencia”, indicó antes de ponderar la serie de Cuadernos de la ANBA dedicados al arte y la arquitectura colonial en territorios de la Argentina y América del Sur, mediante un “modelo de investigación, registro iconográfico, análisis visibilista y método histórico-crítico”. [...] “El despliegue del género monográfico se extendió, ya desde comienzos de la década de los años 40, a las biografías de los artistas activos en nuestro país, tanto del siglo XIX, de los extranjeros precursores a quienes, en alguna ocasión, se llamó ‘pintores y dibujantes golondrinas’, más los primeros maestros europeos como Rugendas y Monvoisin”, firmadas por Arturo Prins, Manuel Mujica Lainez, Alberto Prebisch, Victoria Ocampo, Horacio Butler, Amancio Williams, Mario Buschiazzo y Eduardo González Lanuza, entre otros.Los académicos de la ANBA en el Museo Nacional de Arte DecorativoJuan Deirio"Desde 1999 en adelante, todos los años, la Academia publica una serie singular, la revista Temas, destinada al tratamiento de problemas, categorías, topoi, técnicas e historia intelectual, concernientes todos ellos a las obras de las artes y a la reflexión estética -dijo Burucúa-. Nuestra presidente de entonces, la profesora Nelly Perazzo, fue la promotora entusiasta de Temas, seguida de Rosa María Ravera, que sucedió inmediatamente a Nelly en la presidencia. Aprovecho para decir que, en materia de género, nuestro cuerpo abrió surcos: fuimos la primera academia argentina en incorporar a una mujer entre sus miembros de número: la escultora Noemí Gerstein en 1975, y, según queda dicho, también fue primera en elegir una mujer para la presidencia”. El primer número de Temas estuvo dedicado al diseño y “a indagar la posibilidad de que el diseño haya sido todo un programa estético del siglo XX”, acotó. Actualmente, está a cargo de la revista la doctora Marta Penhos.Remarcó que el “proyecto bibliográfico más importante” de la ANBA es la Historia General del Arte Argentino, que comenzó a editarse en 1981. “Prácticamente, todos los miembros de nuestra institución han escrito, en la Historia General, capítulos sobre las artes de su especialidad”, comentó. “Finalmente, debo referirme a dos grandes hazañas de la Academia, cuando sus investigadores dejaron el gabinete y salieron al ancho mundo -bromeó-. La primera fue el relevamiento sistemático del patrimonio artístico nacional, provincia por provincia y la Capital Federal, que idearon y planificaron dos miembros eminentes del cuerpo, Adolfo Luis Ribera y Héctor Schenone. [...] La segunda hazaña involucró, otra vez, a los profesores Ribera y Schenone. Consistió en trabajar de consuno, de 1987 a 1997, con la Fundación Antorchas para instalar un taller de restauración y conservación artística en el barrio de Barracas, único en su género, dotado de una de las cinco mesas calientes más grandes del mundo (destinadas al reentelado de grandes lienzos), munido de todos los instrumentos y materiales más actuales de aquella década para realizar los trabajos señalados que restauraron, en definitiva, 542 cuadros pertenecientes a iglesias y otros edificios religiosos y burocráticos (nunca museos) de Jujuy, Salta, Catamarca, Mendoza y Córdoba”. Tras reconocer a los músicos académicos de la ANBA, se centró en la pregunta del título de su conferencia. “Mi edad avanzada y mi amor por los estudios sobre los siglos XVI y XVII del arte europeo y sudamericano me llevaron a revisar los estatutos de las academias que proliferaron en la Italia de aquellos siglos, la Italia del ‘don fatal de la belleza’ -reveló-. Y bien, toda Academia que se preciara tenía un santo patrono ligado a la fecha de su fundación. Por eso, acudí presuroso a consultar el santoral del 1° de julio y encontré que los santos de ese día son: Martín de Vienne, obispo legendario del siglo III; Domiciano de Brebón, eremita del siglo V; Carilefo de Anille, monje del siglo VI, a quien el rey merovingio Childeberto I le cedió las tierras para construir un monasterio; Eparquio de Angulema, ermitaño y presbítero del siglo VI cuyo lema habría sido ‘La fe no teme el hambre’, un lema de dudosa aplicación en nuestros tiempos; Golveno de León, británico misterioso del siglo VI y, creo que damos con el santo buscado, san Aarón, hermano de Moisés, escultor y dorador del Becerro de Oro, que habría cantado a voz en cuello durante la orgía, cosas de las que se arrepintió, pero igual podríamos nombrarlo nuestro patrono pues se excusó muy compungido de contaminar las artes con la idolatría”.Prosiguió con humor con un listado arrojado por la inteligencia artificial -“llevada a los cuernos de la Luna y denostada al mismo tiempo”- de sociedades como la ANBA con “nombres insólitos, autodepreciativos o estrafalarios, paradójicos”, como Accademia degli Insensati, Accademia degli Incogniti, Accademia degli Intronati, Accademia degli Umoristi, Accademia degli Inquieti y Accademia dei Lincei, fundada en Roma en 1603. “Pertenecieron a ella Federico Cesi, Cassiano dal Pozzo, Galileo Galilei, recientemente Rita Levi Montalcini, Antonio Sgamelotti, Carlo Ginzburg, entre otros -recordó-. Podríamos considerarnos sus pares, pues también somos como linces, de vista muy aguda, sobre todo por el poder del componente femenino que tiene la Academia Nacional de Bellas Artes de la República Argentina, según acabo de mostrar. Un recuerdo emocionado para todos nuestros colegas fallecidos. Tenemos un legado suyo que proteger y aumentar”.Arte y CulturaArtePatrimonio cultural
José Emilio Burucúa, en el 90° aniversario de la Academia de Bellas Artes: “Somos como linces, de vista muy aguda”
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