“La imposibilidad del planeta B" podría ser, según dice el escritor Joca Reiners Terron al conversar con Clarín, otro título para La muerte y el meteoro (Las Afueras). La novela, en palabras del filósofo y líder indígena Ailton Krenak, “anticipa lo que ocurrirá en la Amazonia en 2045”. Invitado por la Embajada de Brasil, Reiners Terron visitó la Argentina.Escritor, poeta, editor y traductor, Reiners Terron nació en Cuiabá, la capital del Estado de Mato Grosso, situada en la divisoria de aguas entre la cuenca del Amazonas y la del Plata. “Soy un escritor del Plata y amazónico al mismo tiempo. Raro”, se define Reiners Terron. Así como la mezcla define a su ciudad de origen, en La muerte y el meteoro conviven el policial, el relato de aventuras, el terror, la ciencia ficción y una fuerte crítica al colonialismo.Allí, cuenta la historia de los últimos kaajapukugi, que sobreviven aislados en una Amazonia devastada. Boaventura, un antropólogo que los estudia desde hace décadas, trata de salvarlos promoviendo su traslado a México como refugiados climáticos. Sin embargo, antes de la llegada de los kaajapukugi, Boaventura muere en circunstancias extrañas y un funcionario mexicano, el narrador de la novela, deberá asumir la tarea en medio de su propio duelo personal por la muerte de sus padres.Mientras toma su cuarto café de la mañana con precaución, riéndose al evocar la adicción a la cafeína de Honoré de Balzac, Reiners Terron habla de extractivismo y de la extinción de los humanos como salvación del planeta, aunque admite que, mientras haya imaginación, puede haber un futuro.–¿Cómo se vive el extractivismo en la Amazonia?–El Mato Grosso donde nací es un ejemplo muy claro de lo que sería la Amazonia si tuviera dueños latifundistas. Hoy es el estado principal del monocultivo en Brasil. El agronegocio ahí tiene vastas plantaciones de maíz y soja porque tenía pocos propietarios que pudieron destruir el bosque para plantar. La Amazonia, por suerte, afortunadamente, no tiene dueños o tiene las reservas indígenas que cumplen un papel muy importante para la preservación del bosque. Pero es un lugar bajo constante ataque de los garimpeiros, de los grileiros, que son las personas que se apropian de las tierras para explorar y destruir. Hay toda una discusión muy actual acerca de la exploración de petróleo en la foz del Amazonas, que me parece un tema muy importante. El problema, según el capitalismo, es que un bosque no sirve para nada, a no ser que sea producción de madera. Entonces, hay esta creencia de que las personas que viven ahí no tienen cómo producir dinero para vivir. Lo que es verdad, porque la sociedad es capitalista y las personas tienen que tener plata para comprar lo básico. Así que es un problema de doble filo. ¿Qué hacer con las personas que viven ahí? ¿Será la mejor idea explorar el petróleo? Un nuevo lugar, una nueva etapa del extractivismo, del colonialismo. Es un tema muy importante, me parece, hoy para el mundo, no solamente para Brasil y para la Amazonia. A mí me parece que los países ricos tendrían que bancar a todas las personas que viven ahí para que no se destruya nada, mas no es así. Hay que imaginar un futuro posible para el lugar. A la naturaleza lo que le interesa es que la dejen sola. No necesita de nosotros, necesita hacer lo que sabe hacer, que es producir vida constantemente. Pero estamos los humanos, las peores criaturas de la Tierra. Pienso que una salida posible es el movimiento voluntario por la extinción de la humanidad. Es el único futuro para el planeta, me parece. Yo ya empecé mal porque tengo una hija.–En la novela, la extinción, justamente, atraviesa la historia, ligada también a una reflexión sobre el linaje. Tanto Boaventura como el funcionario intentan preservar a esa comunidad, algo que pareciera tener más que ver con ellos que con los kaajapukugi. En ese contexto, ¿el suicidio adquiere un valor diferente para este pueblo indígena?–No hay nada más que hacer para los kaajapukugi. Es un desierto y perdieron todo, no solamente lo físico, sino también lo metafísico, que es lo más triste porque no hay más allá, no hay adónde ir ni en la muerte. La muerte no es más una reserva posible de existencia. Están en un callejón sin salida. El tema clásico del suicidio es ¿y si no hay más cómo vivir? Si la vida posible no es más sustentable, ¿qué hacer? El suicidio continúa siendo un tema prohibido, una salida cobarde. No me parece. Me parece la última salida, la única para los kaajapukugi. Pero ellos están en una situación distinta de la nuestra hoy, porque nosotros todavía tenemos salida. Hay posibilidades, hay que imaginarlas, hacer algo, pensar en colectivo en soluciones. El libro trata mucho de esta posibilidad/imposibilidad. La más persistente verdad creada por el capitalismo es la ilusión de que la libertad es posible sola, para una persona. Como cuando ves a un cowboy en un comercial de cigarrillos, cabalgando él solo, sin nadie, sin una mujer, sin hijos, sin una comunidad. Y me parece que Marx estaba en lo cierto acerca de que la libertad solo puede existir en comunidad.–“No éramos libres, solo estábamos solos”, dice el funcionario de Oaxaca. Sin embargo, tanto él como Boaventura rechazan a sus ancestros.–Creo que es un error muy común que cometemos todo el tiempo, pensar que nacimos de una probeta. Las personas a las que les es dado llegar a la madurez con alguna lucidez pueden percibir cuán importantes son nuestros padres y madres. Así que Boaventura y el narrador, el mexicano, son hombres maduros que piensan como adolescentes, que tienen la convicción de que tienen una vida por delante y un camino personal propio que excluye a sus papás o sus familias. Me parece una cosa que vivimos hoy muy fuertemente. Estamos solos. Las comunidades de los obreros, por ejemplo, han sido destruidas y las nuevas generaciones tienen otra forma de percibir la importancia de la vida familiar. No soy un defensor de la familia como un lugar perfecto, de alegría y felicidad. Las familias no son todas iguales y hay muchas horribles, pero tiene que ver con un contexto más grande, de la pobreza, de la estupidez, de las relaciones y de las creencias muy atrasadas que acaban ahuyentando a los hijos. A los kaajapukugi nada les interesa porque no hay más nada. No hay mujeres, y si no hay mujeres, no hay futuro. Son solamente 50 hombres que viven en un desierto.–El pueblo kaajapukugi es ficcional. ¿Por qué tomó esa decisión? ¿Cómo fue el proceso de construcción de una cosmogonía, rituales y costumbres?–La parte más divertida de todas. A mí no me parecía muy honesto explorar un pueblo verdadero. Así que mezclé, hay un montón de cosas parecidas entre las cosmogonías de los pueblos originarios. Me aproveché de muchas y distorsioné muchísimas otras, como lo del Gran Piloto, que tiene que ver con los escarabajos que consumen en su ritual. También la lengua, las palabras las inventé a partir del mandarín, palabras chinas, que cambié, distorsioné, traduje malamente, como pude. Me divertí muchísimo con la cosmogonía kaajapukugi. Hay cosas muy verdaderas acerca de estos pueblos aislados de los cuales no se conoce casi nada. Para imaginarlos, me fue muy importante una historia de un indígena que era el último representante de su pueblo y que vivía solo en una reserva enorme y no se sabía nada de este hombre, ni cuál era su lengua. Se llamaba el "hombre del buraco". Para los observadores que lo acompañaban y monitoreaban a la distancia era un enigma porque este hombre que andaba por este territorio inmenso que ocupaba solito, donde acampaba dejaba un buraco, un hoyo. Pero murió y nadie sabe por qué lo hacía. Era un hombre que vio a su comunidad toda ser exterminada. Y era muy agresivo, claro. Tengo un cuento que fue traducido al español, "El último hombre de la Tierra", que está en la revista de la Universidad de México, que cuenta un poco la historia de ese hombre. Y me inspiró mucho para crear los kaajapukugi.–Mencionó a China varias veces y en la novela, en paralelo a la historia, ocurre una expedición a Marte que lidera ese país. ¿Cómo apareció esa dimensión de lo espacial?–No sé. Existe una teoría, una posibilidad, de que los chinos hagan un vuelo tripulado a Marte en 2035, más o menos. Me parece, por lo poco que sabemos de los viajes espaciales, que es una idea demasiado optimista. Pero me impresionaba esa historia. Y todo eso tiene que ver, quizás, con el hecho de que yo de niño un día, un domingo cualquiera del pasado, estaba en la casa de mi abuela y ella, tal vez para que yo me quedase un poco quieto, encendió la televisión y pasaron una adaptación documental de un libro llamado Eran todos astronautas de Erich von Däniken. Era un libro muy popular en los años setenta que difundía la teoría de que los pueblos originarios eran todos hijos de astronautas. Esta idea entró en mi imaginación infantil y volvió en la forma de La muerte y el meteoro.–Puntualmente, ¿qué lugar queda para la esperanza?–La esperanza no nos incluye. La esperanza será lo último que muera, pero solamente cuando haya muerto el último humano. Pero no quiero parecer un profeta del apocalipsis barbado, pelado, hombre, blanco. Creo que hay esperanza, pero está en la imaginación. Hay que imaginar un mundo nuevo y hacer algo. Y empezar a hacer algo es imaginarlo. Una de las crisis más universales que hoy tenemos es la falta de imaginación y la falta de alegría y de humor. En consecuencia, porque el humor es fruto de la imaginación, de la inteligencia, con la alegría. Entonces, precisamos de inteligencia, de imaginación, de humor y de amor, también, para completar todo. Ahí está la esperanza.Es escritor y cuenta con varios libros publicados, entre ellos las colecciones de cuentos Sonho Interrompido por Guilhotina (2006) y Curva de Rio Sujo (2026), así como las novelas La Tristeza Extraordinaria del Leopardo de las Nieves (Almadía, 2015), Noite Dentro da Noite (2017), La Muerte y el Meteoro (Las Afueras, 2026), O Riso dos Ratos (2021) y Onde Pastam os Minotauros (2023, ganador del Premio de Literatura APCA).Sus libros han sido traducidos al francés, al italiano, al árabe y al español.La muerte y el meteoro, de Joca Reiners Terron (Las Afueras).Carola BrandarizBio completaRecibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de ClarínQUIERO RECIBIRLOLiteraturaLibrosCambio Climático y Calentamiento GlobalInformación General
Joca Reiners Terron, escritor brasileño: “La naturaleza no necesita de nosotros”
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