La evidencia científica actual muestra que no todas las personas envejecen al mismo ritmo ni bajo las mismas condiciones. En este contexto, la investigación en longevidad pone el foco en comprender qué factores explican estas diferencias y cómo intervenir sobre ellos.Desde la gerociencia, el interés se centra en identificar mecanismos biológicos que permitan no solo prolongar la vida, sino mejorar su calidad. En ese camino, el sistema inmunitario aparece como uno de los principales protagonistas, al reflejar el desgaste acumulado a lo largo del tiempo.También gana relevancia el concepto de edad biológica, que se diferencia de la edad cronológica y permite medir el estado real del organismo. Esta perspectiva abre la puerta a estrategias más personalizadas, basadas en datos concretos y no solo en el paso de los años.En ese marco, los avances tecnológicos y biomédicos permiten hoy analizar procesos antes invisibles. A partir de estudios cada vez más precisos, se busca entender cómo influyen los hábitos cotidianos en la velocidad del envejecimiento.La bioquímica y doctora en biología Irene Martínez de Toda, investigadora especializada en envejecimiento, sostiene que “con una simple extracción de sangre, es posible estimar la velocidad a la que envejecemos”. Este enfoque se apoya en el desarrollo de modelos como el denominado Immunity Clock o reloj inmunológico.Según explica Martínez de Toda a La Vanguardia, este sistema “permite calcular la edad biológica real de una persona y determinar si su organismo envejece más rápido o más lentamente de lo esperado”. A partir del análisis de funciones del sistema inmunitario, se obtiene una medición más precisa del estado del organismo.La especialista subraya que “durante mucho tiempo se pensó que todos envejecíamos al mismo ritmo, pero hoy se sabe que no es así”. En ese sentido, remarca que dos personas con la misma edad pueden presentar diferencias significativas en su estado biológico.Para comprender estas variaciones, se utilizan biomarcadores vinculados al sistema inmunitario, la inflamación, el estrés oxidativo y los cambios epigenéticos. “Al combinar toda esta información, es posible estimar la velocidad a la que una persona está envejeciendo”, señala.Uno de los puntos centrales de su investigación es el papel del sistema inmunológico. Con el paso del tiempo, este sistema experimenta cambios conocidos como inmunosenescencia. “Por un lado, las defensas se vuelven menos eficaces; por otro, aparece una inflamación leve pero constante”, describe.Este proceso, agrega, “actúa como un desgaste silencioso y favorece la aparición de enfermedades asociadas a la edad”. Entre ellas, menciona afecciones cardiovasculares, metabólicas y neurodegenerativas.A su vez, destaca que estos mecanismos están profundamente influenciados por el estilo de vida. “Factores cotidianos como la alimentación, el ejercicio, el descanso o la gestión del estrés influyen directamente en el funcionamiento del sistema inmunitario”, afirma.En esa línea, sostiene que la longevidad no depende únicamente de la genética, sino también de decisiones sostenidas a lo largo del tiempo. “Mantener hábitos saludables ayuda a reducir la inflamación y preservar mejor las defensas”, explica.El papel crucial de la microbiota intestinal y el descansoOtro eje relevante es la microbiota intestinal. Sus investigaciones muestran que “puede influir de manera directa en el sistema inmunitario y el sistema nervioso”, impactando en procesos como la inflamación y el estrés oxidativo. Por eso, considera que “cuidar la microbiota podría ser una estrategia prometedora para un envejecimiento más saludable”.El descanso también ocupa un lugar clave. “Dormir bien permite que el organismo repare tejidos y mantenga el equilibrio inmunitario”, indica. En cambio, advierte que “cuando el sueño es insuficiente o de mala calidad, el cuerpo envejece peor”.En relación con la salud emocional, enfatiza que el estrés tiene efectos concretos en el organismo. “El estrés acelera de forma significativa el proceso de envejecimiento”, afirma. Incluso, señala que su impacto está más vinculado a cómo se perciben las situaciones que a los hechos en sí.A partir de estos hallazgos, se refuerza la idea de que el envejecimiento es un proceso dinámico. “La edad biológica no es un destino fijo”, sostiene, y remarca que puede modificarse mediante cambios en el estilo de vida.En este escenario, el futuro de la longevidad apunta a la personalización. “El envejecimiento saludable pasa por combinar hábitos de vida con estrategias adaptadas a cada individuo”, concluye.
Irene Martínez de Toda, bioquímica: "Con una simple extracción de sangre, es posible estimar la velocidad a la que envejecemos"
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