LA NACIONOpiniónLa industria naval argentina es una actividad con un enorme potencial productivo y tecnológico, que requiere desarrollarse y alcanzar los niveles que supo tener en el pasado, donde fue líder de la construcción naval en la región. Actualmente, el sector atraviesa una transformación global que modifica tanto la forma de diseñar como de operar buques, embarcaciones y artefactos navales. Las nuevas herramientas digitales y de simulación permiten anticipar su comportamiento, analizar diferentes condiciones de operación y optimizar aspectos estructurales, de propulsión, el consumo de combustible, las emisiones y la eficiencia energética. La IA ya está incorporada al diseño y la operación de buques, y representa un desafío adicional para los profesionales del sector. Nuestro país cuenta con una extensa costa marítima, una de las principales vías interiores navegables de la región, que conecta cinco países, explotación pesquera, transporte fluvial de mercaderías y pasajeros y transporte de hidrocarburos entre los puntos suministro en la costa patagónica y las terminales de refinación en Bahía Blanca, Dock Sud, Campana y San Lorenzo. A estas actividades se suman oportunidades en el ámbito de la energía y la actividad offshore, que, aunque todavía se encuentran en una etapa inicial, deberán ser consideradas en el mediano plazo. Sin embargo, nuestra industria está lejos de los niveles de producción que ese potencial permitiría alcanzar. En los últimos 25 años, las nuevas construcciones se concentraron principalmente en buques pesqueros, barcazas, algunos remolcadores y embarcaciones de pasaje para navegación fluvial y lacustre. También pueden mencionarse las tareas de modernización y reconstrucción del Rompehielos ARA Alte. Irizar y del buque fluvial ARA King. La pregunta, entonces, es cómo transformar las oportunidades existentes en acciones concretas de crecimiento. Una industria que necesita conocimiento Argentina cuenta con un alto nivel de formación en ingeniería naval. Cinco universidades forman profesionales para esta actividad, reconocidos en el ámbito nacional e internacional. Las universidades han mantenido una evolución ascendente, adaptando la formación a las necesidades actuales del mercado naval global. La formación de los futuros profesionales, por lo tanto, no es el problema. La transformación tecnológica está cambiando el perfil de los profesionales. Una sólida formación en ingeniería es la base, pero debe convivir con herramientas digitales, simulación, automatización y tecnologías que evolucionan rápidamente. Integrar distintas disciplinas y trabajar sobre sistemas complejos será central para la ingeniería naval de los próximos años. También deberán convivir las competencias tecnológicas con liderazgo, la gestión de equipos de trabajo, manejo de idiomas y gestión de integral de proyectos. Experiencia regional En 2009, el principal astillero del Perú inició un proceso sostenido de desarrollo y hoy cuenta con tres plantas productivas y construye distintos tipos de buques, incluidos militares. Algo similar ocurre en Chile, donde su principal astillero mantiene una construcción continua de distintos tipos de buques, principalmente militares, y recientemente construyó un rompehielos de última generación. Al igual que en Perú, se trata de un astillero estatal. En ambos casos existe una política de Estado que establece objetivos y permite estructurar una estrategia industrial para alcanzarlos. La comparación con Brasil no resulta pertinente a mi entender, por la gran diferencia en capacidad industrial entre ambos países. En nuestro país, hace más de 40 años se busca que la industria naval sea reconocida como estratégica y como una plataforma para generar empleo, desarrollar tecnología y fortalecer a las pymes proveedoras de astilleros, fabricantes de equipos y partes, y prestadores de servicios para el sector. Una industria naval competitiva exige no sólo focalizar en el aspecto productivo sino también considerar que el diferencial estará cada vez más en la capacidad de incorporar conocimiento, innovación y tecnología. Competir no significa necesariamente producir todos los tipos de buques, sino identificar segmentos en los que existan capacidades para especializarse y generar productos y servicios de mayor valor agregado. Algunos países han orientado su producción hacia tipologías específicas, con soluciones vinculadas, por ejemplo, con la eólica marina, la investigación oceanográfica o la hibridización, donde el diferencial está en el equipamiento y la tecnología incorporados. La situación que atraviesa periódicamente el sector juega en contra de las inversiones, de la actualización de los métodos de desarrollo de la ingeniería y de la incorporación de tecnología. También genera el riesgo de perder profesionales altamente capacitados, que encuentran oportunidades en otros mercados. Construir una industria de futuro Resulta necesario preguntarse por qué no se ha logrado revertir esta situación. Mientras se potencian alternativas como la incorporación a la matrícula y bandera de buques usados, debería existir una estrategia que articule políticas y medios para fortalecer la construcción de esos mismos buques en el país. La industria también debe articularse con la universidad. De allí surgirán profesionales, pero también conocimiento, investigación y soluciones para sus desafíos. Las empresas pueden desarrollar en conjunto con las universidades estudios específicos y prácticas profesionales, al mismo tiempo que detectan talento para incorporar a sus equipos. La industria naval es una industria de futuro. La evolución del comercio y el transporte, las nuevas demandas energéticas, la necesidad de mejorar la eficiencia y el avance tecnológico seguirán generando desafíos que requerirán soluciones de ingeniería cada vez más sofisticadas. Argentina tiene la posibilidad de participar de esa transformación si logra convertir sus capacidades existentes en una plataforma para innovar y especializarse. En el Día de la Industria Naval, todos aquellos que amamos esta profesión y trabajamos en la misma, necesitamos respuestas y que de una vez por todas alguien escuche nuestras voces para que la Argentina ocupe el lugar que supo tener en el ámbito de la industria naval mundial. Director de Ingeniería Naval en el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA)
Industria naval: mirar el futuro para recuperar el esplendor del pasado
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