Harry Hospitalier, experto en eficiencia energética: “Un toldo o una pérgola bioclimática reduce el uso del aire acondicionado y ayuda a ahorrar”

Harry Hospitalier, experto en eficiencia energética: “Un toldo o una pérgola bioclimática reduce el uso del aire acondicionado y ayuda a ahorrar”

¿Toldo, ventilador o aire acondicionado? Los tres grandes aliados para salvar las casas del calor. Sin embargo, no resuelven exactamente el mismo problema. El primero intenta impedir que el calor entre; el segundo ayuda al cuerpo a soportarlo mejor, aunque no reduzca la temperatura; y el tercero sí enfría el aire, pero implica un consumo energético mayor.Por eso, escoger entre ellos no debería depender únicamente del presupuesto o de la intensidad de una ola de calor. “Depende de las características de cada espacio, del uso que se le dé y del nivel de confort que se busque”, explica Harry Hospitalier, experto en sostenibilidad y eficiencia energética, a La Vanguardia. En muchas viviendas, añade, lo más eficiente es combinar varias soluciones en lugar de dejar todo el trabajo en manos de un solo aparato.El toldo actúa antes de que la casa se calienteEn una habitación orientada al sur o al oeste, donde el sol incide directamente durante buena parte del día, instalar un aparato potente sin proteger previamente las ventanas puede suponer combatir un calor que continúa entrando constantemente.En estos casos, la primera intervención debería producirse en el exterior. “Incorporar soluciones de sombra, como un toldo, puede marcar una gran diferencia antes incluso de pensar en la climatización interior”, señala Hospitalier, director de mercados técnicos de Leroy Merlin España. Al reducir la radiación que alcanza el cristal, el toldo evita que el suelo, las paredes y los muebles acumulen temperatura y la liberen después lentamente dentro de la estancia. Es especialmente útil en salones con grandes ventanales, dormitorios muy soleados y viviendas que permanecen cerradas durante buena parte del día.El arquitecto Antonio Matres lo resumía mediante un truco sencillo: “La regla de oro es crear sombra antes que frío. Cuando el sol toca el suelo de una vivienda, ya vamos tarde”. Una cortina interior puede reducir el deslumbramiento, pero comienza a actuar cuando la radiación ya ha atravesado el vidrio. El toldo, las lamas o las contraventanas detienen una parte importante antes de que llegue al interior.“La clave está en actuar antes de que el calor entre”, explicaba la bioarquitecta Sònia Hernández-Montaño. Incluso soluciones tradicionales como las persianas alicantinas colocadas en un balcón pueden formar una zona sombreada y ventilada que actúe como una especie de colchón térmico entre la calle y la vivienda.Cuándo puede bastar con un ventiladorEl ventilador tampoco reduce la temperatura real de la habitación. Lo que hace es mover el aire y facilitar que el cuerpo disipe calor, por lo que una estancia puede resultar más agradable aunque el termómetro apenas cambie.“Los ventiladores de techo son una de las opciones más eficientes para refrescar habitaciones de uso continuado”, señala Hospitalier. En dormitorios, aconseja priorizar equipos silenciosos con motor DC y aspas retráctiles, mientras que en salones y comedores puede interesar una mayor capacidad para desplazar el aire con aspas tradicionales. Para terrazas o porches, es necesario escoger sistemas preparados específicamente para soportar la humedad y la intemperie.Daniel Beguería, ingeniero de obra, defendía también que el ventilador de techo suele ser “el más cómodo y eficiente para el día a día porque reparte mejor el aire y no ocupa espacio”. Los modelos de pie, sobremesa o torre, en cambio, pueden resultar más prácticos en pisos de alquiler, habitaciones pequeñas o espacios utilizados solo durante unas horas.El ventilador puede ser suficiente en una vivienda bien protegida del sol, que se ventila durante la noche y que no ha acumulado temperaturas extremas. También permite retrasar el encendido del aire acondicionado o utilizarlo a una temperatura menos exigente. “Un ventilador consume muy poco comparado con un aire acondicionado. Incluso combinado con aire acondicionado ayuda a reducir el consumo, porque puedes subir unos grados la temperatura y seguir teniendo sensación de confort”, apuntaba Beguería.Su límite aparece durante las olas de calor prolongadas, en ambientes muy húmedos o en viviendas mal aisladas donde la temperatura interior permanece elevada durante todo el día. En esas situaciones, mover aire muy caliente puede no ser suficiente.El aire acondicionado, para bajar la temperatura realCuando el objetivo ya no consiste únicamente en mejorar la sensación térmica, sino en reducir la temperatura de una estancia, el aire acondicionado continúa siendo la solución más efectiva. Suele ser necesario en áticos, pisos con poca ventilación, viviendas muy expuestas al sol o dormitorios donde el calor impide descansar.Hospitalier recomienda valorar especialmente la eficiencia del equipo cuando va a utilizarse durante muchas horas. También conviene ajustar su capacidad al tamaño de la habitación. El error habitual consiste en fijar una temperatura muy baja con la intención de enfriar la casa rápidamente. Sin embargo, Beguería advertía que esta práctica provoca “más consumo y menos confort”. Mantener una temperatura razonable y estable suele ser más eficiente que obligar al aparato a realizar descensos bruscos.El tipo de vivienda también condiciona la elección. En propiedad puede plantearse una instalación fija, mientras que en un alquiler o una segunda residencia suelen buscarse alternativas sin obra. Los aparatos portátiles ofrecen mayor flexibilidad, aunque generalmente son menos eficientes, más ruidosos y necesitan evacuar el aire caliente al exterior. La clave, al final, está en combinar sombra, ventilación y climatización según las necesidades reales de cada casa.Paula Martínez

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