Guillermo Marcos: fue un personaje muy recordado de Poliladron, trabajó con Rodolfo Bebán y hoy se dedica a su otra pasión

Guillermo Marcos: fue un personaje muy recordado de Poliladron, trabajó con Rodolfo Bebán y hoy se dedica a su otra pasión

Llegó de su Tandil natal enamorado de Buenos Aires y del tango, con la firme intención de ganarse la vida como actor, vocación que mamó desde muy chico. Guillermo Marcos hizo mucho teatro antes de ganar popularidad en El precio del poder, como antagonista del personaje de Rodolfo Bebán, y luego en Flavia corazón de tiza y en Poliladron, donde fue “el buchón”, comprándose el corazón de la audiencia, aunque su personaje era un poco controvertido. Desde hace catorce años conduce Metejón de un día, todos los lunes, a las 21, en la 2x4, y prepara su regreso al escenario con una obra que ya tuvo otras temporadas, Aeroplanos. En diálogo con LA NACION, el actor habla de su pasión por el tango, recuerda algunos de sus personajes más queridos, y cuenta anécdotas de ficciones que quedaron en la memoria de todos. Desde hace 14 años conduce un programa sobre tango en la 2x4Tadeo Bourbon-Es poco común conducir un programa durante catorce años, ¿qué tiene de especial Metejón de un día?-Es una pasión de toda la vida… El tango, la palabra, el intercambio con los oyentes, ocasionalmente con los invitados, y con el mismo locutor con el que estoy todos los lunes de 21 a 23, Ariel Fiorenza, muy buen ladero. Tal vez esa es la respuesta. -Tenés voz de tanguero, además. ¿Cantás tango?-He cantado tango en espectáculos teatrales, como actor. Fui protagonista de la obra Gotan, de Julio Taiher, y la obra era toda cantada. Después hicimos otro espectáculo de mi autoría, Un vino, un tango, donde no solo cantaba, sino que hacíamos pasos de comedia y estampas tangueras... Aprendí canto con una profesora durante muchos años, estudié en el conservatorio de teatro, practiqué mucho, pero no se me dio ser cantante de tango. Quizá, porque trabajé felizmente bastante como actor, y eso quedó en el berretín personal. Poliladrón, la serie que protagonizaban Adrián Suar y Laura Novoa-¿Cómo nació esta pasión?-Es de toda la vida. Cuando era chico, en mi casa se escuchaba tango, pero esta pasión no prendió en mis hermanos… Prendió en mí en un momento en que el tango estaba arrinconado por el estallido de la Nueva Ola y después la música beat. Yo también escuchaba música beat y tenía mis preferidos, pero el tango me pudo, me fue ganando, leí mucho y me identifiqué con figuras tangueras como Gardel, Pichuco, Discépolo, Manzi. Y todo eso fue creciendo. "El tango me pudo, me fue ganando, leí mucho y me identifiqué con figuras tangueras como Gardel, Pichuco, Discépolo, Manzi", indica Tadeo Bourbon-¿Estás haciendo algo más, aparte de la radio?-Estamos con proyectos. Hasta hace poco hicimos Aeroplanos, de Carlos Gorostiza, junto con Héctor Calori, y posiblemente volvamos porque han pedido la continuidad. Y estamos trabajando también con Leonardo Becchini, director de televisión y autor, entre otras cosas de Poliladron y Un cortado. “Todos teníamos miedo”-Trabajás desde hace muchos años, pero tu personaje en Poliladron te dio popularidad, ¿tenés anécdotas de ese momento?-Varias (risas). En realidad, comencé a sentir esas repercusiones en el público unos años antes, cuando hice El precio del poder con Hugo Moser. Yo era la contrafigura de Rodolfo Bebán, así que mi personaje tuvo un destacado en la historia. Eso siguió con la comedia con Flavia Palmiero en Canal 9, Corazón de tiza. Y con Poliladrón fue muy fuerte y se hizo más extenso. Mi personaje era Heráclito, el buchón que se movía entre ladrones y policías. Era un gusanito, pero la gente lo quería y me mandaban mensajes con expresiones de cariño porque a Heráclito lo hice simpático, con algún paso de comedia y tanguero… —¿Y las escenas de riesgo?—Me acuerdo de las escenas de riesgo que eran tan cuidadas, tan diseñadas y que salían siempre bien, aunque todos teníamos miedo… “A ver qué pasa acá, a ver si ligo un cuetazo”. Estas cosas que se decían (risas). Recuerdo particularmente una vez que Heráclito recibía un disparo y me dijeron que me quedara tranquilo, que no iba a pasar nada. Me entregué a la circunstancia, y no pasó nada. Después hice Amor en custodia, con Solita Silveyra y Osvaldo Laport, y mi personaje comenzó a recibir consejos del público. Una ternura maravillosa. Con Santiago Ríos interpretábamos a una pareja gay, y dentro del melodrama que era la novela, nosotros le poníamos el paso de comedia. Fue importantísimo porque en ese momento no se hablaba tanto de homosexualidad, y además nos casamos. Recuerdo que mi hija estaba en el colegio y las compañeras le hacía chistes con mi personaje. En el micrófono, su otra pasión Tadeo Bourbon-¿Cómo fue trabajar con Bebán?-Trabajamos juntos en tres ocasiones. Primero hice teatro con Rodolfo… La obra se llamaba Dorrego y estábamos en el Teatro Cervantes. Y en ese encuentro lo amé a Bebán porque era un profesional con todas las letras, y con mayúsculas. Realmente un hombre abocado al trabajo, con una seriedad y un cariño por el teatro que me impactaron. Trabamos amistad y después nos reencontramos en El precio del poder y ahí también vi ese nervio profesional tan feliz, tan fecundo en él. Nos reencontramos nuevamente, enfrentados los personajes, en El signo que hicimos en Telefe. Tuve una relación bastante fluida con Rodolfo. Muy tanguero, además, por lo que hablábamos mucho del tema y rescatábamos tangos que eran poco difundidos. Yo los conocía, y él también. Fue un encuentro muy grato.-¿Hay algún otro personaje u otro programa que haya quedado en un rinconcito de tu corazón?-Un cortado, historias de café que hicimos en el viejo y querido ATC. También fue un éxito televisivo, increíblemente en un canal poco visto. Fue una propuesta muy bien recibida, un programa hermoso por el que pasaron un montón de actores porque eran historias que empezaban y terminaban, y sucedían en un café. El elenco estable éramos con Héctor Calori, Guido Gorgatti, Andrea Ríos y yo. Y recuerdo también muy especialmente una comedia que hicimos con Alberto Martín y Adrián Suar que se llamaba Tal para cual y Amigovios. Con Rodolfo Ranni hicimos muchos años de teatro, cine y televisión. Todos buenos recuerdos. "Si hay una naturaleza que identifica esta profesión [la actuación] es la no continuidad laboral", plantea Tadeo BourbonSus comienzos-Empezaste en el medio de muy joven, ¿cómo fue?-Por mi papá, Juan Marcos. Era actor en Tandil y junto a otros actores y directores fundaron un teatro, en los sesenta. Los que cimentaron la formación que he tenido, modestamente, han sido esos actores de la ciudad de Tandil. Porque crecí al lado de ellos, que ensayaban y leían teatro en mi casa, así que fui absorbiendo todo eso con situaciones muy ricas en lo teatral, en lo artístico y en lo literario. Esa fue la base.-¿Te mudaste a Buenos Aires en busca de más oportunidades?-Vine enamorado de Buenos Aires. Estaba trabajando en Tandil y hasta tenía un proyecto de matrimonio, pero empecé a venir a ver teatro a Buenos Aires. Venía los fines de semana, veía teatro y me volvía. Y en uno de los regresos, un fin de semana no conseguí pasaje, así que tuve que postergarlo para el lunes y conocí la ciudad en movimiento y me enamoré de Buenos Aires. Ya estaba seducido por la ciudad a través del tango, de la poesía, de tantas cosas. Sentía ese atractivo y cuando pasé ese lunes por las calles de Buenos Aires me dije “quiero vivir acá”.-¡Y dejaste todo y te viniste!-Sí (risas). Tenía una novia y un buen trabajo: era vendedor en casa Muñoz. Pero Buenos Aires fue muy fuerte… Así que me mudé y empecé a buscar oportunidades, sobre todo en teatro. Y las cosas se fueron dando. Cuando empecé a hacer teatro fue un placer inmenso.-¿Cuál fue la primera oportunidad que tuviste en lo artístico?-La que más recuerdo y que más me estimuló fue Lavalle historia de una estatua, de Carlos Somigliana, con quien además nos hicimos amigos. Y a través suyo conocí a Tito Cossa y a tantas figuras del teatro de esos años. Se fue dando todo, y cuando mermaba el trabajo como actor también fui docente, di talleres de oratoria. Porque si hay una naturaleza que identifica esta profesión es la no continuidad laboral. Hace muchos años que no se hace ficción y eso es gravísimo. Porque, además, la ficción argentina era bien recibida en el mundo. Se dejó de hacer y es penoso. Y hace unos años me enamoré de la radio…. —Y ahí cambió tu rumbo...—Sí, todas las voces de toda la historia argentina están en mi programa. Ahora estamos en esta instancia angustiante de la 2x4 porque quieren privatizarla y sería muy triste cerrar esa voz de Buenos Aires. Tanto la AM y FM son patrimonio de los porteños. Es una voz que alberga uno de los grandes fenómenos de la humanidad que es el tango y nos identifica como país. Duele muchísimo. Apelo a que prime la racionalidad, el sentido común, sin anteojeras, abierto a todo lo que ha pasado durante tantos años. La 2x4 lleva 26 años en el aire de la ciudad como FM. Y en mi programa recibimos mensajes de todas las latitudes: hay un señor fanático que vive en Washington, de Eslovenia nos piden canciones de Tita Merello. Ojalá se abra el diálogo, que se dispongan a evaluar estas hermosas y positivas circunstancias que tiene la 2x4 y todo esto sea un mal recuerdo y nada más. -¿Tenés familia?-Tengo dos hijos, Morena y Tomasito, y dos nietas, Vera y Lina. Morena estudió comunicación social, trabaja en producción, hace trabajos periodísticos, y ahora es madre de estas mellizas que la tienen al trote. Y Tomasito es discapacitado… Estamos separados con su mamá, Cecilia, pero estamos juntos porque somos familia. -Entonces el tema discapacidad te toca muy de cerca, ¿qué pensás?-Me encontré hace muchos años con ese mundo que es tan inmenso y de alto voltaje humanitario. Tomasito tiene una discapacidad severa que lo hace dependiente. Así como se ven miserias en la vida, en esto también se ven grandezas. Todo eso modificó en mi óptica, actitudes, pensamientos y posturas. Porque además Tomasito es todo amor. Lo amamos, se lo expresamos y él es receptivo de todo ese amor. Es un romance de por vida... Lamentablemente, ese alto voltaje humanitario que señalé y que vi en individuos, hoy no está presente en la realidad argentina. Se agrede mucho al sector de la discapacidad. Estamos con dificultades tremendas y creo que eso nos resta mucho como personas y como sociedad. Nadie está exento de sufrir estas situaciones. Ojalá se recapacite. Que piensen que es un sector humano muy vasto y hay que intentar disminuir el sufrimiento y mejorar la calidad de vida de cualquier ser humano. Y si ese ser humano sufre una discapacidad, con más razón para que tenga la más propicia calidad de vida y ese margen de disfrutar de este regalo maravilloso que es la vida.

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