Según los censos agropecuarios, entre 1988 y 2018 desapareció aproximadamente el 40% de las explotaciones agropecuarias. Al mismo tiempo, la población residente en ellas cayó un 52% y los productores que vivían en sus establecimientos, 60%.Este éxodo rural no puede explicarse solamente por la concentración productiva. La falta de infraestructura y servicios —caminos, educación, salud, conectividad, entre otros— también contribuyó a acelerar la salida de población de los establecimientos agropecuarios.La tendencia continuó. Según el Senasa, los establecimientos con bovinos pasaron de 236.805 en 2012 a 186.301 en 2025 (-21,3%), mientras el tamaño medio del rodeo aumentó de 220 a 273 cabezas (+24%).La retención, además, tiene fundamentos para profundizarseESVLa concentración resulta especialmente clara en los establecimientos de más de 1000 cabezas: en 2025 representaban apenas 5,5% de los establecimientos, pero concentraban alrededor del 42% de la hacienda.Nueva dinámicaEsta transformación parece haber modificado la forma en que se desarrollan las fases del ciclo. Entre 2007 y 2010 el stock cayó 16,9% en apenas tres años, una reducción cercana al 6% anual. Aquella liquidación no fue solamente de hacienda: estuvo acompañada por una fuerte desaparición de productores y establecimientos. En cambio, entre 2018 y 2025 el stock cayó 7,4% en siete años, apenas 1,1% anual. La liquidación reciente fue, por lo tanto, mucho menos intensa y más prolongada. Una posible explicación es la nueva estructura de la actividad: con mayor concentración de hacienda en establecimientos de escala superior, existe mayor capacidad para atravesar períodos adversos sin liquidaciones masivas. La concentración no eliminó el ciclo ganadero; parece haber modificado la intensidad y duración de sus fases.La política también importa, aunque no explica por sí sola el comportamiento. El cierre de exportaciones de 2006 coincidió con la gran liquidación 2007-2010, mientras que la eliminación de restricciones y derechos de exportación en 2015 acompañó una nueva fase de retención y un fuerte aumento de las exportaciones: de 155.000 toneladas en 2015 a 845.000 en 2019. En cambio, la liquidación iniciada en 2018 ya estaba en marcha cuando se produjo el cierre parcial de exportaciones de 2021. La evidencia sugiere que la política comercial puede actuar como disparador o acelerador, pero la estructura productiva, los precios y la capacidad financiera determinan buena parte de la intensidad y duración del ciclo.Comienzo de la retenciónLos indicadores muestran que la liquidación llegó a su fin hacia 2025 y que 2026 ya puede caracterizarse como el inicio de una fase de retención. Hay varias señales convergentes: precios relativos favorables para la cría, valorización de los vientres, aumento del peso de faena, menor faena y una muy importante ocupación de corrales de engorde. El análisis de los indicadores identifica precisamente precios relativos, peso de faena, vientres y feedlots como señales de retención.El peso de faena es uno de los principales indicadores de cambio de fase. Sin embargo, la velocidad con que está aumentando puede estar siendo potenciada por un factor adicional: el maíz se encuentra en términos de intercambio particularmente barato respecto de la carne haciendo muy atractiva la incorporación de kilos.La retención, además, tiene fundamentos para profundizarse. Los precios relativos favorecen la conservación de vientres y la fuerte demanda externa agrega un sostén que no estaba presente con igual intensidad en otros ciclos.La faena proyectada para 2026, de alrededor de 12,5 millones de cabezas, todavía es elevada para una retención profunda: en las grandes fases históricas de crecimiento del stock la faena estuvo por debajo de 12 millones —11,06 millones en 2011 y 11,61 millones en 2012—. Por eso, la retención actual es clara, pero todavía se encuentra en una etapa inicial.El fuerte aumento del precio de la hacienda generó una importante mejora de la renta ganadera. Sin embargo, los indicadores de insumos y factores productivos no crecieron, o lo hicieron muy por debajo del aumento de los precios de la hacienda. Las dosis de semen de razas carniceras permanecen prácticamente estancadas, al igual que las reservas forrajeras. La venta de maquinaria tampoco muestra una expansión proporcional al salto de precios.Tampoco aparece una expansión importante del empleo pecuario. Lo interesante es que su comportamiento histórico se relaciona mucho más con la cantidad de establecimientos que con la cantidad de hacienda o su precio. Esto resulta coherente con la concentración: una mayor cantidad de hacienda puede ser manejada por menos unidades productivas sin aumentar proporcionalmente la demanda de trabajo.Parte importante de la renta generada por los precios actuales está siendo destinada a recomponer consumos e inversiones postergadas durante los años de baja rentabilidad: infraestructura, alambrados, aguadas, corrales, maquinaria y otros gastos demorados.La tierra El valor de la tierra también aumentó: en la Cuenca del Salado aumentó un 20% desde 2024 a junio de 2026. Pero esta recuperación debe interpretarse con cautela: la tierra rural argentina estaba barata en dólares y la valorización parece responder tanto a la mejora de las expectativas ganaderas como a una recuperación general de los activos rurales dolarizados; la tierra de cría no mostró una prima clara frente a la agrícola.En el primer semestre de 2026 las exportaciones aumentaron 10% en volumen y 44,7% en valor, en un contexto en el que una parte de la población argentina todavía enfrenta una merma de su poder adquisitivo. Esto constituye un soporte adicional para los precios y hace más difícil imaginar una reversión rápida del escenario.Los frigoríficos La retención, sin embargo, no beneficia a toda la cadena por igual. La faena cayó 12,2% interanual en julio y acumula una baja de 9,8% en los primeros siete meses de 2026. Los frigoríficos orientados al consumo interno y los matarifes trabajan con una caída operativa estimada de 15%-20%, mientras el mayor costo de la hacienda no puede trasladarse plenamente al consumidor. El empleo formal de la industria manufacturera vinculada al procesamiento de carne cayó 4,6%, mientras el empleo de campo aumentó 1,1%.La ganadería parece haber dejado atrás la larga fase de liquidación e ingresado en una etapa de retención. Pero esta nueva fase se desarrolla sobre una estructura profundamente diferente: menos productores, mayor escala y mayor concentración de la hacienda.El aumento de precios está generando renta e incentivos para retener, pero todavía no se observa una expansión equivalente de la capacidad productiva. La cuestión decisiva será si esta renta, después de recomponer consumos e inversiones postergados, comienza a transformarse en más forraje, genética, infraestructura, inversión y finalmente mayor stock y producción de carne. El ciclo ganadero no desapareció. Cambió la estructura sobre la que se desarrolla y, probablemente, también la intensidad y duración de sus fases.El autor es asesor ganadero de Econoagro. Informe realizado para el Centro Argentino de Ingenieros Agrónomos (CADIA)GanaderíaActualidadComunidad de Negocios
Ganadería: comenzó un nuevo ciclo con una estructura profundamente diferente
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