Fútbol: dicen que es aburido

Fútbol: dicen que es aburido

LA NACIONOpinión“¡Fútbol! ¿Pases rápidos, pocos goles y empates? ¡Por supuesto!”. Esta es una frase de un episodio de la temporada 1997-1998 de la serie animada Los Simpson. En ese capítulo transcurre la final de un Mundial de fútbol entre Portugal y México en la ciudad de Springfield. El partido comienza y los jugadores mexicanos se pasan la pelota unos a otros reiteradamente sin salir de su campo, mientras los jugadores portugueses los observan impasibles. El público aburrido ante el espectáculo comienza a quejarse en voz alta. Quejas que se convierten en desmanes y que desatan un verdadero caos. Esa visión del fútbol como un deporte aburrido ha sido reivindicada en los últimos días por un artículo publicado en la revista australiana Quillette. El artículo se titula “Why soccer is boring” (¿Por qué el fútbol es aburrido?) y su autor es el antropólogo estadounidense Robert Lynch.Según Lynch, el fútbol es un pase hacia atrás, un pase lateral, otro pase hacia atrás, otro lateral, se pierde el balón, se recupera, otro pase hacia atrás, y así durante noventa minutos. Para Lynch el fútbol, en realidad, no gira en torno al gol; gira en torno a la posibilidad del gol. Lynch concluye que el mayor ardid del fútbol ha sido convencer a millones de personas de que la frustración es sinónimo de suspenso y que aburrirse hasta el hartazgo significa haber alcanzado un nivel superior de sofisticación.La mejor réplica a la descalificación de Lynch proviene, curiosamente, de un científico fallecido recientemente a los 98 años: el zoólogo evolutivo británico Desmond Morris, ferviente aficionado al fútbol, quien en su libro The Soccer Tribe ofreció, en 1981, una defensa evolutiva y antropológica de este deporte. La cronología encierra una ironía: la refutación existía antes que la crítica. Parafraseando a Borges, que afirmó que “cada escritor crea a sus precursores”, podría decirse, “cada crítico rescata del pasado a sus refutadores”.Unos extraterrestres llegan a la Tierra sin conocer nada de la especie humana ni de sus costumbres y presencian un partido de fútbolMorris plantea un experimento mental: invita al lector a imaginar que unos extraterrestres llegan a la Tierra sin conocer nada de la especie humana ni de sus costumbres y presencian un partido de fútbol. ¿Qué conclusiones sacarían sobre nosotros? Desde esa mirada completamente ajena, observarían que 22 individuos persiguen durante 90 minutos una esfera, esforzándose por introducirla en una estructura rectangular custodiada por un rival, mientras miles de personas en las tribunas gritan, cantan, gesticulan, ríen, sufren o lloran con una intensidad desproporcionada respecto de lo que parece estar ocurriendo. Les resultaría sorprendente que una actividad aparentemente tan simple despertara semejante despliegue de emociones y movilizara multitudes. Los visitantes advertirían también que los jugadores respetan un complejo conjunto de reglas; que existe una autoridad –el árbitro– cuyas decisiones son aceptadas, aunque muchas veces protestadas, y que los espectadores manifiestan una intensa identificación con uno de los dos bandos. Verían una forma de combate ritualizado, en la que la violencia física, severamente limitada, cede su lugar a una competencia regida por reglas explícitas. Verían que el fútbol funciona como un ritual, casi religioso, en el que se expresan impulsos ancestrales de la naturaleza humana, tales como: la cooperación y solidaridad dentro del grupo, la rivalidad entre clanes, la defensa del territorio, la jerarquía, el liderazgo, la competencia y la necesidad de pertenencia.En otras palabras, el partido constituye una representación simbólica de antiguos enfrentamientos tribales, adaptada a las normas de una sociedad civilizada. Cabe agregar a la refutación de Morris que el simpatizante del fútbol, a diferencia de los de la mayoría de los otros deportes grupales, no elige racionalmente a su equipo. La pertenencia nace en la infancia y permanece toda la vida, independientemente de los resultados. En ese sentido, el equipo funciona como una patria afectiva. Por todo ello, el fútbol es mucho más que un deporte: es una poderosa manifestación cultural que pone de relieve aspectos esenciales de la naturaleza humana y que ayuda a construir un sentido identitario colectivo. Desde esta perspectiva evolutiva, el fútbol trasciende el mero entretenimiento. Es, quizás, la más humana y maravillosa de las experiencias: sentirse acompañado por otros seres humanos. En la alegría, porque compartirla la multiplica; en la tristeza, porque compartirla la hace más llevadera.Profesor emérito de la Universidad Nacional de La Plata, académico de número de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria

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