Filba: Emmanuel Carrère, Claire Keegan y decenas de actividades colmadas en una edición de lujo

Filba: Emmanuel Carrère, Claire Keegan y decenas de actividades colmadas en una edición de lujo

Todo estuvo lleno. Las más de 200 butacas del auditorio del Malba para recibir al francés Emmanuel Carrère, a la irlandesa Claire Keegan, ambas presencias centrales de esta edición del Festival Internacional de Literatura (Filba); pero también cuando se presentaron la local Camila Sosa Villada; la cineasta Lucrecia Martel y personalidades como Leila Guerriero, Alejandra Kamiya, Claudia Piñeiro o la invitada francesa Marie Vingtras, entre otros. También estuvo colmada la sala de Actos de la Facultad de Derecho de la UBA para asistir a las entrevistas multitudinarias a Carrère y Keegan. Y las fiestas. Y los talleres. El Filba, con el apoyo de Clarín y revista Ñ, que fueron media partners, fue una fiesta, aunque haya comenzado anunciando recortes en su trabajo federal por falta de fondos. Este año, según las primeras estimaciones, convocó a más de 13 mil personas y otras 20 mil asistentes virtuales.Los momentos culminantes tuvieron como protagonistas a las estrellas de su programación, que despertaron pasiones incluso bastante antes de pisar la Argentina. El diálogo del viernes entre Emmanuel Carrère y Leila Guerriero fue magnífico y dejó a los más de 800 asistentes conmovidos por haber asistido a un intercambio, a la vez, multitudinario e íntimo.Ahí, el francés recordó su niñez: "En el fondo, he tenido una infancia muy agradable, muy unido a mi madre y, cuando ese período de la vida se fue desarmando, de alguna manera me sentí expulsado del paraíso", dijo y recordó que parte de esos años se narran en Koljós.Y aseguró que busca ser mejor persona: "Tengo tendencia a pensar que estamos en la Tierra no necesariamente para ser felices, pero sí para mejorar un poco. Y no solo moralmente, porque mejorar significa también saber un poco más, tener una mirada un poco más abarcativa, entender más sobre nosotros mismos, sobre lo que nos importa. Es decir, estamos aquí para eso, para intentar entender un poco mejor dónde estamos, a qué nivel estamos, cuáles son nuestros sueños e intentar, en algún sentido, alcanzarlos".Antes de despedirse, confesó que no se imagina haciendo otra cosa que no sea escribir: "Es simplemente lo que me gusta hacer y no veo por qué debería privarme de lo que me gusta hacer. Pero, además, escribir es lo que me hace feliz. Tengo la sensación de ocupar mi lugar en el mundo cuando escribo", dijo.Palabras breves de Claire KeeganAl otro día, pero a la misma hora, fue el turno de Keegan que, en diálogo con su traductor al castellano, el escritor y poeta argentino Jorge Fondebrider, recordó algo que la define: "Lo que me gusta es la brevedad".La irlandesa se permitió evocar también su infancia: "De niña siempre quise tener un poni. Lo pedía todo el tiempo y finalmente lo tuve –confesó–. Los caballos conocen bien el corazón del ser humano; nos han acompañado en todos los momentos de la historia".Consultada sobre el origen de las ideas que ella transforma en literatura, señaló que la clave reside en lograr que el deseo ocurra físicamente en el cuerpo de los personajes: el deseo entra por los ojos, recorre el cuerpo y desciende hasta los pies. "Tus pies nunca mienten. Tus pies siempre avanzan hacia lo que deseás".En Derecho, lanzó una sentencia que muchos anotaron: "La buena literatura trata sobre la estupidez. La estupidez humana". Y defendió su gusto por los clásicos. Primero, aseguró: "Prefiero leer a Jane Austen antes que el libro más reciente publicado en Irlanda, Estados Unidos o donde sea. No sé nada de ficción contemporánea. Si alguien dice que intento escribir como algún autor actual, no puede ser cierto, porque no los he leído".A solas con Camila Sosa VilladaEn el Malba, tampoco hubo asientos vacíos. Especialmente conmovedora fue la presencia de la actriz y escritora Camila Sosa Villada, que recordó las dudas que circulaban tras la publicación de su libro Las malas: “No me preocupa innovar, no soy tan talentosa ni tan inteligente como para hacer esa operación. Lo que sí hago es cerrar los ojos, como apagar todas las luces de una casa, como poner un blackout y salir a la casa a andar y a encontrar cosas que preciso en ese momento con la luz apagada. Eso me resulta mucho más placentero que tener algo planeado de antemano para decir. Innovar no es mi tarea, no sé quién está innovando en la literatura ahora”, dijo.La autora cordobesa leyó fragmentos de su próximo trabajo, titulado El libro de los reproches (Tusquets), que tiene relación con la enfermedad que está atravesando su madre: “Es muy terrible y muy solitario y no lo podría haber escrito si no hubiera enfermado mi mamá y no hubiera tenido los problemas que empecé a tener cuando empecé a escribir este libro”, compartió.Antes de despedirse, volvió sobre los cuestionamientos: “Sigo tratando de demostrarle a esos fantasmas que fui yo quien lo escribió. Sé que no le caigo bien a todo el mundo, pero es porque soy difícil de maltratar. Yo no tengo nada más importante en lo que pensar más que en que la gente no me maltrate”.Autores y sus fansEn el mismo auditorio en el que se había presentado Sosa Villada, se dieron cita los escritores Alejandra Kamiya, Leila Guerriero y Ricardo Romero para protagonizar un ciclo singular titulado Mi escritor favorito, que surge de una suerte de casting de lectores para invitarlos a dialogar con un autor o autora al que siguen y cuya obra conocen. Es una actividad que tiene trayectoria en el Filba.Kamiya reveló que en los talleres "aparecen mejores textos que en las mesas de novedades", de manera que está proponiendo manuscritos de esos que le llegan y conoce a la editora Leonora Djament. "Hay cosas geniales. Se está escribiendo muchísimo, hay una proliferación ahora de de talleres y supongo que es en reacción a lo otro que todos sabemos que está ocurriendo", consideró.El segundo entrevistado fue Ricardo Romero, autor de Paraná, que dialogó con la cineasta Nadia Rivero (Montevideo, 1983). La experiencia en medios de la partenaire también fue clara y la charla recorrió las búsquedas del autor de Big Rip (2021) y Yo soy el invierno (2023), entre otros libros. Uno de esos ejes es el tiempo: "Me he vuelto consciente de los temas que atraviesan mi propia escritura con el tiempo", confirmó RomeroEl broche de oro de la actividad fue la periodista Leila Guerriero, que había deslumbrado horas antes a Carrère y a las más de 800 personas que asistieron al diálogo que mantuvieron en la noche del viernes en la Facultad de Derecho.En el Malba, dialogó con la joven Jazmín Abdala, de 18 años y estudiante de Periodismo en la Universidad Blas Pascal de Córdoba, y retrató las tensiones que atraviesan su vínculo con la escritura: "No es una relación de amor, es una relación muchísimo más compleja que eso, pero no podría renunciar a ella. Si alguien me preguntara qué hago en la vida, yo respondería que soy una persona que escribe".Pochi PochiEl Filba recorrió barrios y localizaciones. Hasta el centro cultural Azotea, llevó Pochi Pochi, un conjunto performático de distintas disciplinas culturales (Lectura + Feria + Editoriales + Música) cuyo eje central está en la lectura de textos a través de una foto familiar especialmente elegida y narrada por un grupo de 15 artistas de la mano de la directora de artes escénicas y curadora argentina Vivi Tellas, creadora de Biodrama.“Esta performance consiste en elegir una foto de la familia y escribir un texto. Es muy simple pero muy profundo. Yo también elegí una foto”, explicó su creadora. Pochi Pochi comenzó como un ejercicio que Tellas realiza habitualmente en su taller de biodrama. Su primera obra biodramática documental se llamó “Mi mamá y mi tía”. “Empecé a buscar adentro de la familia y a pensar la familia como teatro”, recuerda Tellas.Antes, lo había hecho en Paraiso Club y en El Galpón de Guevara. Ahora, Pochi Pochi se trasladó al Filba. Por allí pasaron 15 artistas entre actores, actrices, guionistas y escritores para narrar su biodrama. Ellos son: Muriel Sago, Lu Camaño, Mercedes Halfon, Dani Zelko, Cecilia Pavón, Pablo Katchadjian, Marie Gouric, Caro y Felipe Saade, Claudia del Río, Magalí Etchebarne, I. Acevedo, Lorena Vega, Valeria Tentoni y Rodrigo Moreno.Para el cierre, el Filba guardó no uno sino dos ases bajo la manga. La cineasta Lucrecia Martel fue entrevistada por la periodista y escritora Mercedes Halfon en el Auditorio del Malba sobre las más recientes obras de la directora: su libro Un destino común, que recopila sus conferencias, editado por Caja Negra y Nuestra Tierra, y su documental estrenado en el Festival de Venecia en 2025, en el que narra el asesinato del líder de la comunidad Chuschagasta Javier Chocobar y el posterior juicio, atravesado por las historias y archivos de las personas que viven en aquella región del norte argentino.Martel comentó que pensó la película “sobre todo para mis contemporáneos del norte, donde siento que esta problemática es gravísima”. Además, dijo que sucedió algo que muchas veces no le pasó: “que se disfrutara, permitiera hacer asociaciones con la propia vida y se expandiera más allá del circuito comercial”.También comentó en varias oportunidades que esta película le había servido para reconciliarse con su idea de cine. Para recordarle por qué había elegido dedicarse a dicho arte: “Para mí siempre había tenido que ver con un servicio a la comunidad. Intentar cambiar el mundo. Para que sea un poco mejor. Esta película nos lo hizo vivir. Fue una balsa en medio de catástrofes”.Y como broche de oro, al cierre de esta edición, la española Isa Calderón y la argentina-catalana Lucía Lijmaer despertaban carcajadas y ovaciones también en el Malba, durante la grabación de un episodio de su podcast Deforme Semanal Ideal Total, el ciclo que siguen miles de personas en las plataformas de streaming pero que también acompañan en los teatros de toda España, y ahora en la Argentina esta noche y el fin de semana que viene en el Teatro Margarita Xirgu, para el público local.

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