ROSARIO. En San Nicolás no hace falta dar señas para ubicar a los Cafiero. Basta con nombrar la “casa-barco”. Sobre la ribera del Paraná, en José Ingenieros 72, hay una vivienda con forma de embarcación, encallada en tierra firme desde hace más de seis décadas, pintada con colores que llaman a los turistas a bajarse del auto y sacarse una foto. La bautizaron Irupé, por la flor que baja desde Corrientes con la corriente del río. La imaginaron un poeta y una pintora. Y esta semana, esa misma casa —postal familiar, curiosidad turística que hasta un programa de televisión norteamericano de casas extravagantes vino a filmar— amaneció con la Policía Bonaerense adentro, buscando droga.Es una escena que resume, en pocos metros cuadrados, la historia de tres generaciones: los abuelos que soñaron una casa con forma de barco, el hijo que se quedó a vivir en ella y el nieto que, según la fiscalía, la convirtió en uno de los puntos de una red de venta de cocaína.Maximiliano Nicolás Cafiero tiene 29 años y hasta el viernes pasado no figuraba en ninguna causa penal. Su nombre circulaba por otro carril: el de las redes sociales, donde se mostraba como piloto de avión, piloto acrobático temerario e instructor de parapente. Maniobras extremas sobre el río; un show de Año Nuevo en el que sobrevoló el autódromo local disfrazado de Papá Noel luminoso ante más de diez mil personas; motos de competición y autos de alta gama: era como su marca registrada.Maximiliano Cafiero, en uno de sus autosInstagramTambién lo caracterizaba una consigna fijada en su Instagram como una declaración de principios: “Hagan plata y no miren al de al lado”. Y otra: “Todo lo bueno empieza con un poco de miedo”. Frases motivacionales para una vida de alto vuelo, en el sentido más literal posible.El problema, para los investigadores, es que ese vuelo no cerraba con los números. La causa arrancó el 20 de noviembre de 2025, con un informe de la Delegación Departamental de Investigaciones del Tráfico de Drogas Ilícitas de San Nicolás. Casi diez meses de trabajo: seguimientos, inteligencia operativa, análisis de movimientos financieros. Cuando abrieron el secreto bancario sobre billeteras virtuales y distintas entidades, encontraron transferencias que dibujaban una estructura. En los registros oficiales, los Cafiero tenían una escuela para volar parapentes. En la vida real, según la pesquisa, Maxi manejaba un patrimonio que su actividad declarada no podía justificar.Ese es el corazón de estas causas, y quien sigue temas de narcotráfico lo sabe: la droga se ve, pero lo que condena es la plata. El estilo de vida que no coincide con lo que uno dice que gana. El Mercedes Benz que aparece en las fotos y no en las declaraciones juradas.El hangar de Alvear, Santa Fe, con el hidroavión flanqueado de dos autosInstagramEl falso patrullero y el hidroaviónHay detalles en esta historia que parecen guionados. El Mercedes Benz C250 de Cafiero no era solamente un auto caro: estaba acondicionado como un falso patrullero, con balizas azules y una sirena instalada en la parte delantera. La sospecha de los investigadores es que usaba esa parafernalia para moverse por las rutas provinciales entre Santa Fe y Buenos Aires sin que nadie lo frenara en un control. Un narco disfrazado de policía, cruzando la frontera invisible que separa dos jurisdicciones, dos provincias, dos maneras de investigar el mismo delito.Y estaba el hidroavión. Un aparato experimental anfibio, marca Lasermaster, guardado en un hangar privado del aeródromo rural de Alvear, del otro lado del río, ya en el departamento Rosario. Valuado en 70.000 dólares. La primera lectura, cuando se conoció el operativo, fue casi cinematográfica: la avioneta narco, el vuelo del contrabando, la aeronave que descargaba cargamentos en pistas clandestinas.Conviene, acá, bajar un cambio. Porque la propia fiscalía fue más prudente que los titulares de la prensa. Por ahora, la aeronave figura en la causa como producto del delito —comprada con dinero de la venta de droga—, no necesariamente como instrumento del delito. Es decir: la Justicia todavía no determinó que Cafiero transportara droga con ese hidroavión. Se investiga si lo hizo. La distinción no es menor: una cosa es una organización con capacidad logística aérea para mover cargamentos, otra distinta es un vendedor con plata suficiente para darse el lujo de una aeronave. La causa, hasta hoy, es de narcomenudeo. Los “kiosquitos” —los puntos de venta barriales— que la fiscalía reconstruyó están en San Nicolás, no en el aire.Maximiliano Cafiero, en su hidroaviónInstagramVale marcarlo porque en la cobertura del narcotráfico la tentación de agrandar la escala es permanente. El hidroavión vende más que la balanza de precisión. Pero el periodismo serio se debe a lo que el expediente puede probar, no a lo que la escena sugiere.La casa soñada por dos artistasPara entender el peso simbólico de lo que pasó, hay que volver a la casa. El poeta Oscar Cafiero y la pintora María Cecilia Vera empezaron a construir la Irupé en 1964. Oscar medía a pasos el largo y el ancho de un barco imaginario encallado en el terreno, y después lo llevaba a la práctica. La obra recién terminó en 1995: tres décadas para construir, literalmente, un sueño. Cuando los hijos le pidieron un nombre, el padre eligió el de la flor correntina que llega por el Paraná.La casa-barco Irupé, en San NIcolásRedesFue de esos abuelos de quienes Maximiliano heredó no solo el apellido, sino la casa. Gustavo, su padre, es el hijo que se quedó a vivir en la Irupé; allí creció Maxi. Gustavo Cafiero tampoco es un desconocido para la memoria nicoleña, aunque por motivos sombríos: en diciembre de 1990, un adolescente de 17 años, Joaquín González, murió al abrir una carta bomba destinada al padre de Maxi, que era juez penal de San Nicolás. Gustavo fue desligado rápidamente de aquel episodio. Treinta y cinco años después, la familia vuelve a las páginas policiales, ahora con Gustavo imputado como presunto administrador financiero de la organización y por tenencia ilegal de un arma hallada en la casa barco. Recuperó la libertad a las pocas horas.El operativo y lo que sigueEl despliegue del viernes 11 fue de los más grandes que se recuerden en San Nicolás para una causa de este tipo: 14 allanamientos simultáneos: 13 en la ciudad bonaerense y uno en el hangar de Alvear, en Santa Fe. Los condujo la Delegación de Tráfico de Drogas local, bajo la supervisión de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) N° 1 de Estupefacientes, a cargo de la fiscal Verónica Marcantonio, con intervención del Juzgado de Garantías N° 2 del juez Ricardo Prati. Para las medidas del lado santafesino actuó el juez penal de Rosario Rodrigo Santana. Participaron efectivos de la Prefectura, de la UTOI, perros detectores y un helicóptero.La casa-barco Irupé, en San NIcolásGoogle MapsEl saldo: más de dos kilos de cocaína —un ladrillo compacto y más de 300 envoltorios listos para la venta—, casi dos kilos de marihuana, tres armas con la numeración limada, más de cuatro millones de pesos en efectivo, cinco celulares, una balanza de precisión y material de fraccionamiento. Además del hidroavión y de tres vehículos, entre ellos el Mercedes truchado.Cafiero, detenido cuando circulaba por el centro de San Nicolás, se negó a declarar. La fiscalía lo sindica como líder de una estructura organizada en tres escalones: arriba, ventas al por mayor de sustancia de altísima pureza; en el medio, el estiramiento y la reventa; abajo, los distribuidores barriales. Y describe una pirámide con tres cabezas: Maxi y otros dos hombres, también domiciliados en San Nicolás, que no aparecieron en los allanamientos. La sospecha es que ya cruzaron la frontera. La Justicia evalúa pedir la captura internacional de ambos.Quedan preguntas sin respuesta: no se determinó con certeza el origen de la droga, ni el alcance real de la organización; tampoco si el hidroavión llegó a volar con algo más que su dueño a los mandos. Lo que sí quedó claro, entre los colores de la casa-barco Irupé y las balizas del falso patrullero Mercedes Benz, es una postal que se repite en el mapa narco argentino: la del joven que ostenta lo que no puede explicar, y la de una familia respetable cuyo apellido termina, sin que nadie lo hubiera imaginado, en el epicentro de un operativo antidrogas.
Extravagancias de un narco. El vuelo de Cafiero: la casa barco, el hidroavión y una fortuna que los números no explicaban
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