En Estados Unidos, los presidentes tienen sus bibliotecas y son de consulta pública. Usualmente se erigen en su distrito natal y allí se conservan sus documentos de gestión, sus discursos, sus viajes, sus lecturas. La sinuosidad de los políticos argentinos merecería tener una biblioteca propia. Debería ser de consulta obligatoria, al menos una vez por año, por los propios políticos y con un examen tipo multiple choice para refrescarles la memoria de lo que prometen, lo que dicen y lo que cumplen. Muchos serían reprobados, casi sin piedad. Y la mayoría ni siquiera se reconocería en sus propias definiciones a contramano de sus acciones.Faltan pocos meses para las bodas de plata de uno de los peores hitos históricos de la economía argentina: el corralito financiero. Para los más jóvenes, es un mojón lejano. Para los que peinan canas, aún sigue en carne viva. Muchos recuerdan dramas familiares por perder ahorros, no solamente el ruido ensordecedor de los ahorristas golpeando contra las cortinas de los bancos cerrados.En la “Biblioteca de la Memoria Política”, por ejemplo, Eduardo Duhalde sería reprobado de forma instantánea –en 2002 prometió: “Los argentinos que depositaron dólares recibirán dólares”-. Nunca cumplió con su palabra. Es más, instauró el “corralón” y una devaluación que terminó de complicar a los ahorristas que habían quedado atrapados en el “corralito” diseñado por Domingo Cavallo. Otro que sacaría mala nota si revisara sus dichos y hechos. Esa herida, muy mal suturada, duele hasta hoy. Y es comprensible la renuencia de los adultos en volver a confiar sus ahorros a los mismos bancos que los “acorralaron”. Ya es raro que confíen, aunque sea un domingo cada dos años, su voto en algún candidato. Por eso, casi es gracioso lo que planteó el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, a estudiantes universitarios. “Convenzan a sus padres de sacar los dólares del colchón”, les sugirió (¿irónicamente?) a los jóvenes que están más familiarizados con las critpo y las billeteras virtuales que con las entidades bancarias; casi son analfabetos frente a cajeros automáticos. Caputo debería hacer un autoexamen para preguntarse qué le pasó a su gestión entre aquel “agarrá los pesos y comprá [dólares]. ¡No te lo pierdas campeón!”, de julio del año pasado al actual “convenzan a sus padres de sacar los dólares del colchón”. La revisión en la “Biblioteca de la Memoria Política” le llevaría poco tiempo. ¿Hará falta anticiparle el resultado de su multiple choice?Nota de OpinionLuis Caputo
Examen de memoria política
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