Es empresario argentino, invirtió US$ 15 millones en su bodega y ganó un premio al mejor vino tinto del mundo: "Es un negocio muy lento"

Es empresario argentino, invirtió US$ 15 millones en su bodega y ganó un premio al mejor vino tinto del mundo: "Es un negocio muy lento"

El pibe que iba en bicicleta todos los días hasta el viñedo de su abuelo no podría haber imaginado este presente. Eran los años 70 y los Camsen estaban lejos de elaborar vino de alta gama. En El Algarrobal, una zona rural de Las Heras, Mendoza, cosechaban uvas que vendían a otros productores. El joven Julio era el encargado de la poda y los injertos durante el día, cuando el sol pegaba fuerte y había que refrescarse de a ratos mojando el sombrero de paja en la acequia. Y por la noche le tocaba regar.“Así aprendí a querer la tierra”, dice ahora, hilando recuerdos del camino recorrido hasta la exclusiva gala en Londres en la que levantó un premio que celebró como un campeonato. Y tuvo sentido: en esa velada, uno de los vinos de su bodega Huentala Wines -el Malbec Huentala Calizo Albar Block 06 2023- fue distinguido como Champion Red Wine 2026 y se coronó como el mejor tinto a nivel global en el International Wine Challenge, uno de los concursos más prestigiosos y exigentes del mundo en su rubro. Una marca que no había logrado ninguna botella argentina hasta el momento, y que rompió con la hegemonía de productores franceses que venían arrasando en la categoría en los últimos cinco años.Pero a lo largo de las últimas décadas y con las nuevas generaciones, los emprendimientos familiares de los Camsen en su provincia natal se diversificaron. Huentala es un grupo que abarca, además de una bodega en el Valle de Uco, tres hoteles en el centro de la ciudad (Sheraton, Hualta Curio Collection by Hilton y Huentala), el casino Cosmo, dos restaurantes (La Cabrera y El Rastro), la financiera Chimpay y la plataforma digital de inversión Ohana. Y aunque los cuatro hijos de Julio trabajan en las distintas unidades, él es el presidente y fundador de todo el bloque, que fue construyendo paso a paso.-Escuchando tu historia da la impresión de que a pesar de tener varias empresas, el vino ocupa un lugar especial. ¿Es así?-Sí, ocupa un lugar especial, es una de mis pasiones, así como el arte o las finanzas. Pero el vino lo que tiene de especial es que lo sentís en el paladar. Uno va educando su cuerpo, a través de los años va probando distintas cosas hasta que dice, es por acá, este es el camino, esto es lo mejor. Y en este caso (en el concurso de Londres), coincidieron los críticos internacionales en que nuestro vino era el mejor, que no estábamos equivocados.-¿Cuánto te costó hacer "el mejor tinto del mundo"? ¿Cómo llegó aquel adolescente que podaba la viña familiar hasta acá?-El viñedo de mi abuelo se vendió con el tiempo, pero yo me convertí en un amante del vino, y de grande dije “tenemos que volver a lo que nos gusta, a nuestra pasión”. Estudié la carrera de sommelier en los 90 y empecé a soñar con tener nuestro propio viñedo. Finalmente, compré el campo de Gualtallary en 2002 en secreto, sin contarle a mi esposa, en plena crisis económica. Ella siempre me apoyó en todo, pero es contadora y si le hubiera avisado le hubiera parecido una locura. Cuando compramos no teníamos un mango. Enfrente sólo había una finca, nosotros no teníamos ni idea de que era Catena Zapata, los únicos que estaban entonces. Los años siguientes nos dedicamos a los hoteles (compramos Huentala y construimos el Sheraton, que se inauguró en 2008), así que recién plantamos la primera planta en octubre de 2010. En 2013 fue nuestra primera cosecha y en 2016 empezamos a vender vino. O sea, hace sólo diez años que estamos vendiendo vinos y en Londres competimos con bodegas de 500 años.-Desde esa perspectiva, el reconocimiento llegó relativamente rápido. Pero económicamente, ¿es una apuesta a largo plazo?-Económicamente, no estamos hablando de cómo salió el negocio. El negocio del vino es un negocio muy lento. Nosotros por definición familiar tenemos un solo viñedo y no vamos a tener otro. Hacemos un producto escaso, muy seleccionado, un producto de alta gama. Esto es lo que va a seguir pasando con Huentala dentro de 100 años.Mientras tanto, hacemos lo que podemos porque necesitamos flujo para mantener la finca, que demanda no menos de US$ 5.000 anuales por hectárea, más lo que implica sostener el resto de los equipos. Hoy exportamos a 24 países y queremos crecer. Hay todo un trabajo económico detrás que va a dar sus frutos en el tiempo, la inversión es muy importante.-¿Podés estimar cuánto llevás invertido en el negocio del vino desde que empezaste?-Es muy difícil porque fueron tantos años y en este país hubo tanta inflación que cuesta hacer un cálculo en dólares. La construcción de la bodega, el restaurante, el equipamiento y todo lo que colocamos debe estar entre cinco y siete millones de dólares. Después está todo lo que implica haber hecho la finca: tenés un costo de no menos de US$ 40.000 por hectárea y son 130 hectáreas. Debemos haber invertido unos 15 millones de dólares.Cuando compramos no teníamos un mango. Enfrente sólo había una finca, nosotros no teníamos ni idea de que era Catena Zapata, los únicos que estaban entonces Julio Camsen Dueño de Huentala Wines-¿Los otros negocios te permiten sostener esta apuesta?-Tener capital te ayuda en muchas cosas. En plena pandemia, cuando todo estaba cerrado y apagado, llamé a Pepe, nuestro enólogo, y le dije: “Tengo una noticia para darte. Creo que es el momento de que empecemos a construir nuestra propia bodega” (en ese entonces no elaborábamos el vino en nuestra finca). Me miró como diciéndome: este tipo está loco. De la misma forma me había mirado mi familia una semana antes, cuando dije que íbamos a hacer otro hotel.-La línea de entrada de la bodega, Sombrero y Gran Sombrero, que se vende en supermercados, es muy popular. ¿Es cierto que la marca también surgió de otra de tus pasiones, en este caso por los sombreros?-Sí, se nos ocurrió porque yo siempre ando con sombrero, desde chico, cuando al sombrero le decíamos chupalla. A esta línea la hacemos con uvas de productores de Gualtallary y Valle de Uco y nos ha traído enormes satisfacciones, son vinos de una relación precio-calidad maravillosa. Gran Sombrero sacó 96 puntos en el concurso International Wine Challenge.-¿Cuánto pesa tu opinión en la degustación final antes de embotellar un vino?-Estoy muy involucrado en el proceso de elaboración porque me gusta, pero respeto mucho el trabajo del ingeniero agrónomo y del equipo de enólogos. Participo de los cortes: me siento en la mesa, probamos juntos, vemos qué es lo mejor, qué sentimos cada uno, discutimos el vino.-En la familia Camsen no hay manera de que no te guste el vino, ¿no?-Yo soy un apasionado, es algo que mamé desde muy chico, se lo transmití a mis hijos y ahora llevo a mis nietos a los viñedos, caminan conmigo por las hileras y vamos cortando uvas, les voy enseñando que vean el color, cuándo están en su punto de madurez, cuándo es el momento de la cosecha. Los fines de semana cuando podemos nos escapamos a Gualtallary y nos comemos un asadito todos juntos. Para nosotros, la finca es parte de la familia.

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