Es docente, empezó en el garaje de la abuela e hizo de una costumbre argentina un furor global: “Una que sepamos todos”

Es docente, empezó en el garaje de la abuela e hizo de una costumbre argentina un furor global: “Una que sepamos todos”

En algún asado, en el living de una casa, en la plaza, en la playa y, por supuesto, en un campamento, todo argentino conoce a esa persona que trae la guitarra y anima el encuentro bajo una sola condición: `una que sepamos todos´. Eliana De Piero, música y docente, se emociona al pensar en esta costumbre, tan propia y de atmósfera inigualable. Un encuentro que, para ella así como para tantos otros compatriotas, está compuesto por un género musical en sí mismo: las canciones de fogón.Pero en este mundo de conversiones aceleradas, incluso las costumbres más arraigadas pareciera que mutan, cambian de forma y hasta corren el riesgo de desaparecer. Y en algún momento, Eliana lo percibió, pudo ver cómo esos múltiples factores combinados pueden derivar en que cierto día ya no haya tribu ni alguien que traiga la guitarra. Pandemia, emigración masiva, adicción a los dispositivos electrónicos y a maratonear series; epidemia de soledad. Variables que, combinadas con los cambios generacionales, derivan en esa inevitable transformación de hábitos. Dispuesta a mantener siempre vivas a las canciones de fogón, cierto día, en el garaje de la abuela, Eli inició una odisea, donde no solo fue capaz de abrazar su deseo, sino que supo transformarse hasta llegar a los argentinos que están lejos y cerca, solos o acompañados, con esa querida costumbre tan propia. Ballester, María Elena y el rock progresivo: “Una que sepamos todos...”Eliana nació y se crio en Villa Ballester, en el partido de General San Martín, en una familia que respiraba música. Su mamá, maestra jardinera, le cantaba canciones de María Elena Walsh -a quien siempre adoró- y su padre bañaba el hogar con rock progresivo, en especial Pink Floyd, Yes y Charly García.De muy niña, el pasatiempo favorito de Eli era transcribir las letras de las canciones de la radio.En el secundario, Eli ingresó a una escuela técnica, pero en sus ratos libres practicaba guitarra y cantaba, y a sus 16 años, decidió hacer la carrera de músico profesional: “Así que de mañana cursaba en la escuela de música, a la tarde hacía una pasantía, y a la noche iba a la escuela secundaria”, cuenta al recordar sus comienzos musicales.Pero en aquellas épocas, también estaban los amigos, los viajes de estudios y esas reuniones multitudinarias donde su guitarra y la de otros marcaban una comunión: “Me encantan las canciones de fogón, me refiero a esas canciones `una que sepamos todos´, que nos conectan con recuerdos, momentos, lugares”, continúa Eli, emocionada.“Me encantan las canciones de fogón, me refiero a esas canciones `una que sepamos todos´, que nos conectan con recuerdos, momentos, lugares”El desafío de vivir de una pasión y un ángel en el camino: “Gracias a esto pude compartir más con mi abuela”Eli quería vivir de la música y, para ello, tuvo un ángel en el camino: su abuela. Cuando su nieta le manifestó el deseo de impartir sus primeras clases de música, ella no lo dudó: `¡aprovechá mi casa!´, le dijo. Para Eliana, el lugar era perfecto. Estaba cerca de lo de sus padres y tenía un lugar en desuso: el garaje. Allí acomodó su teclado, letras de canciones y comenzó a dar sus primeras clases: “En ese momento no sabía lo importante que sería para mí ese espacio...”, asegura. “Gracias a esto pude compartir más con mi abuela, que siempre me hacía el té de la tarde entre una clase y otra, y donde pude seguir aprendiendo de ella, artista y pintora. Mis dos abuelas fueron grandes influencias para mi”.Eliana viene de una familia amante de la música y el arte.Poco a poco, varios alumnos se fueron sumando, hasta que Eli llegó a un techo: no había más horas físicas para acomodar en la semana. Y, al mismo tiempo, primero de manera casi imperceptible, el mundo comenzaba a mudarse al ciberespacio. Tal vez, se dijo cierto día, ella debía hacer lo mismo.El desafío de pasar del mundo presencial al mundo online: “ Tuve que reorganizar mi vida”La idea definitiva vino de parte de un gran amigo, Sergio, que veía que más alumnos querían sumarse y Eliana ya no tenía tiempo disponible. `¿Por qué no probás enseñando a través de videos tutoriales?´, le dijo.Y así fue como Eli comenzó filmar clases en YouTube, siempre con el mismo espíritu: enseñar canciones de fogón. Sin embargo, entre el preparado, la filmación, la edición y la difusión, esto le llevaba mucho tiempo y, para que redituara, debía llegar a una cantidad de gente que parecía imposible de alcanzar. Desalentada, discontinuó los tutoriales por un tiempo, pero pronto comprendió que, al igual que le transmite a quien quiere aprender música, uno debe tener constancia para ver resultados. Pero había algo más: si se esforzaba, a través del mundo online sería capaz de transmitir esa tradición argentina al mundo entero, atravesar fronteras y no restringirse solo a quien pudiera llegar a pie a un garaje en Ballester.Eliana, en sus comienzos.“Me di cuenta de que ahí tenía un desafío personal, si yo había dicho que quería enseñar a través de los tutoriales, ¿por qué discontinuarlos? Y fue ahí, al retomar, que empezaron a llegar a cada vez más personas, pandemia mediante, la gente estaba mucho tiempo en su casa, y el canal fue creciendo cada vez más”, cuenta Eliana, quien hoy luce en sus videos la placa que Youtube otorga a quien supera los 100 mil suscriptores.“El crecimiento del proyecto también tuvo sus desafíos. En plena cuarentena, mientras mi canal crecía, me separé de mi pareja de ese momento, con quien compartía el proyecto audiovisual y que cumplía un papel importante filmando los tutoriales y contenidos. De un día para el otro tuve que reorganizar mi vida y aprender a hacer por mi cuenta muchas cosas y delegar tareas, sin dejar de publicar ni de hacer crecer mi proyecto”. Eliana, filmando para su canal de YouTube, donde cuenta con más de 100 mil suscriptores@estudiosatoriCanciones de fogón, una costumbre que hace bien al alma: “La unión, compartir con otros y con uno mismo”Ya sea desde algún rincón de Suiza, otro de España o de Estados Unidos, hay argentinos que añoran esos encuentros alrededor de una guitarra, esas canciones de fogón al son de `una que sepamos todos´. Eliana llega a todos ellos y cuenta con orgullo que la costumbre está viva, tanto acá como en el resto del mundo. Las formas son otras, pero el espíritu es el mismo. La clave está en desafiarse y transformarse a la par de los cambios.El proyecto de Eli fue mutando, y lo que empezó siendo una experiencia presencial en el garaje de la abuela, hoy es una escuela de música online -Estudio Satori- y un canal que llega más de 100 mil personas en el mundo. “Satori es una palabra que viene del japonés, y significa `despertar´, `iluminación repentina´. ¿Viste cuando querés resolver algo difícil, le das mil vueltas en la cabeza, te frustrás, y de repente mientras estás tomando un café `te caen las fichas´, encajan todas las piezas y decís `ahhh, ¡es por acá!”, bueno Satori es eso, pero a una escala total”, explica Eliana.Eliana, junto a otros integrantes, ganaron un Martín Fierro con Alumnitos, un programa de TV basado en las historias ganadoras del concurso de escritura para chicos: "Las historias que escribieron los chicos las hicimos dibujitos y entrevistamos a los grandes pequeños escritores; para eso viajamos con el equipo por distintos lugares de Argentina, visitando las escuelas de los chicos ganadores. Yo participé en la conducción del programa y haciendo la música"“A lo largo de los años me encontré con muchas personas que soñaban con tocar la guitarra y cantar sus canciones favoritas, pero se frustraban al intentarlo. Sabían algunos acordes, pero no lograban acompañarse con la voz, sentían que necesitaban estudiar muchísima teoría o que simplemente no tenían el talento. Quise encontrar otra manera de enseñar: más práctica, cercana y disfrutable. Así fui desarrollando la metodología Satori, que permite aprender paso a paso, integrar la guitarra y la voz y disfrutar de las canciones sin sentirse abrumado por la teoría”.“La propuesta de `canciones de fogón´ es no solo por el fogón en sí, la unión, compartir con otros, si no también y principalmente con uno mismo, porque muchos alumnos quieren aprender a tocar canciones de fogón y tocarlas solos en sus casas cuando vuelven de trabajar, y es el momento en el que se conectan con eso que tan bien les hace. Hay alumnos que me cuentan que cantan y tocan canciones de Charly, de Spinetta, de Fito, con sus hijos, otros en pareja. Me alegra mucho ver en la siguiente clase a cada alumno contarme con entusiasmo que ya están tocando esa canción que se imaginaban que tenían que estar meses y meses para lograr tocarla y cantarla”.“Satori es una palabra que viene del japonés, y significa `despertar´, `iluminación repentina´. ¿Viste cuando querés resolver algo difícil, le das mil vueltas en la cabeza, te frustrás, y de repente mientras estás tomando un café `te caen las fichas´, encajan todas las piezas y decís `ahhh, ¡es por acá!”“Gracias a transformarme en el camino, decidir hacer lo que me gusta, y continuarlo, ahora no solo traspaso fronteras, sino que viajo por el mundo también, algo que antes me parecía imposible”, cierra Eliana con una sonrisa que delata que con capacidad de adaptación, constancia y sin olvidar el disfrute, ningún sueño es inalcanzable.*Si querés compartir tu experiencia podés escribir a argentinainesperada@gmail.com

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