Energía: de velocidades y paciencia

Energía: de velocidades y paciencia

A propósito de las mentadas velocidades en economía, en el sector energético argentino este concepto aplica. Mientras que su componente petrolera va a una velocidad inédita, comparada con cualquier actividad productiva en los últimos 100 años, la eléctrica avanza a un ritmo que no condice con su incidencia en la economía del país y en la calidad de vida de la gente.Esta diferencia de velocidades entre la ambas actividades, es consecuencia de varios factores, siendo el principal el mercado al que apuntan, internacional el petróleo/ gas y local el eléctrico.Las dos cuentan con abundantes recursos. La petrolera con el mega yacimiento de shale Oil & Gas de Vaca Muerta, en menor medida con el gas de la Cuenca Austral y potencialmente con el Off Shore en los límites de nuestra plataforma continental. A su vez la eléctrica, con las fuentes de energía primaria para producir electricidad como el gas natural, el viento, el sol, los ríos y la fisión nuclear.El sector eléctrico corre con desventaja respecto al petrolero por atender solo al mercado doméstico con precios regulados y, en consecuencia, sujeto a criterios políticos y con una demanda condicionada al crecimiento del país. Mientras que el petrolero destinará su producción, a partir de ahora, a la exportación de commodities o cuasi commodities. Es decir, a producir bienes transables globalmente, con precios de referencia internacionales y mercados muy competitivos con una demanda que excede en amplitud nuestra oferta potencial.La velocidad con que avanza la industria petrolera es significativa, máxime si se la compara con la de su pasado reciente. Pero, no es suficiente si se quiere aprovechar la ventana de oportunidad hasta el fin de la era del petróleo o el período de transición energética que, según la mayoría de los pronósticos de fuentes especializada, será de unos 50 años. Y no por que se acaben los hidrocarburos, sino porque la sociedad global dejará de quemarlos como en la actualidad donde el 80% de la producción mundial de energía, surge de la combustión de petróleo, gas y carbón.En el proceso, el Estado debe cumplir el rol de catalizador del desarrollo del sector energético, no de interventor como ocurrió históricamente. Recordemos la definición de catalizador, “sustancias que acelera o retarda una reacción sin participar en ella”. Las Empresas de Oil & Gas tendrán que acelerar hasta la velocidad requerida para ser competitivos en el mercado internacional. En cambio, las del sector eléctrico deberán recuperar la velocidad perdida.Es imperativo que alcancen la velocidad de régimen que le permita recuperarse de los efectos de la descapitalización provocada durante los cuatro gobiernos peronistas en su versión kirchnerista.Tan es así que, si quisiéramos volver a tener la calidad de servicio eléctrico de 2003, cuando no había subsidios ni cortes, se necesitaría invertir unos USD 20.000 millones entre generación, transporte y distribución.En el segmento de distribución, mediante la revisión tarifaria quinquenal realizada este año se llegó a un acuerdo regulado por la legislación vigente mediante el cual las concesionarias del AMBA, Edenor y Edesur, se comprometen a una calidad determinada del servicio en plazos establecidos y el Estado regulador, a través del ENReGE, al pago remunerativo de la misma. Las concesionarias ya están realizando los trabajos e inversiones requeridos para alcanzar la calidad de servicio acordada y el ente regulador actualizando los pagos, que traslada a la tarifa.Este proceso de regularización requiere de la paciencia de los usuarios hasta alcanzar los niveles de calidad acordes con estándares internacionales.Los plazos se extenderán debido a condicionantes sociales, políticos y económicos que dificultan trasladar a tarifa los costos que una mayor velocidad demandaría. Lo que cambia respecto al sistema intervencionista es que ahora el ente regulador puede y debe exigir a las concesionarias el cumplimiento de los niveles de calidad comprometidos.El otro segmento regulado, el transporte en alta tensión, presenta más dificultades para concretar inversiones privadas que permitan recapitalizarlo. Prueba de ello es que recién este año se logró concretar un llamado a licitación con buena respuesta de empresas e inversores.Por último, el primer eslabón, la generación de electricidad, no está regulado y aún no ha podido incorporar nuevo equipamiento debido a las incertidumbres, en particular provenientes de la política.El sector petrolero está obligado a ser competitivo para colocar sus productos en el mundo cuyo mercado, como vimos, fija precios y cantidades. Hasta hace muy poco eran los funcionarios los que intervenían en la formación de precios en un mercado pequeño y cerrado, a pesar de ser desregulado, desalentando la inversión. Un hecho reciente da pruebas del daño provocado por la cerrazón económica y el intervencionismo estatal: recién este año se logró alcanzar la producción de petróleo de 1998, cuando todavía ni se pensaba en Vaca Muerta.Con las inversiones comprometida, hasta 2031 en VM, Argentina se trasformará en un exportador neto de petróleo y gas con una generación de divisas de U$ 60.000 millones, explotando solo el 2% de su potencial. Por eso este gran salto hay que considerarlo solo el inicio, pero hay que acelerar.Las empresas están en condiciones, el Estado adeuda aún desregulaciones, en particular cepo, retenciones a la exportación, reducción de carga impositiva y seguridad jurídica. Y en eso deberá concentrarse el gobierno para que las empresas impriman la velocidad de despegue definitivo a la industria petrolera argentina. w

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