“A Latinoamérica la jode la identidad”, la obra de Carlos Arias, bordada en rojo sobre tela color marfil, acabaría siendo un hilo conductor de los dos conversatorios de arteba, el viernes último. Fue citada por el curador mexicano Cuautémoc Medina, para resumir los brillos y límites de una pertenencia mayor del artista, la identidad continental, en general secundaria a la pertenencia a cada país. Menudo colofón para la amable controversia internacional que nos depositó, desde el panamericanismo inicial, a los museos Reina Sofía, en Madrid, y el Macba, de Barcelona. Las dos mesas tuvieron lugar en el Museo Sívori, del Rosedal, con el fondo de los imponentes paisajes panorámicos de la argentina Alejandra Seeber, en su muestra "Atmosferismo". Sin proponérselo, Seeber , quien reside en los EE.UU., dió su opinión. No hay que perderse esta muestra.“Curadurías para fortalecer el arte de las Américas”, el primer diálogo, reunió a Marielsa Castro Vizcarra, jefa de curadores del Museo de Arte Moderno de Medellín, a Pollyana Quintella, curadora de la Pinacoteca del estado de San Pablo, y al mencionado Medina, director del museo MUAC, de la Universidad Autónoma de México. Estuvo coordinado con eficacia por Aimé Iglesias Lukin. El curador estrella mexicano no podía dejar de aportar su habitual histrionismo ni el adjetivo afilado.La colombiana Vizcarra trazó el derrotero de la artista Débora Arango, una pintora que, pese a ser una católica practicante, sufrió censura una y otra vez y hasta la excomunión, por su uso precursor del desnudo femenino en los años 40. Daba a entender Vizcarra que en esta construcción perpetua que es el arte latinoamericano, una de las “singularidades” comunes a todos ha sido su capacidad de resistir la represión artística. La longeva pintora llegó a ver su plena reinvindicación en las instituciones colombianas.Quintella, la más joven de la mesa, rastreó algunos intercambios ostensibles con America latina, en un Brasil siempre en tensión con su contexto geográfico, debido a la excepcionalidad idiomática. Entre otros, la sintonía regional con el Mayo francés y las insurgencias locales, la recurrente cita del Che Guevara, con tratamiento de ícono literal. “Yo digo que el Che es la Marilyn Monroe del pop latinoamericano”, concluyó, sugiriendo que el pop, debido a las urgencias políticas de los años 70, fue uno de los puntos más álgidos de esa convergencia latinoamericana. ¿Vuelve a serlo?A tan pocos días del “gran susto” electoral y del triunfo del presidente Lula da Silvia, con Quintella la Realpolitik dijo presente en la sala, al afirmar que la mancomunión artística latinoamericana se activa de inmediato como alerta ante la extrema derecha. “Hoy en Brasil -dijo Quintella- vuelve a abrirse el eterno debate sobre la pertenencia regional de Brasil y la necesidad, como nunca, de fortalecer los intercambios”. La curadora paulista aportó con perspicacia que “esta nueva derecha es más radical porque se propone redefinir y atacar las instituciones; en cada país, es un experimento del uso de la fuerza para suprimir todas las mediaciones”. Su definición reverbera fuerte en Argentina: bajo amenaza están no solo los museos sino sus patrimonios, debilitados por los recortes económicos, también las curadurías, el periodismo cultural, el discurso crítico y la exploración creativa que depende de ellos. Y entonces Cuauhtemoc, esa gran figura del arte contemporáneo en la tradición de los caudillos culturales mexicanos, buscó la mirada transversal sobre los asertos hasta entonces pronunciados, al citar al artista chileno Carlos Arias (Santiago, 1964, radicado en México), en su muestra "Amnesia de la verdad", de 2023, la serie de 22 bordados con que el Museo universitario de México conmemoró los 50 años del golpe de Pinochet. Entre ellos, “A Latinoamérica la jode la identidad”.Un momento, se preguntó Medina: ¿Arias lo afirma en el sentido de que esa identidad nos perjudica, o de que nos divierte? “Nos refugiamos en Latinoamérica para no estar del todo a merced de cada estado-nación”, sostuvo el curador-. "Latinoamericanos para no ser súbditos de nuestros estados, porque la nación siempre sobredeterminará nuestra narrativa". ¿Cómo trabajamos la geografía para que sea menos dañina?, se preguntó Medina. "Una solución ha sido enfocarnos en las ciudades, más que en los países", dijo. "Latinoamérica vendría a ser nuestra Alemania dividida, una identificación supranacional, sin los problemas del estado. Yo creo que podemos buscar la especificidad local con ambición de significación global”. En suma, local y global: Medina sigue pensando en las lecturas del presente que siguieron al fin del multiculturalismo, postuladas por Manuel Castells, entre otros, sobre la subjetividad contemporánea. El arte local se amplifica, en red con el mundo. Por último Medina, actual curador de la 25º Bienal de Arte Paíz de Guatemala, observó que esa es tan luego una virtud de la proliferación de bienales: descentran el mundo del arte, “hacen que por unos días cada Bienal sea el centro del mundo”.¿Una segunda América latina de ultramar?Ante una audiencia local y global colmada -muchos de los curadores extranjeros invitados estaban allí-, nadie podía contar con la pregunta de un asistente español, quien sumó una tercera evidencia al debate sobre el futuro del arte latinoamericano. “Primero fue Nueva York, luego Miami pero hoy es Madrid la cabecera de proyección de América latina”, lanzó. Mutis y enseguida, revuelo: nacionalismos y regionalismos heridos por igual. A la diáspora sostenida de artistas latinoamericanos en Madrid, en el último tercio del siglo XX, se sumó en la última década el significativo traslado de artistas cubanos, emigrados de segunda generación que levantaron sus petates de la Florida y hoy han instalado espacios de arte en un barrio del sur madrileño.Adelantándose a la mesa siguiente, de la que participaría, la respuesta vino de la cubana Suset Sánchez, responsable de la Colección de Arte Latinoamericano del Museo Reina Sofía. La curadora cubana puntualizó que el aumento exponencial de emigrados latinoamericanos, impulsado por leyes españolas que propician derechos de ciudadanía para nuestra región, en absoluto se ven reflejados simétricamente en la representación y el peso de sus artistas en el campo cultural. “Tenemos residiendo en Madrid a algunos grandes del arte latinoamericano -el fotógrafo cubano Carlos Garaicoa y la videógrafa mexicana Teresa Margolles, entre otros- que nunca han tenido una muestra en museos”.En la mesa siguiente, “Coleccionismos de arte latinoamericano: público y privado”, coordinada por Francisco Lemus, tanto Sánchez como Claudia Segura, jefa de colecciones del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona, dejaron en claro la baja proporción de arte latinoamericano que incluyen sus acervos. Las razones tienen un sinfín de factores diversos. En la Fundación Reina Sofía, contó Sánchez, las obras de latinoamericanos llegan a apenas el 10 por ciento, 2942 obras sobre un total de unas 28 mil. De ese exiguo número, Argentina es por lejos la más representada, con 532 artistas, acrecentada drásticamente en los últimos años. El motivo, según ella, ha sido el enorme impulso dado a las compras por los programas de aquisiciones de las ferias ARCOmadrid y arteba. Sin embargo, señaló Sánchez, la inserción de Latinoamérica dista de ser pareja. Si bien la feria ARCO impulsó con vitalidad a artistas argentinos desde que Argentina fue el país invitado, en 2017, lo que redundó en compras institucionales; no tuvo el mismo efecto institucional cuando la feria fue dedicada al Caribe, en 2024, “como si esa región estuviera en otro sitio y no perteneciera a Latinoamérica. Prácticamente no hubo ninguna compra.”De hecho, han sido y son éstos unos años de desquite excepcional para el arte argentino: la muestra de Alberto Greco, a comienzos de 2026, dentro de una semana “La Menesunda”, de Marta Minujín, y en marzo próximo, Fernanda Laguna con “Mi corazón es un imán”, todas ellas en el Reina Sofía.
En debate: cómo internacionalizar a América latina sin dejar de ser locales
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