En medio del árido desierto de Arizona, el enorme complejo científico Biosphere 2 es el hogar de una selva tropical que permite a los científicos investigar los efectos del cambio climático. En 2019, realizaron un experimento para comprender cómo reaccionan estos ecosistemas a temperaturas más elevadas y períodos de sequía más extensos.Bajo estructuras de vidrio, Biosphere 2 abarca 3,14 acres, a 3.820 pies de altura. Protege varios biomas, como humedales de manglares, pradera de sabana, desierto de niebla y selva tropical.Para mantener las condiciones adecuadas que necesitan estos ecosistemas, cuenta con dos grandes generadores, calderas y enfriadores para mantener la temperatura del agua. También hay grandes torres que permiten enfriar el cálido aire del desierto.Desde 1991, el complejo ha recibido más de tres millones de visitantes y medio millón de alumnos de escuelas y universidades. Además, es utilizado para diferentes experimentos científicos, como el realizado como parte del proyecto B2 WALD (Water, Atmosphere and Life Dynamics).¿Cómo reaccionó la selva tropical?La investigación de 2019 tuvo como escenario la selva tropical desarrollada bajo las cúpulas de Biosphere 2, que incluye árboles de hasta 27 metros de altura y unas 90 especies de plantas. El aislamiento del paisaje del desierto convierte al recinto en un laboratorio excepcional: los científicos pueden controlar cuándo llueve, cuánto agua recibe la selva y durante cuánto tiempo permanece sometida a la sequía.El experimento fue la culminación del proyecto B2 WALD, que duró cuatro meses. “Biosphere 2 es la selva tropical más cálida del mundo, lo que la convierte en un lugar ideal estudiar cómo responden los bosques a las presiones combinadas del calentamiento y la sequía”, explica Laura Meredith , directora científica de selvas tropicales de Biosphere 2 y una de las responsables del proyecto internacional.“Estamos intentando monitorizar de arriba abajo, desde el suelo hasta la cubierta vegetal, la resiliencia y la vulnerabilidad de las plantas, los microbios y sus interacciones ante el estrés ambiental”, añade Meredith.En concreto, según destaca un artículo de la Universidad de Arizona, los investigadores interrumpieron la lluvia artificial durante más de dos meses. Luego, abrieron una válvula y comenzaron a liberar agua sobre el bosque. En total, fueron alrededor de 12.000 galones.Antes de interrumpir la lluvia artificial en este bosque tropical aislado, instalaron casi tres kilómetros de tubería de teflón y más de 133 sensores capaces de recolectar simultáneamente mediciones sobre diversos aspectos, desde las reservas de carbono en la atmósfera y la vegetación hasta el microbioma y los procesos del suelo en aguas profundas.“Queremos saber cómo la sequía altera la velocidad del ciclo del carbono en los ecosistemas forestales y comprender cómo las plantas y los microbios deciden ‘gastar’ su carbono en periodos de sequía en comparación con periodos de lluvia”, explica Meredith.Debido a la enorme cantidad de datos recogidos, el resultado de la investigación recién fue publicado en la revista científica Science en 2021. El experimento reveló una disminución de aproximadamente el 70% en el almacenamiento de carbono de la selva tropical. También, una compleja red de estrategias de uso del agua e interacciones del suelo que contribuye a la estabilidad del bosque frente a la sequía extrema.
En 2019, los científicos interrumpieron la lluvia dentro de la selva tropical Biosphere 2 de Arizona durante más de dos meses; el almacenamiento de carbono cayó aproximadamente un 70% antes de que el bosque se recuperara
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