En 1954, antes de Lindsay Clancy, una madre ahogó a sus 3 hijos y evitó la cárcel por psicosis posparto. Al salir del psiquiátrico tuvo 3 más y los volvió a asesinar: la trágica historia de Constance Fisher

En 1954, antes de Lindsay Clancy, una madre ahogó a sus 3 hijos y evitó la cárcel por psicosis posparto. Al salir del psiquiátrico tuvo 3 más y los volvió a asesinar: la trágica historia de Constance Fisher

El juicio contra Lindsay Clancy en Massachusetts mantiene en vilo a Estados Unidos. La exenfermera de partos de 36 años enfrenta cargos por el asesinato de sus tres pequeños hijos —Cora (5), Dawson (3) y Callan (8 meses)— ocurridos en enero de 2023. Mientras la fiscalía argumenta una masacre calculada y premeditada, la defensa sostiene que la mujer actuó despojada de toda noción de realidad debido a un brote severo de psicosis posparto y trastorno bipolar. El objetivo central de sus abogados es lograr que sea declarada no responsable por razón de demencia para evitar la cadena perpetua y enviarla indefinidamente a un centro de salud mental.Sin embargo, en los pasillos judiciales y en la memoria penal de Nueva Inglaterra resuena un caso paralelo que demuestra los riesgos y la complejidad de ese veredicto: la historia de Constance Fisher, la madre de Maine que siete décadas atrás recorrió exactamente ese mismo camino.1954, el año del primer horror en la bañera El 8 de marzo de 1954, en la localidad de Waterville, Maine, Carl Fisher regresó de su trabajo en el ferrocarril a una vivienda a oscuras y en absoluto silencio. Al recorrer la casa halló a sus tres hijos —Richard (6), Daniel (4) y Deborah (11 meses)— muertos. Constance, su joven esposa de 25 años, los había ahogado uno a uno en la bañera.La mujer fue encontrada inconsciente debajo de la cama tras ingerir un champú medicinal tóxico en un intento de suicidio. Dejó una carta en la que aseguraba que "Dios se lo había ordenado" para llevar a los niños al cielo.Al igual que ocurre hoy con la defensa de Lindsay Clancy, las evaluaciones médicas de la época determinaron que Constance padecía una depresión profunda vinculada a los nacimientos y paranoia severa, diagnosticándole esquizofrenia paranoide y episodios psicóticos posparto. Un gran jurado se negó a procesarla por considerar que no comprendía la ilicitud de sus actos. Sin condena penal, fue internada en el Augusta State Hospital.La "curación" y el desmantelamiento psiquiátricoDurante sus años de internación, Constance mostró una evolución favorable. Cesaron las alucinaciones auditivas y los médicos destacaron su conducta colaborativa. Hacia finales de la década de 1950, impulsados por una corriente nacional que promovía la desinstitucionalización de pacientes psiquiátricos, los especialistas consideraron que la mujer ya no representaba un peligro para sí misma ni para terceros.En mayo de 1959, tras cinco años de tratamiento, los médicos declararon a Constance Fisher oficialmente "curada" y le otorgaron el alta definitiva. Carl, quien la había visitado incansablemente, la llevó a vivir a un nuevo hogar en Fairfield, Maine.La historia se repite en 1966De regreso a la vida conyugal, la pareja decidió rehacer su familia. Entre 1960 y 1965 nacieron tres nuevos hijos: Kathleen, Michael y Natalie. Durante un tiempo la rutina transcurrió con normalidad, pero tras el nacimiento de la última bebé, la salud mental de Constance volvió a colapsar.El 30 de junio de 1966, doce años después del primer episodio, Carl regresó nuevamente del trabajo a un hogar sumido en el silencio. En la bañera yacían sin vida sus tres nuevos hijos. De manera escalofriante, los niños tenían exactamente las mismas edades que las primeras víctimas: 6 años, 4 años y 9 meses.Constance intentó quitarse la vida con una sobredosis de fármacos y disparándose con un arma de balines. En la nota de despedida dejó la misma justificación: era la única forma de garantizar que sus hijos fueran al cielo.Sin salida y el trágico finalTras sobrevivir al segundo ataque, la justicia la declaró nuevamente no culpable por razón de demencia. Esta vez, la reclusión en el Augusta State Hospital fue con el compromiso explícito de que jamás volvería a pisar la calle. Con el paso de los años, el deterioro psicológico de Constance se profundizó y las visitas de su esposo comenzaron a espaciarse.La noche del 1 de octubre de 1973, Constance escapó del recinto psiquiátrico. Días después, un cazador halló su cuerpo a orillas del río Kennebec; la causa oficial fue ahogamiento. En 1990, tras la muerte de Carl, el hombre fue sepultado junto a Constance y los seis niños en una misma parcela familiar del cementerio de Waterville.El dilema que enfrenta el tribunal de Lindsay ClancyHoy, las más de 35 horas de evaluación psicológica presentadas por la defensa de Lindsay Clancy buscan demostrar que la exenfermera sufría una desconexión total con la realidad provocada por la psicosis posparto. Sus abogados apelan a la empatía médica para enviarla a un pabellón psiquiátrico.Por su parte, la fiscalía sostiene que existió una mecánica calculada para distanciar a su esposo de la casa antes de estrangular a los pequeños, catálogo definido por peritos forenses como un "filicidio altruista".El recuerdo de Constance Fisher no juzga el diagnóstico médico actual de Clancy, pero permanece en la jurisprudencia como una advertencia histórica sobre la delgada línea entre la patología psiquiátrica, la responsabilidad penal y la capacidad del sistema para garantizar que una tragedia semejante no vuelva a repetirse.

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