Elecciones en Estados Unidos: el voto y la billetera de los norteamericanos

Elecciones en Estados Unidos: el voto y la billetera de los norteamericanos

La economía de los Estados Unidos atraviesa un período complejo marcado por un crecimiento económico sólido, pero presionado al mismo tiempo por un grave desequilibrio fiscal, altos costos de los combustibles e inflación persistente.La situación de las cuentas públicas continúa generando un intenso debate en Washington, ya que el país cerró su año fiscal con un déficit presupuestario federal que rozó los 1,99 billones de dólares), lo que representa un incremento del 12% en comparación con el ejercicio anterior. Este déficit equivale aproximadamente al 6% del producto interno bruto, una proporción inusualmente elevada para una economía que opera con un nivel de desempleo relativamente bajo.El abultado déficit fiscal se ha visto agravado fuertemente por el coste del servicio de la deuda. Los pagos netos de intereses alcanzaron una cifra récord histórica de 1,05 billones de dólares, posicionándose como uno de los mayores rubros de gasto del gobierno federal junto con los reembolsos arancelarios derivados de fallos judiciales recientes.Como consecuencia de estos desequilibrios consecutivos, la deuda pública total pendiente de los Estados Unidos superó por primera vez la marca histórica de los 40 billones de dólares. El ratio de deuda pública en relación con el producto bruto se ubica en una trayectoria ascendente que, según estimaciones de la Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO), apunta a rebasar los récords históricos de la posguerra en los próximos años.Por su parte, la inflación interanual se complicó. En abril los datos repuntaron con fuerza (subiendo al 3,3% frente al 2,4% previo), siendo señalada la crisis energética de Irán como el principal motor de esta aceleración. Los economistas advirtieron que el encarecimiento de los combustibles provocó un efecto dominó : los costos logísticos, el empaquetado y la refrigeración se trasladaron de forma gradual a los supermercados, encareciendo los productos de la canasta familiar y erosionando el poder adquisitivo de los hogares de ingresos medios y bajos.Con el paso de los meses, los precios de los alimentos y los productos básicos se han mantenido en mesetas elevadas debido a que los costos logísticos asociados al petróleo caro no han retornado a los niveles previos al conflicto. Aunque la magnitud exacta varía según el producto específico (con especial incidencia en aquellos altamente dependientes del transporte por carretera), las autoridades y análisis macroeconómicos coinciden en que la mecha de este incremento sostenido en el costo de vida estadounidense se encendió de forma directa con el estallido de la guerra a finales del primer trimestre.El sector de los combustibles ha sido uno de los más castigados y preocupante para los consumidores. El precio de la gasolina regular superando la barrera de los 4 dólares por galón (3,7 litros) durante más de 150 días. Ahí se anota precisamente la situación del diésel que registró picos históricos sin precedentes al rebasar la barrera de los 6 dólares por galón en septiembre a nivel nacional (con picos de hasta 6,53 US$). Este encarecimiento extremo del combustible que se usa para transporte de mercadería y pasajeros, ha tensionado los costos de logística y cadena de suministro.A este panorama se debe sumar el impacto de los aranceles, política central del presidente Donald Trump, pero que son impuestos internos que se cargan en los costos de los consumidores. Según estudios de la universidad de Harvard, Los consumidores cargan con el peso principal de estos gravámenes, aproximadamente entre el 55% y el 70% del costo total de los aranceles termina trasladándose directamente a los precios de venta al público en el mediano plazo. Esto también produce otros costos por los insumos que elevan el precio del producto terminado. La misma universidad sostiene que los fabricantes locales aumentan sus precios entre un 6% y 12% a partir de los costos de producción en un movimiento inmediato.Fuera de esos números, el producto bruto interno de la potencia de 32,64 billones de dólares, mantiene al país como la economía líder a nivel global. En términos reales, la actividad económica ha mostrado una resiliencia superior a la esperada por los analistas en la primera mitad del periodo. Durante el tercer trimestre, el PIB estadounidense registró una tasa de crecimiento anualizada del 3,4%, superando los pronósticos iniciales del mercado que apuntaban al 3,1%. Este avance trimestral estuvo impulsado por el consumo privado, el incremento sostenido de la inversión empresarial, especialmente de la mano de la tecnoempresas de Inteligencia Artifical y el gasto público. En cuanto al crecimiento anual el FMI indica un alza de 2,3% para 2026 y entre 2% o 2,3% para el año entrante. En el mercado laboral, la tasa de desempleo se ha mantenido estable registrando un ligero repunte hasta el 4,2% de la población activa.PB

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