Brasilia. Enviado especial. El presidente Lula da Silva y su retador, el conservador Flávio Bolsonaro, concluyen este sábado con los actos de cierre de San Pablo dos días de intensa campaña en el interior del país antes de la primera vuelta de las elecciones del domingo en las cuales casi 160 millones de brasileños están llamados a votar.La atención la centraliza en una nueva encuesta de la empresa Datafolha que se publicará por la tarde y que será el último dato importante sobre la perspectivas de esas urnas que darían paso a una segunda vuelta el domingo 25 de octubre. Los dos contendientes principales han mantenido un empate a lo largo de la campaña.Un sondeo de este jueves de esa empresa alentó al oficialismo, con el dato de que Lula tendría cinco puntos a favor en la contienda de mañana, 45% contra 40% de su adversario y tres puntos en la eventual segunda vuelta, 48% a 45%, con empate técnico. En el campamento de Lula interpretan esos números como una reacción a medidas adoptadas por el presidente relacionadas con la prohibición del juego en línea y el aumento del subsidio Bolsa Familia, una acción que motiva a los sectores de menores ingresos de hasta dos sueldos básicos, que han sido el espacio tradicional de los votantes del mandatario socialdemócrata.También ha influido la polémica alrededor del destino de la patrona católica de Brasil, por versiones de que Bolsonaro, un evangelista duro, en caso de ganar la destronaría, pero en el PT rechazan una influencia definitoria de ese episodio. El candidato opositor, además, ha desmentido que tenga esas intenciones.En la recta final de la contienda, los dos principales adversarios están concentrando sus esfuerzos en la región sureste. Lula recorrió Minas Gerais y Río de Janeiro este viernes y concluye con una caravana por la Avenida Paulista, en la capital estadual. Bolsonaro, también se concentró en una amplia región y cerrará en el interior de ese mismo estado que concentra el mayor producto bruto del país y es el corazón de la economía nacional.Existe un temor importante de una abstención que hasta podría superar a la de alrededor del 20,79% del comicio presidencial de 2022, unos 32,2 millones de brasileños ausentes, sin precedente hasta entonces, y en el cual Lula derrotó a Jair Bolsonaro, el padre de Flávio. El problema para el oficialismo es que el desinterés para votar se concentra precisamente en los sectores de menores ingresos por las dificultades económicas que enfrentan. En Brasil ocho de cada diez familias confrontan deudas para pagar sus gastos básicos, un escenario que se contradice con los notable datos macros del país continente, con una inflación anual en torno al 4% dentro del parámetro del Banco Central, reservas de casi 400 mil millones de dólares, desocupación en niveles bajos récord y crecimiento del país los últimos cuatro años.De ahí que una parte de esos quebrantos, según indicaron a Clarín fuentes del gobierno y economistas de la Fundación Getulio Vargas como Marcelo Neri, se debería al problema del juego en línea que se convirtió en una epidemia. Pero el tronco principal es el aumento de los costos de canasta familiar, especialmente debido al alza de los combustibles y entre ellos del gasoil - un tercio del consumo total es importado- que trepó 13,9% solo en el primer trimestre del año debido a la descalabrada guerra contra Irán. El politólogo António Lavareda, titular de una organización de investigación electoral, advierte que en esos sectores "existe insatisfacción con la economía y la percepción de que no mejorará".Mientras el oficialismo ha venido haciendo campaña para intentar reducir el riesgo de abstención incluso seduciendo a los votantes de más de 70 años que, como en Argentina, no están obligados a votar, la oposición buscó llamar a la unidad de la derecha para idealmente intentar ganar en la primera vuelta o garantizar el triunfo en la segunda.Según los analistas el voto de esa vereda se dispersará este domingo, por eso Lula aparece en todas las encuestas adelante, aunque con niveles insuficientes para impedir el balotaje. Pero es seguro que ese sufragio se concentrará en la cita de fines de mes de modo que la diferencia que se descubra este domingo entre ambos permitirá anticipar el eventual resultado definitorio. Si los resultados son muy apretados, sería una buena noticia para el líder conservador que ha hecho campaña con fuerte apoyo de Estados Unidos y particularmente del canciller norteamericano Marco Rubio.Esa influencia ha irritado al gobierno centrista de Lula. El Planalto, la sede del Ejecutivo, ha denunciado la distribución de fondos desde Washington para fortalecer la campaña de su adversario. En las últimas horas, el mandatario también pidió que se investigue la decisión de EE.UU. junto Australia de cerrar sus embajadas y sus oficinas consulares en todo el país por una supuesta inseguridad reinante, lo que se consideró también una señal hacia los votantes.
Elecciones en Brasil: una nueva encuesta y el cierre de las campañas centralizan la última jornada antes de las urnas del domingo
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