En el gobierno de Javier Milei no consiguen descifrar la magnitud de la onda expansiva que se disparó con la alteración drástica de la fisonomía del poder en Washington después de la debacle de Donald Trump en las elecciones de medio término. El reflejo narrativo libertario para salir del paso es asegurar que todo seguirá igual en la íntima relación bilateral.La incomodidad frente al nuevo escenario se advirtió en un escape tuitero que tuvo el Presidente. Con antelación buscó montarse en el entusiasmo y la movilización popular que generará la visita de León XIV. Un hecho excepcional potenciado por la ausencia en su tierra natal del antecesor, Jorge Bergoglio, Francisco, durante sus trece años de papado. El líder libertario rogó para que Su Santidad “lleve un mensaje de paz a todos los argentinos”. Concepto inédito para su histórico guión. Preventivo, tal vez, por como el Papa arrancó su gira en Uruguay: haciendo eje en la unidad y la defensa de los necesitados.Resultaría una imprudencia transpolar lo ocurrido en Estados Unidos para ensayar alguna predicción sobre el 2027 electoral en la Argentina. De la misma manera, conjeturar que la resurrección demócrata podría significar el sepulcro de los republicanos en las futuras presidenciales. Pero existieron algunos trazos bien salientes que no pueden ser soslayados por las fuerzas globales de la derecha extrema. Atañen a la “batalla cultural” que suelen menear Milei y sus libertarios.Se puede reparar en dos aspectos. Fue llamativa la explosión de diversidad que caracterizó la votación en Estados Unidos. Se impusieron candidatos de diferente raíz racial (Keisha Bottom se convirtió en Georgia en la primer mujer negra elegida gobernadora en la historia de EE.UU.), religiosa, de género, pluralidad e incluso ideológica, dentro de la marea que representó la victoria demócrata. Hubo en ese aspecto otro gran derrotado. El vicepresidente James Vance, promotor más que el propio Trump, de la identidad fundamentalista MAGA (Make America Great Again). Perdió en Ohio, su lugar, la candidatura a senador y la gobernación.Otro asunto refiere al problema de la inmigración. Enarbolado por Trump como bandera de gestión que ha tenido un efecto de contagio regional y en países de Europa. La mano dura no parece haber sido una respuesta adecuada. Impactó emocionalmente en millones de votantes que habían optado por los republicanos hace dos años y viraron ahora hacia los demócratas. Motivos hubo: el portal del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), la policía migratoria, reportó 24 muertes en operativos de control solo en 2025 y 36 en lo que va del 2026.Trump y Vance, con matices en sus miradas, coincidieron en que la guerra contra Irán habría sido determinante para el desenlace electoral. Por los efectos que tuvo en la economía interna. En asuntos profundamente sensibles para la vida del ciudadano común estadounidense, como el precio del combustible.La admisión de aquella realidad pareció convertirse en un correo para Benjamín Netanyahu, el premier de Israel. El otro gran aliado de Milei. El jefe del Estado judío está en una negociación cada vez más complicada para formar gobierno después de comicios que ganó, aunque sin conseguir la mayoría. Hubo un anuncio que, tal vez, no haya pasado indiferente para la Casa Rosada. Trump dijo 48 horas antes de la derrota que suspenderá la ayuda financiera y militar anual a Israel de US$ 4.000 millones. Ese financiamiento fue un blanco constante de críticas de parte de la oposición.Casualmente los demócratas después de su victoria decidieron retomar una cuestión que habían congelado por falta de fuerza parlamentaria: el rescate de US$ 20 mil millones que el titular del Tesoro, Scott Bessent, hizo del gobierno de Milei en 2025. Le permitió al líder libertario sortear de gran manera las legislativas de octubre de ese año luego de la hecatombe que había padecido en Buenos Aires un mes antes.Los objetores fueron Elizabeth Warren, Chuck Schumer y Bernie Sanders, quienes han retomado el proyecto para prohibir al Tesoro que use fondos de estabilización sin autorización del Congreso. Aquella debilidad opositora variará: los demócratas pasarán desde enero a dominar con amplitud la Cámara de Representantes y el Senado. El problema no sería el pasado sino el futuro. La hipotética nueva intervención de Bessent funcionó como una red de contención psicológica frente a una posible desestabilización del programa financiero de Milei. Esa barrera pareció romperse incluso antes de la derrota de Trump cuando los mercados volvieron a acentuar su desconfianza hacia la Argentina.Se estarían combinando varios factores que inciden en el tembladeral que circunda al gobierno libertario. La acumulación de reservas del Banco Central se ha desacelerado y revertido en los últimos meses. Los vencimientos de la deuda asoman en el horizonte. La economía real está a un tris de entrar técnicamente en recesión. No se avizora la posibilidad de algún repunte duradero. Se advierten inconsistencias en el sistema cambiario. Se avecina sin certezas el año electoral. Comienzan a producirse cambios políticos en la región. Podrían agregarse, casi como minucias, el “riesgo kuka” o el “efecto Milei”.El sueño de Trump y de Milei de poseer una región ideológicamente compacta empieza a fisurarse. Existió una combinación perfecta en tiempo y espacio que puso en jaque aquella pretensión. El sorpresivo triunfo de Lula da Silva en el balotaje, decorado con el papelón de Flavio Bolsonaro, y la imponente caída del líder republicano que se reflejó en un dato histórico. Desde 1974 no se registraba una oleada opositora como la que ocurrió la semana pasada. En esa ocasión los demócratas sacaron provecho del escándalo Watergate.En ese corto recorrido sucedieron cosas de impacto regional que importan al gobierno de Milei. El acercamiento del presidente chileno José Antonio Kast, líder de la derecha, con Lula con vistas a “un futuro en común”, comunicó el Palacio de la Moneda. La incursión sorpresiva en Venezuela –sin conocimiento del régimen- de la opositora María Corina Machado que trastorna el proceso que administraban hasta ahora a gusto Trump con Delcy Rodríguez, la vicepresidenta a cargo del país desde que Nicolás Maduro fue capturado por Washington. La crisis en Paraguay por una descomunal estafa bancaria que concluyó con la destitución y el juicio político al presidente Santiago Peña.Otro de los mandatarios sudamericanos protegido por Trump y elogiado por Milei como verdadero “masterclass”. Paraguay es de los países que en los últimos tiempos mereció la atención de los expertos en macro economía. Fue colocado en la vidriera como un modelo redondo. Tres millones de personas sobre 6 millones y medio de habitantes (una proporción insólita y extraña) quedaron atrapadas con sus ahorros por la caída de un banco digital (UENO) mal supervisado adrede por las autoridades del Central. Peña había sido accionista en la época en que era una financiera. Apenas tres años atrás. Se ocupó de derivar a la entidad millonarios fondos públicos. Entre ellos jubilaciones. Suele ocurrir con los economistas ortodoxos que le pongan demasiada crema a cualquier pastel.Frente a ese desbarajuste y la vacilante arquitectura económica libertaria sobresale una circunstancia: la soledad de Luis Caputo para transmitir confianza y perjurar que todo estaría marchando bien. La contracara es el silencio profundo de colegas, legisladores y dirigentes del oficialismo. La única que periódicamente añade grageas a la discusión libertaria es Patricia Bullrich.El ministro de Economía también se hace cargo de esa batalla interna. Sostuvo que si “cualquiera quiera ser presidente” se equivoca. El único que puede resistir en el presente contexto, según él, sería Milei. La senadora insiste con la necesidad de medidas que alivien la apretada vida cotidiana de la sociedad. Está claro que el Gobierno ha perdido una herramienta crucial de conducción: el rumbo ideológico adoptado parece haber dejado de ser un ordenador infalible.Las Fuerzas del Cielo, del joven Santiago Caputo, se sumaron a las filas de alarmados en el oficialismo luego de la derrota de Trump. Se esmeran en no pegarse a Bullrich. Dejaron a un costado la presunta guerra religiosa en el mundo y la “batalla cultural” para arribar a una conclusión: el castigo al líder republicano nació de los bolsillos golpeados. Entienden que queda tiempo aún para evitar que, por los mismos motivos, se pueda abortar aquí la reelección presidencial.Milei y su hermana Karina observan con impotencia y enojo los desmarques de Bullrich. Se descubre una guerra larvada. El Jefe está dispuesta a arrebatarle a la senadora la jefatura del bloque. Hizo varias maniobras. La senadora divulgó como réplica una foto arropada con los diputados que le responden. No son pocos.Los hermanos del poder no encuentran forma de cercar a la dama que en 2023 le arrimó votos para ganar el balotaje. Bullrich juega con el tiempo a favor y piensa estirar el actual estado de cosas hasta después del verano.La confrontación tuvo otro brote luego que el fiscal Gerardo Pollicita opinó que Manuel Adorni no incurrió en enriquecimiento ilícito. Sería apenas un evasor fiscal. Curioso. Los hermanos del poder no olvidan que Bullrich fue la primera espada del gobierno que avaló sospechas sobre el patrimonio del ex jefe de Gabinete y criatura política de Karina.
El tembladeral que rodea a Milei
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