El siglo de Halperin Donghi

El siglo de Halperin Donghi

En el centenario de su nacimiento, la aparición de Volver a pensar. La historia según Tulio Halperin Donghi, el volumen colectivo compilado por Carlos Altamirano y Roy Hora y editado conjuntamente por Eudeba y Ediciones UNL, constituye una intervención intelectual de primer orden. Llega en un momento en que el debate público argentino necesita tomar distancia de la polarización de las narrativas históricas y revisar esa persistente sensación de extravío colectivo. La obra consigue algo que el propio Halperin practicaba con maestría: desmontar las explicaciones lineales y los mitos autocomplacientes para devolvernos la historia nacional en toda su densidad, sus contradicciones y sus zonas de incomodidad.Los once ensayos que integran este libro coral, con contribuciones de historiadores de la talla de Hilda Sabato, Marcela Ternavasio, Gabriel Di Meglio, Elías Palti y Raúl Fradkin, evitan con lucidez la trampa de la hagiografía. La mejor manera de celebrar a uno de nuestros historiadores más influyentes consiste en discutirlo, poner a prueba sus hipótesis y desentrañar los procedimientos de su oficio. En esa operación también se ilumina la relación entre su trayectoria intelectual y su modo de hacer historia. La distancia respecto del patriciado, la experiencia de una formación construida en buena medida sobre la práctica y el aprendizaje —entre el Colegio Nacional de Buenos Aires, la UBA y el exilio que siguió a la Noche de los Bastones Largos— contribuyeron a forjar una mirada ajena a las certezas heredadas. La distancia crítica y la ironía, dos rasgos distintivos de su escritura, le permitieron observar los procesos políticos y sociales en su complejidad, sin quedar atrapado en las certezas apresuradas de cada época.El aporte de esta sensibilidad halperiniana al entendimiento del presente argentino radica, precisamente, en su capacidad para pensar la contingencia, la incertidumbre y el conflicto. Frente a los discursos que reducen la historia a una batalla entre modelos puros o explican las decadencias mediante la identificación de un único culpable político, su obra recuerda que la realidad nacional es mucho más compleja que cualquiera de sus representaciones ideológicas.Halperin transformó la historiografía argentina al revisar críticamente tanto las simplificaciones del relato liberal tradicional como las del revisionismo nacionalista. La historia argentina parece haber estado poblada de sucesivas auroras: momentos en los que una sociedad creyó asistir al nacimiento de un tiempo nuevo, depositando en él expectativas de regeneración y promesas de futuro. La mirada de Halperin invita a examinar esas expectativas sin confundirlas con sus resultados, y a reconocer en cada comienzo las continuidades, los conflictos y las incertidumbres que lo atravesaron.Un ejemplo son sus estudios sobre el siglo XIX, en los que mostró que la Independencia antes que la ejecución de un proyecto nacional previamente concebido, fue el resultado de una profunda crisis del orden colonial, que desarticuló circuitos económicos, alteró jerarquías sociales y obligó a improvisar nuevas formas de autoridad y de organización política.Desde Revolución y guerra (1972) hasta La larga agonía de la Argentina peronista (1994), sus obras fundamentales permiten comprender que las identidades políticas y las crisis institucionales no responden a destinos inexorables. Se configuran en encrucijadas históricas concretas, en las que los actores toman decisiones bajo condiciones de incertidumbre y con frecuencia sin conocer sus consecuencias.La historia, en esta perspectiva, no es el despliegue de un destino predeterminada ni la confirmación retrospectiva de una doctrina: es un proceso abierto, atravesado por conflictos, alternativas frustradas y resultados imprevistos. Los análisis del peronismo y de la tradición sarmientina que dialogan con su obra permiten advertir, además, las tensiones de una sociedad que muchas veces termina socavando los mismos proyectos de modernización que se propone impulsar.En tiempos de tentaciones refundacionales, cuando el pasado puede convertirse en un arsenal de consignas para legitimar prejuicios del presente, la lectura de Halperin que proponen Altamirano y Hora ofrece una estimulante invitación a la reflexión. Comprender los dilemas argentinos no exige inventar nuevas efemérides ni reescribir la memoria colectiva por decreto. Sugiere, más bien, recuperar la capacidad de formular preguntas incómodas, reconocer la ambivalencia de los procesos históricos y sostener una mirada crítica sobre los problemas que siguen sin resolverse.Esta compilación no se limita a rendir homenaje a un maestro en el centenario de su nacimiento. Propone algo más exigente y más fecundo: volver a pensar con Halperin Donghi, incluso allí donde sus interpretaciones puedan ser discutidas o revisadas. En esa disposición a interrogar el pasado sin buscar en él respuestas tranquilizadoras reside, acaso, la vigencia mayor de su legado y una de las herramientas intelectuales más necesarias para atravesar las brumas del presente argentino.

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