"El prócer que él necesitaba": por qué Alberdi calza justo en el relato de Milei

"El prócer que él necesitaba": por qué Alberdi calza justo en el relato de Milei

Patricia Kolesnicov comenzó a leer a Juan Bautista Alberdi cuando estaba de vacaciones. Javier Milei había dicho que abrazaba las ideas del prócer al asumir la presidencia y “en la conmoción de esos días” se preguntó como otros periodistas qué significaba la afirmación. Pero en su caso fue el punto de partida de Un presidente que sea como un rey. El Alberdi que Milei tiene en la cabeza (Planeta), un libro en el que entrevista a reconocidos historiadores y constitucionalistas al mismo tiempo que revisa el pensamiento de Alberdi y sus usos en el discurso libertario con las armas del periodismo: “Cierta fluidez en la escritura, cierto desprejuicio y un poco de audacia. A veces estar lejos te ayuda a hacer preguntas que los demás ya no se hacen”.–¿Cómo pensaste la forma del libro, la combinación de entrevistas, textos de Alberdi y desarrollo del tema?–Fue un poco hacer del defecto virtud. Empecé sin ninguna idea de hacer un libro, simplemente leyendo a Alberdi en las vacaciones, en la playa. Con sus principales libros ya leídos, empecé a escribir notas sueltas. Se discutían en ese momento los poderes delegados, el inicio de clases, y yo tenía algo para decir a propósito de lo que pensaba Alberdi de la educación y del ejercicio del poder. Seguía leyéndolo y aparecían más temas. Entonces mi mujer me dice: “tenés un libro”. Ok, lo presenté como idea y me di cuenta que las notas no me alcanzaban. Me hacía preguntas y me cuestionaba. Entonces pensé en hablar con los que saben más. Primero iba a ser más glosado, pero como soy periodista le encontré el gusto a las entrevistas en sí mismas, a discutir con los entrevistados, y quise que eso se viera en el texto.–Resaltás textos de Alberdi por sus resonancias actuales. Entre esos hallazgos, ¿cuáles te parecen especialmente reveladores?–Primero una posición extremadamente liberal, muy parecida a la de Milei: la restricción sobre el gasto parece hablar de la motosierra. Alberdi dice, por ejemplo: “proteger al mismo tiempo empresas particulares para la construcción de ferrocarriles, colmarlas de ventajas, de privilegios, de todo el favor imaginable sin deteneros en medios”. ¿Está hablando del Rigi? En otro pasaje habla de dejar entrar a las empresas al país, darles ventajas y después negociar. Es un nivel de actualidad que me sorprende. Tenemos la estampita de la Constitución y nos emocionamos con el preámbulo, pero este señor está pensando en una Constitución para la riqueza, “para lograr prosperidad” y cree que puede pasar por encima de derechos democráticos. De ahí viene el título del libro, la idea de un gobierno fuerte que pueda intervenir cuando haga falta como en la Constitución de Chile, que él elogia.–¿La idea del presidente como un rey responde a la coyuntura histórica o Alberdi la piensa como una especie de modelo?–Alberdi le atribuye esa frase a Bolívar, cuando está comentando la Constitución chilena. Algunos historiadores dicen que la idea no es tan rara, que eso es presidencialismo. En el momento era una preocupación no solo de Alberdi. Con el relato escolar no nos damos cuenta, pero había caído la administración colonial y había tironeo de intereses entre las provincias.–¿Encontrás diferencias significativas entre Alberdi y Milei?–Mis entrevistados las encuentran más que yo. El constitucionalista Andrés Gil Domínguez dice que Alberdi es un liberal con grandes diferencias con lo que plantea Milei, porque alienta la división de poderes y la construcción de un Estado. Alberdi hasta tiene un libro dedicado a William Wheelwright, el empresario que desarrolló los ferrocarriles, y lo compara con San Martín. Eduardo Zimmerman, un historiador un poco más liberal, piensa que el estilo, el uso del insulto, diferencian a Milei, pero que la ambición transformadora lo une con Alberdi.–En medio de la investigación consultaste al propio Milei. ¿Qué dijo?–Había tenido algunos contactos con él a partir de un libro que iba a presentar en la Feria del Libro. Me tiré el lance para ver si me contestaba sobre ese libro, él me llamó y hablamos un rato largo. Quedó un contacto, relacionado con las cuestiones del mundo del libro. Tenía abierto el canal y le propuse hablar sobre Alberdi. Si aceptaba corría el riesgo de que se convirtiera en lo más importante del libro. Pero me dijo que no podía ponerse “a la altura de ese gigante” y me recomendó hablar con Alberto Medina Méndez, un consultor político correntino, y Medina Méndez a su vez me propuso incluir a Daniel Pereyra, presidente de la Cátedra Alberdi, que tiene un texto con un título que le envidié: “Alberdi, el primer Milei”.–El historiador Darío Roldán afirma que el Alberdi actual es una construcción, una figura de autoridad que el presidente construye para legitimarse. ¿Qué te parece?–Es la clave. No sé si Milei leyó en profundidad a Alberdi y casi no tiene importancia; él crea a sus precursores, como dijo el maestro Borges, y le sirve para hacer ese salto hacia atrás, para marcar un camino de prosperidad antes del peronismo. Algún prócer debía tener, esto le permite inscribirse en la Historia argentina de una manera que no me parece descolgada. No le pediría a Milei que siga todas las ideas de Alberdi, pero muchas son parecidas.–Con tantos puntos de vista, ¿cómo es leído el libro por unos y otros?–Los libertarios se esperaban algo más crítico. Entonces agradecen la amplitud ideológica. Los no libertarios no me han dicho nada; supongo que les gustó menos y que les hubiera gustado que lo criticara. Lo siento: me encantaría decir que Milei traiciona a Alberdi pero me parece que es el prócer que él necesitaba.

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