Javier Milei parece encerrado en la paradoja de su fortaleza. Ha conservado en estos años el poder en base a dos cuestiones: la neutralización del estado de emergencia heredado del kirchnerismo, la vigencia del orden social. La estabilidad de la macro economía y la baja de la inflación resultan sus mejores logros. Sin embargo, transita el presente en el debate público con ostensible incomodidad.No es que aquellas virtudes se hayan convertido en un defecto. Ocurre que la demanda social se amplificó y el Gobierno tiene dificultades para comprender el registro. El Presidente supone que su dogma del superávit fiscal y achatamiento inflacionario serían los vectores únicos y necesarios para darle vida natural a la economía. Tan hermética aflora su convicción que al hablar en un foro liberal pontificó: “Si no ganamos las elecciones será porque, como sociedad, estamos decidiendo suicidarnos”. Inexistencia de matices. Similitud con aquel pasado reciente durante el cual se juramentaba que con la simple presencia del Estado llegarían todas las soluciones.Difícil no vincular aquel dramatismo presidencial con el golpe de timón mediante el cual intenta instalar el tema popular más sensible de la política exterior –las Malvinas—como epicentro del arranque de la campaña electoral. Quizá no valga tanto reparar en las leyes que promete para defender el patrimonio, ni en los castigos con los cuales amenaza a las empresas que iniciarán exploraciones petroleras alrededor del archipiélago. Importa más su sorpresiva invocación a una unidad nacional que jamás había considerado. Algo que no se observa en la superficie del poder estaría oliendo raro. ¿Será la declinación en las encuestas?Milei debió afrontar los últimos días dos desafíos espesos. Siente que lo desgastan. La situación de la morosidad que sale del corral político y se instala en la opinión pública. La consultora D’Alessio-Irol computó que dos tercios de la población está preocupada por ese tema. Otro asunto refiere al panorama de la industria. El Gobierno no reconoce la situación de crisis del sector. La adjudica solo a los problemas de competitividad. Desairó la celebración de la Unión Industrial Argentina (UIA) vaciando el acto casi de presencias oficiales.Martín Rappallini, titular de la entidad, hizo pese a todo un discurso conciliador. Habló de buscar puentes para atravesar esta compleja transición. Hay estadísticas que resultan insoslayables. El Indice de Producción Industrial (IPI) del Indec registra un desplome del 10,2% promedio respecto del 2023. En junio la capacidad instalada llegó a un crítico 59,1%. Esto significa que 4 de cada 10 máquinas están paradas. También de acuerdo con cifras oficiales, entre noviembre del 2023 y mayo del 2026 se destruyeron 97.312 puestos de trabajo registrados.Luis Caputo refirió que aquel proceso obedece a una inevitable reconversión de acuerdo con el nuevo modelo. “Toto” estuvo molesto porque el vicepresidente de la UIA, Guillermo Moretti, se apartó, en declaraciones periodísticas, de la moderación de Rappallini, cuyo discurso había sido avalado por el consejo directivo de la entidad. El dirigente industrial sostuvo que “estamos manejados por un endeudador, un trader que no sabe lo que es un torno”. Disidencias en el universo industriaRappallini puso en tela de juicio el concepto de “destrucción creativa” al cual se aferran Milei y su ministro de Economía para explicar el recorrido inevitable que debería aceptar la industria. Según el titular de la UIA, el austríaco Joseph Schumpeter, que popularizó la idea, apuntaba a que los procesos creativos destruyeran y desplazaran a las tecnologías y viejas empresas. Es decir, que el crecimiento de lo nuevo obrara como factor de sustitución. Los industriales suponen que el proceso en la Argentina sería ahora inverso: primero irrumpiría lo destructivo.La narrativa intransigente de Milei está empezando a encontrar algunos límites que no únicamente marca la realidad. Hay un acompañamiento discreto de su equipo de gobierno que teme que tanto dogmatismo resulta inservible para encarar el proyecto de la reelección. La palabra presidencial tiene siempre el soporte de “Toto” Caputo. Aunque a veces el ministro se exhibe permeable. Pidió paciencia a la sociedad para que los beneficios del modelo derramen en la vida cotidiana. Había avalado incluso la idea del aumento del salario mínimo registrado a $ 1 millón. El Presidente lo tumbó.También figura el aporte de Federico Sturzenegger. El ministro de Desregulación debe medir sus apariciones después de la fricción que tuvo con Karina, la hermanísima, por el conflicto portuario y el traspié en el Senado por la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada.Aparte de aquellos “tres mosqueteros” el frente libertario prefiere no exponerse a una discusión que engloba problemas sociales que resultan tangibles. La morosidad, los ingresos, la baja capacidad general de consumo. Tópicos en los cuales ha sabido diferenciarse Patricia Bullrich. También, con mucha cautela, Diego Santilli, el jefe de Gabinete. La secretaria general jamás opina de economía. Al nuevo portavoz, Adrián Ravier, le encomiendan un bozal ante cada aparición pública. La “Fuerzas del Cielo” estaban de vacaciones después del retroceso de Santiago Caputo, el asesor en comunicaciones.El joven amigo de Milei disfruta de algunas desventuras de Karina. Muestra problemas con el armado en Buenos Aires de la mano de Sebastián Pareja. A la deserción de una concejala en Florencio Varela, Karina Macedo, se añadió el portazo de la ex kirchnerista Leila Gianni, en La Matanza. Una vieja lectora de Juan Perón que en estos años paseó por los programas de televisión ataviada de novata libertaria. Dejó de serlo. Los fluidos de “la casta” parecen enchastrar cada vez más la proclamada pureza de La Libertad Avanza.Las huestes de Caputo juniors han regresado del descanso recargados por la iniciativa de Milei de convertir a las Malvinas en una renovada reivindicación nacionalista del Gobierno. Los militantes digitales inundaron las redes desde que el mandatario pronunció su mensaje por cadena nacional. Aquel asesor sin cargo ha tenido un papel crucial en la estrategia que se empezó a desplegar desde el poder. Basta con reparar en un detalle para comprenderlo. El líder libertario comunicó que habrá dos enclaves insustituibles para resguardar los intereses nacionales en el extremo austral. La Cancillería, que conduce Pablo Quirno. La Secretaria de Inteligencia del Estado (SIDE), a cargo de Cristian Auguadra, que responde con fidelidad a Caputo Juniors.El joven asesor construyó la teoría de que el empantanamiento del Gobierno con la economía cortó el vínculo de emocionalidad que Milei supo tener con sus seguidores. Un mojón de ese problema habría sido el comportamiento errático oficial cuando durante el Mundial de Fútbol en Estados Unidos los jugadores desplegaron una bandera en favor de las Malvinas después de la fantástica remontada ante Inglaterra. Alejandra Monteoliva, la ministra de Defensa, había anticipado que cualquier manifestación en ese sentido estaba prohibida. El Presidente la catalogó de “una berretada”.Caputo juniors captó que las ambivalencias de Donald Trump sobre las islas y el Reino Unido, originadas en su enfado por la falta de respaldo de la administración laborista de Ande Burnham en la guerra contra Irán, podían resultar oportunidad propicia para que Milei intente rescatar con las Malvinas la cuota de aquella emocionalidad política perdida. Se colocó en marcha el operativo que el Presidente coronó con pompa.El contexto emerge envuelto en un enorme embrollo. El Presidente denunció que dos empresas, Rockhooper Exploration, británica, y Navitas Petroleum, de Israel, empezarían en cualquier momento la explotación del yacimiento conocido como Sea Lion. El proyecto se conoce públicamente desde hace de cinco años. Uno de los principales ejecutivos de Navitas es Yacob Katz, ex ministro de Infraestructura y Energía de Benjamín Netanhayu, el premier israelí. Uno de los dos aliados incondicionales, junto a Trump, del presidente Milei.El mandatario advirtió que impedirá la doble operación de las corporaciones globales que merodean las islas en territorio continental. Pero se han detectado por lo menos una docena que ya lo practican. Incluso en actividades ajenas al petróleo. La ley de Defensa de la Soberanía Nacional, como viene ocurriendo desde su sanción en 2011, no será sencilla de aplicar. Las principales empresas del rubro petrolero se han negado a participar de exploraciones en un territorio en disputa. El mandatario mencionó además la creación de una Base Naval Integrada en Tierra del Fuego. ¿Con participación de Estados Unidos?.El giro de una diplomacia inicial pasiva a otra de confrontación maduró en medio de una visita de Milei a Chile donde se entrevistó con José Kast, alineado con la derecha regional. Los elogios que el mandatario regaló a Augusto Pinochet, cuyo régimen dio apoyo logístico a Gran Bretaña en la guerra de Malvinas, podrían soslayarse al lado de otro anuncio. Chile comunicó mediante un documento la profundización de la ruta que arranca en Punta Arenas para el abastecimiento de las Malvinas.El líder chileno recibió a Milei horas después de una protesta formal por una imprudente declaración del brigadier general Gustavo Valverde sobre la soberanía del Estrecho de Magallanes. Con un despliegue de ejercicios militares desproporcionados en la zona que parecieron un recado para la Argentina. Kast asumió hace nueve meses, viene bajando de modo acelerado su popularidad, tiene una mega reforma trabada en el Congreso y le acaban de formar una Comisión Investigadora por las presuntas actividades en ese país del libertario Fernando Cerimedo. Detenido en Bolivia por presunto intento de asesinato.Parece existir un hilo invisible, aunque firme, que une las necesidades de supervivencia política de dos líderes que no atravesarían su mejor época.
El nacionalismo de emergencia de Milei
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