“Me sacaron el atril”, bromeó Pablo Braun al subir al escenario del Auditorio del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba), este miércoles, en la cita que dio inicio oficial a la 18.ª edición del Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires (Filba) que cuenta con el acompañamiento de Clarín y revista Ñ. Con papel en mano, el presidente de la Fundación Filba comenzó el discurso que abrió el festival admitiendo ante un auditorio lleno la dificultad de inaugurar por decimoctava vez el encuentro: “Es complicado decir algo interesante sin caer en lugares comunes, sin ser repetitivo”.Braun contó que, tras verse “yermo de ideas” ante la página en blanco, decidió leer de forma íntegra un texto escrito por su hija Rita, “la más bonita”, según la presentó: “Lo que no le dije, que ya lo había decidido ni bien terminó de leerlo, fue que se lo iba a plagiar. Completo”.En ese escrito, Rita se preguntaba cómo “estamos, de alguna manera, deshabitando el mundo en el que vivimos” en una época en la que las pantallas parecen una extensión de las manos y las casas, las cafeterías y los rostros lucen clonados. Frente a eso, Braun reivindicó “el poder de las palabras”, la fuerza que tiene leerlas, escucharlas y su capacidad para que las personas vuelvan a mirarse a la cara.Luego se refirió al contexto socioeconómico y afirmó que “el ‘no hay plata’ caló hondo” en la gestión cultural, lo que obligó a suspender programas: “El Filba Nacional no lo podemos llevar adelante”.El ajuste también afectó a Filbita, que este año trabajará con escuelas y bibliotecas para que ningún niño se quede sin leer. Como contrapartida, anunció la creación de un “festival eterno”, con actividades literarias diarias en la librería Eterna Cadencia, y el compromiso de incorporar la conservación ambiental a las acciones de la fundación.El poder de las palabras“Para encontrarnos, para escuchar el poder de las palabras, para mirarnos las caras, para encontrarse, repito, vamos a hacer un festival eterno –sentenció–. Todos los días haremos una actividad que tenga que ver con la literatura, con las artes. Una entrevista, una lectura, una performance, un panel, lo que sea. Y sí, será eterno, o por lo menos hasta donde nos den las fuerzas”.Después, Braun cedió la palabra a la directora del festival, Amalia Sanz, quien agradeció al equipo, a las instituciones, a los editores y a los artistas que hacen posible sostener este espacio de encuentro.Sanz se detuvo en el lema “Hábitat” y planteó la apertura no como un protocolo formal, sino como una “refundación del espacio compartido” ante la tiranía del dinero, la gentrificación y la crueldad individualista. Para la directora, la acción colectiva de la literatura actúa “como el yuyito que aparece y rompe el asfalto en plena ciudad, indómito”.Y aunque escribir y leer suelen ser actos solitarios, “la literatura solo cobra sentido completo cuando circula. Los libros no son mercancías para el consumo individual, sino dispositivos políticos y afectivos capaces de tramar comunidad, de hacer resonar voces y de recordar que la cultura es una construcción social compartida y resistente”.CUL / Filba inauguraciónAl repasar la proyección internacional de esta edición, Sanz informó que esa misma noche llegaba a Buenos Aires el autor francés Emmanuel Carrère y que la narradora irlandesa Claire Keegan ya estaba en la ciudad. Ambos integran la nómina de invitados de cinco días de actividades en distintos puntos de la ciudad.Terminadas las palabras de las autoridades, se atenuaron las luces de la sala para proyectar un cortometraje de Eugenia Pérez Tomas y Elías Díaz, que combinó materiales de archivo, testimonios y paisajes de arquitectura urbana en tensión con la naturaleza.Al concluir la proyección, el escenario pasó a ser el espacio de Coral. Acción para construir una imagen colectiva, una pieza performática ideada y dirigida por Pérez Tomas, con la conducción del maestro de ceremonias Felipe Saade.A partir de un juego escénico diseñado para la ocasión, autores e invitados –entre ellos Claudia Piñeiro, Ricardo Romero, Alejandra Kamiya, Vivi Tellas, Joca Reiners Terron, Sebastiano Mauri y Uxue Alberdi– ocuparon el escenario y se desplazaron de un lado a otro de forma constante. Abajo, parte del público seguía el juego e intentaba adivinar en voz baja quiénes eran los autores que se cruzaban. Otros, en cambio, se mostraron desconcertados con la propuesta.La intervención incluyó una actuación en vivo de Loli Molina y lecturas de poemas: la escritora y actriz Rita Pauls leyó “Gansos salvajes” (Wild Geese), de Mary Oliver, y el escritor Guillermo Martínez recitó “Apriete”, del autor sanjuanino Jorge Leónidas Escudero. Con esas voces, la propuesta buscó construir un manifiesto coral en el que el cuerpo y la palabra se unieran frente al aislamiento.La tribuna del FilbaEsta apertura se suma a una serie de discursos inaugurales que han hecho de la tribuna del Filba un espacio de reflexión sobre la literatura. En 2025, el escritor bahiense Mario Ortiz abrió la sección dedicada al eje “Alter” con un mensaje contra la barbarie y los “comisariados del pensamiento”.En 2024, Diana Bellessi y Pablo Katchadjian leyeron sus textos; en medio de su lectura, Bellessi se detuvo para preguntar al público “¿Nadie va a aplaudir?” y, tras recitar versos de “Piqueteros” (“¿Qué hemos hecho? ¿Somos cosas?... Humanizar el mundo se dijo, ¿era esto?”), recibió una ovación.En 2023, la inauguración tomó la forma de una conferencia performática a tres voces, dirigida por Andrea Garrote, en la que Mariano Blatt, Gabriela Massuh y Rafael Spregelburd indagaron en la duda, el error y el desvío dentro del proceso de creación. En 2022, en el reencuentro presencial, María Negroni defendió la poesía como un “inutensilio” que “se niega a servir para algo” y afirmó que “sería un error pensar que la literatura va en busca de la verdad (la verdad es la más peligrosa de las mentiras)”.CUL / Video Filba Se recuerdan también la intervención de Juan José Becerra en 2017, que describió la literatura como una “anguila eléctrica” que ejerce una violencia inmaterial y defensiva desde el barro y la memoria, y la conferencia de María Moreno en 2016, que desmontó el mito del “Cuerpo argentino”.Como bien dijo Amalia Sanz, los libros son dispositivos políticos y afectivos capaces de tramar comunidad, de hacer resonar voces y de recordar que la cultura es una construcción social compartida y resistente. Esta noche, en el Malba, la 18.ª edición del Filba quedó formalmente inaugurada.
El Filba 2026 arrancó con una defensa de los libros "como el yuyito que rompe el asfalto"
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