El estudio genético de un rebaño de vacas abandonado hace 130 años en una isla desierta arrojó un resultado que descolocó a los investigadores
Cinco vacas abandonadas en 1871 formaron una manada salvaje que perduró durante generaciones. A pesar de las adversidades, las vacas lograron adaptarse y su población creció hasta alcanzar las 2.000 cabezas.
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