Manon, ballet en tres actos basado en Histoire du chevalier des Grieux et de Manon Lescaut (1731), del abate Prévost. Coreografía: Sir Kenneth MacMillan. Música: Jules Massenet. Orquestación y arreglos: Martin Yates. Diseño de escenografía: Cinzia Lo Fazio. Diseño de vestuario: Natalia Stewart. Diseño de iluminación: Jacopo Pantani. Producción: talleres del Teatro Colón. Por el Ballet Estable del Teatro Colón. Dirección: Julio Bocca. Con la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. Próximas funciones: con los bailarines invitados Dorothée Gilbert y Hugo Marchand (7); Camila Bocca y Lucas Matzkin (6 y 12); Natalia Pelayo y Facundo Luqui (8 y 13); Caterina Stutz y Leónidas Adarmes (10 y 14), Federico Fernández y Lola Mugica (11 y 15).Nuestra opinión: MUY BUENOCon el espaldarazo de una carta manuscrita en la que el repositor inglés Robert Tewsley agradece -orgulloso- el duro trabajo realizado por el Ballet Estable y lo encomenda a la música, esa musa infalible, volvió a escena ayer en el Teatro Colón uno de los títulos dramáticos más importantes, complejos y emocionales del repertorio del siglo XX: Manon, del británico Kenneth MacMillan, con música de Jules Massenet. Dieciséis años después de la primera y única vez de este título en este escenario, (Julio Bocca y Alessandra Ferri lo habían estrenado en Buenos Aires antes, en 2006), tiene la compañía ahora un gran aliciente para afrontar esta obra maestra en tres actos, de gran despliegue, técnicamente desafiante, y más aún en su compromiso teatral. Y un catalizador absolutamente fuera de serie para iniciar la saga de funciones, que continuarán hasta el domingo 15, con varios repartos: el nuevo debut viene de la mano de la extraordinaria pareja de étoiles de la Ópera de París que integran Hugo Marchand y Dorothée Gilbert, en los roles protagónicos.El poderoso Monsieur GM (Nahuel Prozzi), Manon (Dorothée Gilbert) y su hermano Lescaut (Jiva Velázquez) en una negociación inescrupulosa que no saldrá bienCarlos VillamayorSi alguna vez alguien escuchó sobre el arte de hacer que parezca fácil lo difícil habrá encontrado anoche en la orgánica y fluida trayectoria de los pasos con lo se que narra esta historia, en cada vuelo que corona las levantadas acrobáticas de los pas de deux y en la desgarradora interpretación de los dilemas amorosos, una ejemplar demostración de a qué se refiere aquel refrán. Marchand y Gilbert no solo son bellísimos en sus líneas -él, acaso, una animada escultura renacentista que al cobrar movimiento ha perdido el peso; ella, ingrávida y sutil-, sino que sostienen una conexión fina e inquebrantable, se expresan en el movimiento virtuosos como al descuido y conmueven al espectador hasta -o sobre todo en- sus silencios.Ni bien se abre el telón, la figura central es la de Lescaut (gran trabajo de Jiva Velázquez como el inescrupuloso hermano de Manon, que protagoniza una borrachera de antología), un personaje que encarna todo aquello que puede entenderse por la degradación moral. A partir de allí se cifran las tensiones de una trama que -aun cuando transcurre hace trescientos años- no debiera parecernos ajena en sus problemáticas. Las diferencias extremas de clases, el abuso (sexual y de poder) y el tráfico de mujeres son algunos de los temas de esta historia atravesada por el romance entre un joven caballero, De Grieux, y una cortesana pasional que a nada pareciera temerle más que a la pobreza. La cuerda tiene en un extremo el dinero y en el otro el amor, y se tensa en el medio por el barranco de los excesos. Una línea es elocuente para entenderlo todo: “Manon sentía una desmedida pasión por el placer; yo la sentía por ella”, dice Des Grieux en el texto que los crea.La Madama, en el centro de una escena lujuriosaCarlos VillamayorEse primer cuadro, en el que el fresco social ya se pinta completo, abre un poco alborotado la noche del estreno y en la medida en que el cuerpo de baile se afiata, se sitúa cabalmente al espectador en esa Francia del XVIII sobre la que escribió el abate Antoine François Prévost. Se cree que en buena parte inspirado en sus propias experiencias, la novela de 1731 marcó a otros clásicos de la literatura así como, a su tiempo, a la ópera, el cine y finalmente al ballet en 1974, cuando MacMillan creó esta obra para el Royal Ballet de Londres. Decíamos: ya están allí, en la escena inicial, además de los tres protagonistas, la soberbia de Monsieur G. M (Nahuel Prozzi) destilando el poder de su fortuna, y un grupo de mendigos (encabezado por David Gómez) que representa el estrato más bajo, por donde se mueve como el halo de un mal presagio el cazador de ratas.En el segundo acto, la madama, las cortesanas, los clientes y una amante chispeante y cínica (es para destacar el desempeño de Ayelén Sánchez) hacen mover los engranajes de un supuesto acuerdo conveniente para todos que, como se verá, ni tiene reglas tan claras ni beneficiará a ninguno. En el burdel es donde la nueva escenografía, más bien monocromática desde el comienzo, se separa aún más de la puesta original de Giorgiadis, y lleva a preguntarse por la renovación que emprendió la diseñadora italiana Cinzia Lo Pazio. El programa de mano da una respuesta: se explica que la producción (también es nuevo el vestuario) fue concebida para representar “la fragilidad del mundo de Manon y su redención final” como “un invernadero victoriano enorme y abandonado”. Incluso en el final, la muerte llega a un escenario despojado de ciénagas y pantanos, en una apuesta más diáfana. En la huida final, Manon y Des Grieux se encaminan al desenlace en un desgarrador y trágico dúoCarlos VillamayorManon, prisionera, deportada por prostitución, y violada por su carcelero, emprende una última huida con Des Grieux, que a pesar de su inclaudicable intento por mantenerla en pie no encontrará la forma de lograrlo. La contundencia del tercer acto recala en los superlativos intérpretes de una coreografía que definitivamente hace jirones lo que quedaba de la historia de amor. Mundanos, exhaustos, con la emocionalidad a flor de piel, no hay dos bailarines en escena sino dos amantes que asisten a un trágico desenlace.Por Constanza Bertolini
El desgarrador drama de “Manon”, en la extraordinaria interpretación de una pareja que abraza el Ballet Estable
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