El desafío de recibir al Papa bajo diferentes paraguas

El desafío de recibir al Papa bajo diferentes paraguas

La sequía ya era insoportable. Los campos estaban mucho más amarillos que verdes. La tierra prácticamente crujía. Y en aquel pueblito rural judío, muy pobre,-el típico pueblito de la estepa rusa de hace unos 150 años- la gente creía que lo que sucedía con el clima tenía que ver exclusivamente con sus propias acciones, y que el único modo de dar vuelta ese veredicto divino era a través del arrepentimiento y la oración.Decretaron entonces un día de ayuno, desde el amanecer hasta el anochecer, para todo el pueblo. Nadie estaría exento. La profundidad y la duración de la sequía lo ameritaba.Cuando ya estaba atardeciendo y todos se dirigían presurosos hacia la sinagoga para concluir el ayuno con el último servicio religioso, se dieron cuenta de que faltaba el rabino. Decidieron ir a buscarlo a su casa, que quedaba a pocas cuadras del templo.Golpearon a su puerta y le dijeron: -Rabino, lo estamos esperando. -¿Para qué? -contestó. -¿Cómo para qué? Está terminando el día de ayuno, y nos falta la última oración. -Pero ¿para qué tendría yo que ir a la sinagoga? -señaló muy tranquilo. Sorprendidos, le dijeron: “Es que necesitamos que vuelva la lluvia, y si usted no viene, vemos muy difícil que eso suceda”. El rabino cerró el libro que estaba leyendo y, con un poco de pesar y lamento, les dijo: “Como ven, mi casa está en la calle principal del pueblo y desde esta misma ventana he visto a casi todos los vecinos pasar por acá para ir a la sinagoga a pedir por la lluvia después de todo este día de ayuno y oración. Y, sin embargo, no había nadie llevando un paraguas. ¿Para qué voy a ir? Ustedes no tienen fe”-Ya volveremos a esa preciosa historia, pero mientras tanto se me aparecen algunos interrogantes: ¿Qué implica la visita de un Papa? ¿A qué debería movernos? ¿Qué tiene para opinar un rabino acerca de la llegada a nuestro país de la máxima autoridad de la iglesia católica? Me parece que -claramente- hay mucho por decir, y que hay mucho más por aprender.Ahora León XIV pisará suelo argentino. Y en la tradición judía, cuando nos hallamos frente a un sabio de la humanidad, es costumbre pronunciar una bendición. En castellano reza: “Bendito seas, Dios nuestro, soberano del universo, que le has entregado de tu sabiduría al ser humano”.Semejante bendición trasluce un par de ideas cardinales. Por un lado, reconoce que la fuente de toda nuestra sabiduría, en última instancia, proviene del Creador. Asimismo, apunta a comprender que cada uno de nosotros tiene algunas cuotas partes de dicha sapiencia, y que –por supuesto- habrá quienes se caractericen por recibir una gran porción.Lo que ha hecho este flamante Papa, especialmente a través de su encíclica “Magnifica Humanitas” se enmarca sin dudas en esta dimensión, poniendo la lupa en las preguntas y en los dilemas más profundos y acuciantes con los que la Inteligencia Artificial está provocando a la humanidad. En esos majestuosos párrafos que nos vuelven a conectar con viejas historias de la Biblia Hebrea como la de la Torre de Babel y la de la reconstrucción de la ciudad de Jerusalén, León XIV despliega una sabiduría igual de honda que de atrevida, milenaria y posmoderna a la vez.Pero el que es sabio no lo es solamente por sus conocimientos, o por poder vislumbrar a través de ellos lo que sucederá más adelante. Según nuestros propios sabios, tal vez la categoría más alta de la sabiduría resida en la capacidad de convertir a un enemigo en un amigo. Ya no se trata aquí de una sabiduría conceptual, sino de una conciencia relacional, de un saber y un saberse vincular.Como argentinos necesitamos de ambas. Precisamos estar muy atentos a lo que se viene, para no ser atropellados por una realidad tan masiva y tan intrusiva como nunca la hubo en la historia humana.Y a la vez nos hace mucha falta volver a amigarnos para salir de esas malditas grietas que solamente nos horadan y van haciéndonos cada vez menos gente.Ahora que vamos a estar bien “empapados”, sería una pena que todo esto quede adormecido entre palabras y fotos. El desafío más bello será, entonces, recibir al Papa cada uno con su paraguas, y juntos -todos juntos- poder así frenar la sequía.

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