PARIS.– Ya no se trata de Jeeps, de arsenales ilegales ni de madres en duelo. Este martes 15 de septiembre de 2026, en el séptimo día del juicio ante el Tribunal en lo Criminal de París, la muerte se manifestó de nuevo en la sala Voltaire, con el rostro de Shaun Hegarty.El antiguo tres cuartos del Biarritz Olympique impresiona por su porte: traje azul marino, pantalón beige y una estatura de 1,85 m. Hegarty ocupa plenamente el estrado. Sin embargo, su voz delata una vacilación, quebrándose por momentos. Lleva más de cuatro años esperando este instante. El 19 de marzo de 2022, se encontraba a solo cinco metros de Federico Martin Aramburú cuando diez disparos resonaron en el boulevard Saint-Germain. Hoy, la sala está abarrotada.Desde el inicio de su declaración, afirma: “Gracias por escucharme, debo confesar que estoy algo emocionado. Llevo más de cuatro años esperando este momento”. Desea ser un “testigo objetivo” y no una parte acusadora impulsada por la venganza. Recuerda 2004, en Biarritz, su encuentro con Fede. “Pronto forjamos una amistad sincera”, recuerda, evocando los dos títulos de campeón en 2005 y 2006, la posición que compartían y la rivalidad convertida en hermandad. Después, llegó Esprit Basque, su empresa de eventos. Dos amigos que lo compartieron todo, hasta esa noche trágica.El mural en homenaje a Federico Martín Aramburú, pintado por Bur en Biarritz.BUR / Arthur Millot - instagram.com/bur_artist/Hegarty continúa su relato. Medianoche, en la calle de la Soif, en Saint-Germain, donde se dan cita todos los rugbiers que pasan por la capital francesa. Fede acababa de anunciarle que su empresa trabajaría para la Copa del Mundo de 2023. “Nos abrazamos, nos reímos, bailamos”, rememora. Al amanecer, toman la última copa en el Mabillon, sentados frente a la mesa de Loïk Le Priol, Romain Bouvier y Lyson R.Al principio, “todo el mundo ríe, todo va bien”, cuenta. Luego, el tono cambia. Se empieza a hablar de los orígenes. Bouvier señala al suelo y declara: “Nosotros somos de aquí”. Hegarty, en tono burlón, replica: “¿Pero de dónde, de aquí? ¿De la vereda?”. En el banquillo, Le Priol que mira sus zapatos, niega con la cabeza, en claro desacuerdo.La otra mesa se involucra y la tensión aumenta. Hegarty intenta calmar las aguas: “Dejalo pasar, no sirve de nada”. Es entonces cuando Le Priol se levanta y le da tres golpecitos en el hombro: “Tenía que tener cuidado, él sabe pelear y viene de las fuerzas especiales”, precisa. Interviene la seguridad. Hegarty, estupefacto, permanece sentado: “Es una auténtica provocación, seamos sinceros”, dice.Para desescalar la situación, intenta usar la ironía. Se levanta y le pregunta a Le Priol: “¿No tenés un cigarrillo? Para pasar página”. Luego paga y sale con Fede. Y es ese gesto el que ha atormentado al juicio durante una semana: en las cámaras de vigilancia se ve a Aramburu tirar violentamente de la capucha de Le Priol, haciéndolo caer de la silla.Loik Le Priol, detenido por el crimen de Federico Martín Aramburú, en una imagen de archivo, al volante del jeep verde“Fue la primera vez que veía a Federico tener un gesto de enojo semejante”, asegura Hegarty. “Estuvo en muchas fiestas y era la primera vez que lo veía actuar de esa manera. Para mí, eso significa que no aceptó lo que se dijo. Estalla una primera pelea, de unos 10 o 12 segundos, con intercambio de golpes, hasta que los camareros intervienen para separar a los implicados.Los dos rugbiers abandonan el lugar y suben por el bulevar Saint-Germain. Se detienen en un hotel para pedir hielo para sus pómulos inflamados. Y entonces aparece el Jeep. Ese Jeep militar estadounidense aparcado frente al Mabillon, que pasa lentamente, mientras una voz masculina clara lanza: “Ahí están”.Bouvier se dirige a Fede. Hegarty está a cinco metros. Y Bouvier dispara. Dos balas. “Oí algo como pequeños petardos mojados. Para mí, era un arma de juguete. No entiendo que Federico resultara herido”, dice. Una disociación total.Luego, Le Priol llega a pie. Se produce un forcejeo en el suelo. “Sé que caen al suelo, intento intervenir, pero no sirvo de nada. Le Priol le dispara y vacía el cargador”. Fede se desploma sobre los tachos de basura y yace en la calzada. Hegarty se acerca: “Federico me dice: ‘Shaun, llama a la policía, me voy a morir’. Recién ahí es cuando caigo en la realidad”, relata.Silencio en la sala. La viuda de Fede, en la primera fila, llora en silencio. “La gente intenta reanimarlo, pero yo sé que se ha ido...”, susurra Hegarty.ARCHIVO - El rugbier argentino Federico Martín Aramburú durante el partido contra Georgia en la Copa del Mundo el 11 de septiembre de 2007, en Lyon, FranciaMark Baker - APEs aquí cuando el testigo objetivo vuelve a ser parte acusadora. El presidente le pregunta qué espera del juicio. La represa se rompe: “Siempre tuve la esperanza de que los acusados pudieran retractarse de sus actos, de que admitieran haber actuado de forma irresponsable y mostraran cierta humanidad. No tengo la impresión de que vaya a ser así. Para mí, son peligrosos. Merecen estar en prisión el mayor tiempo posible”. Y añade, con dureza: “Dicen perdón, pero no son perdones de verdad. No me corresponde a mí juzgar, dejo que se haga justicia”.Ante la defensa que alega legítima defensa y disparos de advertencia, Hegarty es categórico: “No realizó ningún disparo de advertencia. Le disparó claramente para matarlo. Es mi convicción más profunda”.Momento de tensión cuando el abogado de Le Priol, Pierre-Henri Baert, menciona la “bolsa de hielo” con la que Hegarty habría golpeado a su cliente. “Es un trapo, no una bolsa”, corrige Hegarty, molesto. “Si realmente hubiera querido hacerle daño al señor Le Priol, habría soltado ese trapo lleno de hielo. Ese trapo, al final, me impidió golpear”, afirma. El abogado insiste: “Está establecido que el Sr. Le Priol solo sacó su arma tras recibir ese golpe”. Respuesta mordaz: “¿Qué pensó al venir a buscarnos? ¿En qué momento se hace algo así? La realidad es que vino desde el Mabillon para encontrarnos”.En el banquillo, los dos acusados no se han movido. Le Priol, de 32 años, excomando de la marina expulsado, mantiene la cabeza baja. Bouvier, de 35 años, permanece inmóvil. Sin reacciones.Objetivo del día: Para la parte acusadora, consolidar definitivamente la premeditación. Con Hegarty, el último superviviente de la escena, ya no se trata de diseccionar una carrera militar “irregular” o una infancia feliz en La Plata, sino de demostrar la caza del hombre: el Jeep que regresa, el “ya están aquí”, las diez detonaciones, de las cuales seis ocurrieron en cuatro segundos. Para la defensa de Le Priol, mantener la línea de la legítima defensa a pesar del testimonio abrumador: “Sin advertencia, apuntó para matar”, aseguró Hagerty. Para la defensa de Bouvier, intentar disociar a su cliente del tirador principal, insistiendo en el puñetazo de la primera pelea. Para el tribunal, por último, escuchar la frase que cambió el rumbo de la audiencia: “Le apuntó. Disparó para matarlo”.María, la viuda de Martín Aramburú, junto a Cecilia Aramburú, la mamá del rugbier asesinado, al salir del Tribunal de París, ayerKENZO TRIBOUILLARD - AFPLa audiencia de la tarde estuvo consagrada a los testigos del café. Jérémy, un cliente jovial presente esa noche, recuerda un intercambio con Bouvier y Lyson R., pero uno más tenso con Le Priol. No recuerda las palabras exactas del insulto, pero la ofensa permanece. Sébastien, camarero desde hace tres años en el Mabillon, describe a clientes habituales que vienen “una vez a la semana” y peleas “que no son semanales, sino tal vez cada tres meses”, casi siempre entre las dos y las cinco de la madrugada, cuando el alcohol ya ha hecho efecto. Aquella noche intentó calmar a Federico, delante de la boutique Chevignon, a pocos pasos del Mabillon: “Lo tiré al suelo. Creo que funcionó. Se levantó y me ayudó a levantarme”, relató. Le Priol, más alterado, gritaba al marcharse: “Lo voy a matar”. Una frase que Sébastien, esa noche, no se tomó en serio: “Ya me han dicho ‘te voy a matar’ y sigo vivo”, insiste.Después escuchó los disparos y pensó que era ruido de contenedores de basura. Pero vio un hombre titubear y caer. Era Federico. Le practicó un masaje cardiaco, vio girofaros y consiguió detener a un auto de la policía. “Si hubiese visto el arma… Si la hubiera visto, nunca habría dejado partir a Le Priol”, responde a una pregunta de Yann Le Bras, abogado de la familia Aramburú.Shaun Hegarty, el amigo de Martín Aramburú, eje del martes en el jucio por la muerte del argentinoKENZO TRIBOUILLARD - AFPEl último testigo del día, Ouari, un portero de aspecto imponente como un primera línea, comenzó su relato con las tres bofetadas que Le Priol le dio a Shaun Hagerty. “Intervine para decirle que eso no se hacía”, precisa y finalmente cierra su intervención con una imagen escalofriante: Le Priol sacando un brazalete de policía, poniéndoselo y mostrando una pistola mientras introducía las balas en el tambor y repitiendo tres veces “lo voy a matar, lo voy a matar, lo voy a matar”. “Cuando vi su arma, pensé que tal vez ese sería mi último día. Sacar un arma y cargarla de esa manera... se notaba su determinación. Creí que me iba a matar”, confiesa. Y agrega: “Creí que de verdad era policía. Le dije que iba a perder su credencial”. Unos minutos después, se oyeron los disparos.A pesar de algunas imprecisiones señaladas con energía por el abogado de la defensa, el presidente del tribunal le indica que esa noche hizo bien su trabajo. Pero Ouari responde: “No, si hubiera intervenido correctamente, el señor rugbier seguiría con vida”. La víspera de esta séptima jornada fue otra voz la que hizo estremecer la sala: la de Cecilia Aramburu, la madre de Federico. Relató aquella noche de marzo de 2022 en la que dormía junto a su nieta de cuatro años y fue despertada por su marido. Al principio, estaba convencida de que venía a darle una buena noticia, antes de comprender que su hijo había sido abatido, apenas unas horas antes, en una calle de París. Más de cuatro años después, su indignación no ha perdido ni un ápice de su dureza frente a los acusados. Es una frase suya, lanzada como un veredicto anticipado, la que siguió resonando este martes en los pasillos del Palacio de Justicia: “Son unos criminales que no saben lo que es la humanidad”.El juicio por la muerte de Federico Martín AramburúFederico Martín AramburúFrancia
El conmovedor relato del íntimo amigo de Federico Martín Aramburú: “Llevo más de cuatro años esperando este momento”
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