PARÍS.– Hasta hace pocos meses, Bally Bagayoko era sobre todo una figura de peso en la periferia norte de París. Su victoria en Saint-Denis lo había convertido en uno de los alcaldes más observados de Francia y en un símbolo del avance político de una generación surgida de los barrios populares. Pero la ola de protestas estudiantiles que sacude al país terminó de proyectarlo a otra escala.En los últimos días, el alcalde de Saint-Denis apareció una y otra vez en las calles junto a estudiantes secundarios y universitarios. La escena que más circuló ocurrió durante la marcha del martes en París: Bagayoko avanzaba entre los manifestantes cuando intentó frenar un choque con la policía. Extendió los brazos frente a los agentes, pidió que se detuvieran y poco después fue alcanzado por gases lacrimógenos.Un alcalde francés fue gaseado en las protestasLas imágenes se viralizaron y reforzaron su condición de una de las figuras políticas más visibles de las protestas.Después de la marcha, Bagayoko difundió un mensaje en X en el que cuestionó con dureza la respuesta policial y pidió cambios urgentes en los operativos.“Fui testigo de un uso totalmente desproporcionado de la fuerza frente a jóvenes que solo piden ser escuchados”, escribió.También interpeló directamente al ministro del Interior, Laurent Nuñez, y reclamó que se revisaran las órdenes impartidas a las fuerzas de seguridad “antes de que ocurra una tragedia”.Pero el alcalde combinó ese respaldo con un llamado explícito a evitar nuevos choques.“Sus reivindicaciones son justas. Continúen organizándose y haciendo oír su voz. Pero no cedan a ninguna provocación. Manténganse unidos y no violentos”, señaló.Su mensaje buscó marcar una diferencia importante en medio de la controversia que ya lo rodeaba. Días antes, Bagayoko había generado críticas después de afirmar que la violencia podía ser “legítima” en algunas circunstancias. Más tarde matizó esas palabras y sostuvo que la confrontación no debía convertirse en el método de acción del movimiento.Policías rocían a estudiantes durante una protesta por la falta de recursos en las escuelas, cerca de la universidad Sciences Po, en ParísThibault Camus - APDesde entonces, sectores de la derecha y la extrema derecha lo acusan de haber contribuido a alimentar la movilización, mientras dirigentes de La Francia Insumisa sostienen que su presencia responde a la necesidad de acompañar reclamos sociales surgidos desde abajo.Un alcalde salido de la periferiaBagayoko tiene 53 años, es hijo de inmigrantes malienses y durante años estuvo estrechamente ligado a Saint-Denis, tanto desde la política local como desde el deporte. Fue jugador semiprofesional de básquet y mantuvo una fuerte presencia en clubes y organizaciones barriales antes de llegar a la alcaldía.En marzo ganó las elecciones municipales en primera vuelta con el 50,77% de los votos.Su triunfo tuvo un enorme peso simbólico: se convirtió en el primer alcalde negro y musulmán de una gran ciudad francesa.El alcalde de Saint-Denis, Bally Bagayoko, observa una concentración de estudiantes secundarios durante las protestas por las condiciones educativas, en Saint-DenisKENZO TRIBOUILLARD - AFPSaint-Denis tiene además una carga política particular. Es uno de los municipios más importantes del departamento de Seine-Saint-Denis, al norte de París, una zona marcada por la inmigración, las desigualdades sociales y una población especialmente joven.Durante décadas, esa periferia quedó asociada en el imaginario francés con la marginalidad, los disturbios y las dificultades de integración. Pero en los últimos años también surgió allí una nueva generación de dirigentes, profesionales y cuadros políticos hijos o nietos de inmigrantes.Bagayoko se presenta como parte de esa transformación.En su discurso público suele insistir en que Francia cambió más rápido que muchas de sus instituciones y que la representación política todavía no refleja del todo esa mutación social.Su llegada a la alcaldía estuvo acompañada por una fuerte exposición mediática y por ataques racistas. Después de su elección recibió insultos, amenazas y mensajes anónimos, lo que derivó en una movilización contra el racismo en Saint-Denis.También se convirtió en una figura importante dentro de La Francia Insumisa, el partido de Jean-Luc Mélenchon, que intenta consolidar su presencia en los suburbios de París de cara a las elecciones presidenciales de 2027. Saint-Denis es una pieza central de esa estrategia.Un personaje polémicoLa actual crisis estudiantil le permitió a Bagayoko reforzar un perfil distinto al del dirigente partidario tradicional. Desde el comienzo de las protestas se acercó a los colegios bloqueados, habló con alumnos y docentes y respaldó públicamente sus reclamos.El alcalde de Saint-Denis, Bally Bagayoko, posa con un transeúnte mientras estudiantes secundarios se concentran durante las protestas por las condiciones educativas, en Saint-DenisKENZO TRIBOUILLARD - AFPLos estudiantes denuncian desde hace semanas la falta de profesores, la sobrecarga horaria y el deterioro de numerosos edificios escolares. Las protestas comenzaron en distintos puntos de la periferia parisina y rápidamente se extendieron a otras ciudades.Bagayoko decidió involucrarse de forma directa. Su presencia junto a los manifestantes hizo que apareciera no solo como un dirigente de LFI, sino también como un intermediario entre los jóvenes, la policía y el gobierno.Ese rol quedó en evidencia durante la manifestación del martes. Mientras crecían los enfrentamientos, intentó colocarse entre ambas partes y terminó afectado por los gases.Poco después escribió que las protestas debían continuar, aunque sin caer en provocaciones ni episodios violentos. “Es por su número y su determinación que obligarán al gobierno a escucharlos”, señaló.Su ascenso no está exento de controversias. Además de las críticas por su posición frente a las protestas, Bagayoko enfrenta una investigación preliminar vinculada con las condiciones de su empleo en la empresa pública de transporte RATP mientras ejercía cargos políticos locales.El alcalde rechazó las acusaciones y aseguró que colaborará con la Justicia.Estudiantes corean consignas frente a una escuela secundaria bloqueada durante una protesta por la falta de recursos, en ParísThibault Camus - APAdemás, la discusión adquiere una dimensión mayor porque Francia ya entró en clima preelectoral.Saint-Denis forma parte de los territorios que pueden resultar decisivos para una izquierda que intenta movilizar a jóvenes, trabajadores y sectores de origen inmigrante con altos niveles de abstención. Agencias AFP y ReutersFranciaEmmanuel Macron
El alcalde que se puso como escudo entre estudiantes y policías, terminó gaseado y emergió como figura de las protestas
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