La recorrida por la Argentina de un grupo de productores ganaderos de Alabama tuvo una parada especialmente significativa en el Mercado Agroganadero de Cañuelas (MAG). Acostumbrados a un sistema de comercialización diferente, los visitantes pudieron conocer de primera mano el funcionamiento de una plaza que, por sus dimensiones, volumen y características, constituye una referencia singular para la ganadería argentina y un ámbito donde la formación de precios surge de la interacción entre oferta y demanda.En ese contexto, Clarín Rural conversó con dos de los integrantes de la delegación: Chris Carroll, productor del sudeste de Alabama, y Jimmy Parnell, productor ganadero y presidente de la Asociación de Productores de Alabama (ALFA).El rodeo estadounidense atraviesa una etapa de fuerte restricción de oferta a partir de lo que Carroll define como una “tormenta perfecta”. Por un lado, extensas regiones ganaderas de Estados Unidos sufrieron sequías e incendios que obligaron a los productores a desprenderse de animales. Por otro, durante varios años los precios del ganado fueron poco atractivos y limitaron la rentabilidad de la actividad. A eso, Parnell agrega un tercer elemento estructural: el envejecimiento de los productores y la dificultad para lograr el recambio generacional.La consecuencia de ese proceso es una menor disponibilidad de hacienda y, por lo tanto, una mayor presión sobre el precio de la carne. El stock bovino en los Estados Unidos cayó a 86,2 millones de cabezas a principios de 2026, el nivel más bajo de los últimos 75 años.Tal como sucede en Argentina, el escenario empieza a modificar las decisiones de los ganaderos: con valores más favorables, Parnell y Carroll esperan que se empiece a observar una recomposición del rodeo, aunque advierten que para eso será necesario retener hembras que todavía se están enviando a los corrales de engorde.“Ahora mismo estamos en un buen momento para el negocio después de varios años de dificultades”, señaló Parnell, quien explicó que los productores finalmente están recuperando rentabilidad. Luego agrega que Alabama tuvo una situación relativamente favorable frente a otras zonas del país, ya que contó con mejores condiciones climáticas durante el período en que la sequía castigó especialmente al centro y al Medio Oeste estadounidense.En ese contexto debe interpretarse la decisión de Donald Trump de facilitar el ingreso de carne vacuna importada con el objetivo de incrementar la oferta y contener los precios que paga el consumidor, medida que genera una posición incómoda entre los productores. “Voy a ser sincero con vos, no es una medida muy favorable para nosotros”, dijo Carroll. Y Parnell, que respalda políticamente a Trump, consideró “comprensible” el objetivo de ofrecer alimentos a menor precio, pero cuestionó el momento elegido para abrir el mercado. Según explicó, el anuncio de la importación de 300.000 toneladas de carne sin aranceles durante 90 días coincidió con una época del año en la que muchos productores estadounidenses venden terneros y vacas, por lo que el ingreso de carne importada terminó presionando a la baja los valores de la hacienda. “Está intentando bajar el precio de los alimentos para el ciudadano promedio de los Estados Unidos, y eso es loable”, reconoció. Ambos coincidieron en que la importación puede aportar un volumen de carne necesario mientras se intenta recuperar el rodeo doméstico, algo que no será fácil considerando la tendencia.Las diferencias entre Argentina y Estados Unidos quedaron expuestas durante la visita. El menor tamaño de la hacienda Argentina no fue algo que llamara demasiado la atención de los visitantes, que se mostraron muy satisfechos con la calidad de los animales.Donde sí observaron diferencias es en el sistema productivo, que en Estados Unidos -o al menos en Alabama- parece estar más dividido entre diferentes actores, no es tan comun encontrar productores que puedan realizar el ciclo completo. Carroll, por ejemplo, ocupa un eslabón intermedio entre los productores de cría y los feedlots: compra terneros de alrededor de 180 a 225 kilos, los agrupa, vacuna y prepara para enviarlos a los corrales de terminación del Medio Oeste.En cuanto a la escala, según comentaron, en el sudeste estadounidense el productor promedio puede manejar apenas unas 30 vacas. Y tal como se dijo, la terminación estadounidense lleva los animales a pesos mucho más altos, en torno a los 670 kilos.Más allá de las diferencias, los visitantes se llevaron una muy buena impresión de la ganadería argentina, especialmente de la calidad de las vacas y de la genética. Parnell aseguró que estaría orgulloso de contar en Estados Unidos con animales como los que pudo observar en la región pampeana y destacó que existen oportunidades de intercambio genético entre ambos países. Incluso señaló que parte de la genética utilizada en su propio rodeo de Shorthorn tiene origen argentino. Carroll, por su parte, se mostró impresionado por los rodeos Angus que visitó y consideró que la genética argentina es de muy buen nivel.Respecto al producto final, por supuesto que el grupo estadounidense probó diversos cortes locales y se los vio muy satisfechos, a pesar de observar que se trataba de piezas de menor tamaño y menor grado de marmoreo que los que predominan en Estados Unidos.
Desde el mercado de Cañuelas, ganaderos estadounidenses explican por qué tienen el menor stock en 75 años
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