De súbditos a ciudadanos: los comuneros castellanos

De súbditos a ciudadanos: los comuneros castellanos

El 6 de noviembre de 1519, don Juan de Padilla, hidalgo de Toledo, le escribió una carta a Carlos I de España. En ese texto declaraba que tanto esta ciudad como otras de Castilla no pensaban abonarle ni un céntimo de lo que el monarca reclamaba en concepto de impuestos. Como primera razón esgrimían que la cifra era descomunal y después argumentaban que esos fondos no iban a ser utilizados en Castilla porque estaban destinados a sobornar electores del Sacro Imperio Romano.El abuelo paterno de Carlos, el emperador Maximiliano I, estaba a punto de morir y su nieto necesitaba mucho dinero para coronarse como el quinto emperador en llevar ese nombre.Carlos había ascendido al trono español por la incapacidad de su madre, Juana, llamada la Loca. Criado en Flandes, de donde era oriundo su padre, Felipe el Hermoso, recién volvió a España a los 16 años, casi sin conocer el idioma.Llegó acompañado por una corte de amigos flamencos entre los que distribuyó los puestos más prominentes de su gobierno, creando malestar entre los nobles hispanos.No bien arribó y después de liarse con Germana de Foix, viuda de su abuelo materno, Fernando el Católico (con quien tuvo una hija no reconocida), recorrió las distintas cortes españolas exigiendo una cifra astronómica a fin de comprar voluntades para ser proclamado emperador.El primero en poner freno a este reclamo fue el ya mencionado Juan de Padilla, que enseguida tuvo eco en otras ciudades. Estos rebeldes castellanos se hacían llamar “comuneros”.La queja subió de tono y los gritos pasaron a las manos. Pronto los comuneros se alzaron contra el rey e intentaron restituir a Juana al trono de España, cosa a la que ella se negó con una lucidez que los desconcertó.En su ausencia, Carlos había dejado como regente a su amigo, el cardenal Adriano de Utrecht. Las fuerzas realistas vencieron a los comuneros en la batalla de Villalar y los principales dirigentes, Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado, fueron ejecutados el 24 de abril de 1521.El papa Clemente VII se enfrentó a Carlos I en el contexto de las disputas políticas y militares de la época. En mayo de 1527, las tropas imperiales conformadas por mercenarios alemanes que no habían recibido la paga prometida, saquearon Roma.Carlos premió la lealtad de Adriano de Utrecht apoyando su ascenso al trono de San Pedro bajo el nombre de Adriano VI.Huyendo de la represión, muchos comuneros viajaron a América, donde los reclamos ante los excesos se multiplicaron en Paraguay (1717 y 1785) y en Nueva Granada en 1781.En la propia España se mantuvieron frases que los comuneros habían hecho populares: “Nadie es más que nadie” o “La libertad concedida no es libertad, sino fuero”.En 1821, después de la Revuelta de Riego, los liberales y masones presionaron para imponer la Constitución de 1812, más conocida como “La Pepa” por haber sido promulgada el día de San José.Esta Constitución limitaba el absolutismo de Fernando VII. Siguiendo este espíritu antimonárquico, apareció la Confederación de Comuneros Españoles, cuyo órgano de difusión llevaba el nombre de la víctima de la represión, “El Eco de Padilla”.En el aniversario de la batalla de Villalar, Juan Martín Díez, “el Empecinado” (a quien aquí vemos retratado por Goya), famoso por haber hostigado a las tropas napoleónicas durante la Guerra de Independencia, ordenó investigar la ubicación de los restos de los jefes comuneros, entre ellos Padilla, para honrarlos debidamente.“El Empecinado”, como otros líderes liberales, fue ejecutado por orden de Fernando VII.Los comuneros castellanos pasaron a la historia por cuestionar el poder absoluto de un régimen, marcando el rumbo que lleva a los súbditos sometidos a convertirse en ciudadanos que se resisten al abuso del poder.

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