En un departamento ubicado en el undécimo piso de un edificio de Villa Crespo vive la pareja de músicos Franco Luciani (44) y Victoria Birchner (35) con su hijo de cinco años, Arandú, y su perrita adoptada, Greta.“Mientras afuera tenemos la calle Corrientes, y pasan los autos y las bocinas y todo, nosotros estamos acá adentro tranquilos y creando”, dice Birchner en la mañana en que recibió a Clarín en su hogar.Rodeados por plantas colgadas en las paredes, instrumentos musicales, retratos de la familia en la biblioteca y una pizarra de juguete en el living, por primera vez en diez años de relación lanzaron su primer álbum juntos y lo titularon Como en casa.Con once temas del cancionero popular y piezas recientes —que incluyen clásicos de la música argentina, creaciones del nuevo repertorio como Gajito i' luna, y dos obras inéditas con música de Luciani—, el álbum se grabó en Los Elefantes, el histórico estudio de Lito Vitale.“El proceso de grabación se dio de manera natural y nuestra relación también se desarrolló así desde el principio”, comenta Luciani.Un amor que empezó a la distanciaCuando Victoria Birchner era chica, se quedó hipnotizada la primera vez que vio a Soledad en la televisión, arriba del escenario y revoleando un poncho mientras cantaba.“Yo conocí el repertorio folclórico a través de su voz y jugaba un poco a ser ella. Después, con el tiempo, empecé a estudiar música en Rafaela, en mi ciudad natal, y ahí fui conociendo otros sonidos”.A los 15, sus abuelos la llevaron a un concierto de su pueblo en donde tocaba un armonicista llamado Franco Luciani. El joven había ganado el Pre Cosquín tras haber deslumbrado al tocar con maestría un instrumento que muy pocos dominaban.Por aquella destreza y por ser rosarino como el astro de la Selección Argentina, Luciani empezaría a ser llamado "el Messi de la armónica”. Aquel día en que se conocieron gracias al show, la abuela de Victoria le pidió que fuera a pedirle al músico su correo electrónico para dárselo a un tío suyo.“Pero no pasó nada romántico entre nosotros en aquel entonces”, aclara Victoria.Tras terminar el colegio, la artista empezó a estudiar música en la Universidad de Rosario y pasó tiempo hasta que volvieron a cruzarse.“Diez años después se me escapó una solicitud en Facebook”, admite Victoria, entre risas.-¿Y quién dio el primer paso?Franco: -Yo le escribí, pero no como colegas. Vi que estaba en Rosario y pensé que era de ahí. Yo ya estaba viviendo en Buenos Aires. Victoria: -Pero en aquel momento yo estaba en Rafaela. Estuvimos más de un mes en contacto, hasta que fui a Buenos Aires a conocerlo. Y llegué con un bolsito a la casa. Nos veíamos primero una vez al mes, después los fines de semana y después toda la semana. Y cuando me mudé a la ciudad, fue a un espacio que alquilamos para los dos.-¿Cómo fue la convivencia?V: El día que llegué al departamento, él se fue de gira casi dos meses. Así que estuve sola en la ciudad todo ese tiempo, fue terrible. Ahora ya cada uno tiene sus viajes laborales y es sano extrañarse y reencontrarse. Me recuerda a lo que vivíamos al principio, al vivir yo en Rosario y él acá.F: Cuando llegué a Ezeiza, más que el cartelito de "Bienvenido" tenía un cartel de "Despedido" (risas). Durante un tiempo convivimos con normalidad, hasta que cayó la pandemia y tuvimos un hijo.-Victoria, en un par de ocasiones hablaste de lo que implica ser música y a la vez ser madre. ¿Cómo lo llevás hoy en día?V: -Estoy fascinada con la maternidad en el sentido de que te cambia totalmente el orden de prioridades. Me pasa que por mi profesión una a veces está pendiente de las redes sociales, las plataformas, y llegás a pensar: "Uy, tengo que hacerlo más rápido o tendría que haber hecho tal cosa". Y está la maternidad para recordarte: "Frená un poquito, ahora tenés que hacer esto, después lo otro".-Franco, ¿y a vos cómo te transformó la paternidad?F: Voy aprendiendo con la crianza de mi hijo que hay instantes puntuales que nunca vuelven. Y, de la misma manera que no regresan, tampoco se trata de apurarse.Un álbum hecho en casaComo en casa nació por la pasión compartida por la música, las zapadas con amigos y las sobremesas íntimas. Antes de materializarse en un álbum, el proyecto fue un concierto a sala llena que brindaron en Café Berlín, en el barrio porteño de Villa Devoto.Si bien todas las sesiones tuvieron su magia, hubo una en particular en los estudios de Lito Vitale que conmovió profundamente a los artistas: Todos los días un poco, clásico de León Gieco que contó con la participación del propio autor.Aunque Franco ya había colaborado en el pasado con el artista en una versión de Canción para Carito, Victoria soñaba con grabar una canción con él.“Franco es como mi genio de la lámpara: tengo un deseo y él me lo cumple. Puedo decir que me cumplió este sueño y fue muy hermoso”, relata Birchner.Así, la jornada en que grabaron la pista reunió dos armónicas, la de León y la de Franco, cada una con su impronta, y las tres voces al unísono.“Cuando llega el turno de León de cantar, lo escucho a través de mis auriculares y fue muy emocionante, porque era como tenerlo cantando en el living de mi casa. León fue muy generoso y cálido con nosotros”, dice Birchner.-¿Por qué decidieron publicar un álbum ahora y no antes?V: Se dio de una forma natural esto de abrir las puertas de casa y compartir lo que veníamos tocando puertas adentro. Nuestra forma de hacer música, al igual que nuestra relación, siempre fue distendida y sin autoexigencias. Me animo a hablar por los dos al afirmar que creemos profundamente en la construcción y en el andar... como decía Yupanqui, que en el camino hay infinitas llegadas.-¿Cómo seleccionaron las canciones? V: Algunas canciones las elegimos mientras lavábamos los platos o cocinábamos.F: Claro, porque la música suena constantemente en nuestro hogar, pero también se charla. El repertorio empezó a cobrar forma hace un año, cuando comenzamos a ensayarlo con el maestro Hernán Reinaudo en guitarra. Ella (señalando a Victoria) me propuso incluir otros temas de mi autoría y la idea me encantó. Así grabamos Tierrita —con poesía de Néstor Elías— y Mi copla enredadera –con versos de Raimundo Rosales—.V: A mí siempre me sedujo esa convivencia de estilos, lo hice desde mi primer disco, integrar en el repertorio clásicos junto a obras contemporáneas. Hay que seguir nutriendo y sembrando el cancionero popular argentino. También hay matices poéticos y sumé la lectura de un poema de Gabriela Mistral en Tierrita.-¿Arandú intervino de algún modo en ese proceso?V: Cuando ensayamos en casa, él se queda jugando. Capaz le queda resonando alguna melodía y la mezcla con otra que aprendió en el jardín. Tiene un teclado que era mío cuando era chica y a veces saca temas, tiene un oído increíble.F: El otro día, cuando grabamos el tema con León Gieco, estábamos repasando una parte y él completó la frase: "todos los días un poco". No buscamos forzarlo con la música, dejamos que sea libre.-¿Cuál es la pieza del álbum que más disfrutan interpretar en vivo?F: Es una pregunta difícil porque buscamos un repertorio amplio, con chacareras, zambas, aires del litoral...V: Hay dos momentos que me movilizan. Uno es cuando hacemos De mi madre, zamba que descubrí en la voz de Soledad. De niña jugaba a cantársela a mi mamá, aunque me daba timidez y no me atrevía a decírselo, hasta que un día lo logré. La otra es Gajito i' luna, de José Luis Aguirre. Me conmueve tanto al interpretarla en vivo que necesito respirar hondo para no quebrarme. Le augura a un hijo bendiciones muy alejadas de lo material, especialmente cuando dice que le desea "un patio grandote llamado país".Franco Luciani y Victoria Birchner presentarán su álbum en dos fechas destacadas: el 28 de noviembre con entrada libre en Plataforma Lavardén (Rosario) y el 5 de diciembre en el Teatro Margarita Xirgu (Buenos Aires, en formato 360°).La importancia de cuidar las raíces-¿Cómo ven al folclore en la actualidad con la aparición de tantas voces jóvenes, con Milo J incursionando en el género o Lázaro Caballero?F: Hay una renovación permanente. A diferencia de otros géneros, como el tango por ejemplo, en el folclore siempre se está echando luz sobre nuevos autores, como pasa con José Luis Aguirre. Lo que ocurre es que hoy los filtros de difusión comercial son muy chicos. A nivel país falta una estructura estatal para acompañar a los artistas y proyectar nuestra música al mundo, como históricamente supo hacer Brasil. Con el fútbol nos la creemos porque tenemos a Messi, pero con el arte nos cuesta más darle valor.V: Quien tiene la posibilidad de ir a Cosquín en época de festival, o al Pre Cosquín, se encuentra con un universo inmenso de jóvenes tocando, cantando y bailando folclore que viajan desde todo el país con sus propias canciones o interpretaciones. El folclore es historia viva, los paisajes, las costumbres, los oficios y las formas de hablar de nuestras regiones. Sería hermoso encender la televisión y que de fondo suene música de raíz. Uno no ama lo que no conoce y, cuando la gente tiene acceso a lo nuestro, no hay nadie a quien no lo conmueva.-¿Alguna vez les ofrecieron hacer otros ritmos para amoldarse a lo comercial?V: Están las personas que alguna vez nos sugirieron hacerlo, pero para mí se vive muy bien siendo fiel a uno mismo. Yo tuve una experiencia bastante fea: en plena etapa de aprendizaje, me dijeron que tenía que dedicarme a otra cosa. Pero hay que seguir formándose, seguir haciendo lo que amás, lo que te hace sentir bien y lo que te hace vivir tranquilo. Por eso es re importante también el aval de artistas mayores.F: Mercedes Sosa, por ejemplo, era una persona que iba abriendo camino y les decía a los nuevos artistas “vengan conmigo” y los llevaba de la mano. Lo hizo conmigo y con otros también.
De conocerse por Facebook a criar un hijo y lanzar su primer álbum de folclore juntos: la historia de amor de Franco Luciani y Victoria Birchner
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