Danisa Bevcic, asesora de moda: “Lo humano es el nuevo lujo: ya no es un vestido caro sino una pieza hecha a mano o una que heredamos”

Danisa Bevcic, asesora de moda: “Lo humano es el nuevo lujo: ya no es un vestido caro sino una pieza hecha a mano o una que heredamos”

Hay mujeres que entran a una consulta de imagen y muchas llegan con el placard lleno, capturas de pantalla de Instagram, prendas que compraron porque estaban de moda y otras que nunca estrenaron. Tienen información. Muchísima. Lo que falta, en algunos casos, es una opinión propia. Me interesa esta escena porque dice bastante de lo que está pasando con la moda.Nunca fue tan fácil saber qué se usa. Nunca tuvimos tantas herramientas para encontrar una prenda, compararla, conseguirla y recibirla en casa. Un algoritmo puede aprender nuestros gustos y anticipar qué vamos a mirar. La inteligencia artificial puede crear una imagen, proponer una combinación o imaginar una colección en unos segundos. Pero cuando una mujer se prueba una prenda frente al espejo, todavía hay algo que ninguna de esas herramientas puede hacer y es decidir por ella, asegurar si esa prenda tiene algo que ver con quien es. por lo cual empieza a adquirir valor algo mucho menos sofisticado: tener una mirada propia.La relación con la ropa cambia cuando el foco deja de estar en seguir tendencias y pasa a estar en construir un estilo propioShutterstockAhí aparece una idea que André Carvalhal plantea en su nuevo libro Moda e vida: lo humano puede convertirse en un nuevo lujo. La tecnología puede ayudar pero la elección sigue siendo nuestra. La tecnología puede hacer muchas cosas extraordinarias, pero hay una diferencia entre producir algo y otorgarle significado. Una inteligencia artificial puede generar el diseño de un vestido. No puede describir la emoción de la noche en que alguien recibió una noticia que cambió su vida. Puede sugerir el color que mejor combina con otro. No puede saber qué recuerdos despierta ese color en una persona.La edad también cambia nuestra relación con la modaHay otro cambio que merece atención. A medida que pasan los años, muchas personas modifican su relación con la ropa. La necesidad de demostrar que están al día pierde fuerza y aparece otra prioridad: sentirse representadas por lo que llevan puesto. La experiencia ayuda. Después de haber comprado prendas que casi no usamos, de haber seguido tendencias que no nos favorecían y de haber acumulado cosas que dejaron de tener sentido, empezamos a conocer mejor nuestras propias preferencias. También aprendemos a decir que no. “No es para mí” puede ser una de las frases más difíciles de pronunciar cuando todo alrededor nos invita a comprar. Y, sin embargo, puede ser una señal de estilo. Porque tener criterio también significa saber qué dejar pasar.El valor de lo que tiene una historiaDurante mucho tiempo el lujo estuvo asociado al precio, la exclusividad y la dificultad de acceso, ahora hay otros elementos que empiezan a pesar. Una pieza hecha a mano. Una prenda que fue modificada especialmente para alguien. Un género cuya procedencia conocemos. Un vestido heredado. No necesariamente son objetos extraordinariamente caros, pero tienen algo que una producción masiva no puede reproducir fácilmente: una historia. También por eso vuelve a cobrar importancia el oficio, el trabajo de las manos. El tiempo que lleva bordar, cortar o terminar una prenda. La posibilidad de reparar una pieza en lugar de reemplazarla. En una industria acostumbrada a celebrar lo nuevo, saber hacer algo bien puede convertirse en una forma de exclusividad. Y hay una paradoja interesante: cuanto más fácil resulta fabricar una imagen perfecta, puede tener mas valor aquello que conserva alguna huella de quien lo hizo. Pero la pregunta excede a la industria. ¿Qué cosas queremos seguir haciendo nosotros cuando una máquina pueda hacerlas por nosotros?Tener criterio propio empieza a ganar valor en una época donde las recomendaciones parecen estar en todas partesShutterstockEn la moda, podría ser elegir. Elegir una prenda porque nos gusta y no porque aparece en todas partes. Elegir calidad cuando sea posible. Reparar. Reutilizar. Conservar. Mezclar algo nuevo con algo que ya tenemos. Vestirnos de una manera que tenga sentido para nuestra vida real. Y también aceptar que no todo tiene que ser nuevo para ser actual. Tal vez allí esté una de las formas más interesantes de entender el lujo en este momento, no como aquello que pocos pueden comprar, sino como aquello que conserva algo singular. Una mirada. Un oficio. Una historia.La moda siempre fue una manera de contar quiénes somos. La diferencia es que ahora tenemos más herramientas que nunca para construir esa imagen y, al mismo tiempo, más posibilidades de terminar pareciéndonos a todos.Por eso el verdadero desafío no es encontrar la próxima tendencia, es no perder la capacidad de elegir.Porque cuando todo puede ser producido, recomendado y replicado, aquello que lleva nuestra propia mirada empieza a tener un valor diferente.Y quizá ese sea, hoy, el verdadero lujo.La autora es asesora de imagenBienestarModaTendencias

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