El viernes 30 de octubre se realizó en el Museo Sívori un encuentro para reflexionar sobre la construcción de narrativas en proyectos y prácticas curatoriales entre artistas, comunidades y agentes de la escena del arte global. Asociado a esta edición de arteba, bajo la curaduría de Aimé Iglesias Lukin y Francisco Lemus, contó con referentes invitados especialmente para abrir debates sobre dos temáticas interesantes.La curadora en Jefe del Museo de Arte Moderno de Medellín, Marielsa Castro Vizcarra, junto a Pollyana Quintella, curadora de la Pinacoteca del Estado de San Pablo, y Cuauhtémoc Medina, curador de la 25° Bienal de Arte Paiz de Guatemala, se centraron en el concepto “Curaduría para fortalecer el arte de las Américas”, dando lugar a un sistema de intercambios muy potente que tomó la identidad como centro.La segunda mesa, “Coleccionismo de arte latinoamericano público y privado. ¿Cómo construyen las colecciones públicas y privadas de las Américas y Europa sus narrativas sobre el arte latinoamericano?”, tuvo las participaciones de Claudia Segura, Jefa de Colecciones del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona, Suset Sánchez, Responsable de la Colección de Arte Latinoamericano del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, España, y Magnolia de la Garza, Directora de la Colección Isabel & Agustín Coppel, México.Diversidad nada fácil de encasillarAbrió Castro Vizcarra la primera mesa y resaltó que la pregunta sobre el arte de las Américas es difícil de responder porque hay una diversidad nada fácil de encasillar y se está reescribiendo.El Museo de Medellín aceptó el legado de una artista que estuvo silenciada por muchas décadas, Débora Arango, quien fue la primera mujer en pintar y exponer desnudos femeninos. La primera exposición fue en 1940 y literalmente fue bajada por pornográfica, con el agregado de por qué una mujer quería pintar desnudos femeninos.En sucesivas muestras, denunciando la violencia sobre los cuerpos y cómo se le impedía exponer, se recluyó en su casa hasta 1984. Estos hechos los relacionó con la censura ocurrida en el mes de octubre pasado, cuando el actual y recientemente asumido presidente de Colombia mandó bajar de una sala unas 60 obras por considerar que facilitaban dar entidad a las comunidades LGBTy +.Esto fue resistido por la comunidad artística y se encauzó una protesta que consiguió una tutelar para obligar a reponer las mismas a sus lugares. Así señaló a la censura como una de las identidades latinoamericanas que toman el mandato de un Estado nación que ocupa el lugar de aceptar o rechazar un hecho cultural.Pollyana Quintella tomó como referencia dos exposiciones que compartieron salas al mismo tiempo en la Pinacoteca del Estado de San Pablo. Una de ellas estuvo en Museo Malba y cerró en febrero de 2026; se trata de Pop Brasil: vanguardia y nueva figuración, 1960s-70s, que remarcaba la disputa política que incide en las imágenes, delimitando una ruptura profunda con la figura de la autoridad.La muestra reunía la totalidad de las banderas originales del Happening das Bandeiras (Happening de las Banderas), ocurrido en Río de Janeiro en 1968, en la Plaza General Osório (en el barrio de Ipanema). Una de ellas tenía un lema en español y una figura de Perón recortada de los medios –pero sin identificar– y lo tomó como ejemplo de un modo de incluirse dentro de esa Latinoamérica hispanohablante.Señaló la utilización de la figura del Che Guevara, quien, a consideración de la curadora, es el equivalente a la Marilyn norteamericana, en el mismo sentido que pasaron a ser íconos culturales apenas mueren.En otra sala, se exhibía a Beatriz González, artista colombiana que comenzó a difundirse tardíamente, quien hace una crítica a los sistemas burgueses de su país, utilizando objetos de uso doméstico intervenidos como cortinas o camas, donde estos personajes intentan reflejar ese concepto que engloba el Estado nación intentando representar la identidad de un país.La artista, rechazada en 1971 de la Bienal de San Pablo, donde primaba un arte conceptual, presentaba un televisor intervenido directamente, un vehículo que aminoraba la sensación de falta de libertad en dictaduras. En la exposición sobre el pop estaba el presentador brasileño estrella de los años 70, Chacrinha, en una foto de periódico, que regalaba televisores en su programa de juegos.Al final, Cuauhtémoc Medina tomó como referencia la frase "A Latinoamérica la jode la identidad", una obra del artista visual chileno Carlos Arias Vicuña creada en el año 2021. Esta reflexión, dijo, puede tomarse por capas de sentido pronunciadas, siendo que la autoría es de un chileno.Por un lado, es un señalamiento que apela a la multitud, también puede ser una broma que admitimos, pero no podemos salir como un círculo vicioso y, también, estar obligados a mostrar una identidad que nos instala en un territorio limitado.Para el reconocido teórico, esto significa un punto de tensión que demuestra un fallido dentro de lo que se considera el Estado nación e instó a tomar el mismo ejemplo que propuso en “Sur, sur, sur, sur…”, el título del SITAC VII (Séptimo Simposio Internacional de Teoría sobre Arte Contemporáneo), que se llevó a cabo en enero de 2009 y elaboró la premisa de "Perdiendo el Norte", una revisión crítica de la idea geopolítica y cultural del Sur como proyecto, no como refugio, dado que implica un roteiro, un traslado de muchos artistas e intelectuales que migran siendo parte de un sistema global. ‘El sur es un campo ambivalente que aprendimos a renegociar, que produce una cierta filiación’, concluyó.La coordinadora Aimé Iglesias Lukin amplió este tema, contando que cuando entrevistó a artistas que se instalaron en NY en los 60 le comentaron que no sabían que eran latinoamericanos hasta llegar a Estados Unidos.Salir de la imagen del Estado nación que ha forzado a representar mediante imágenes una identidad asociada es una narrativa disruptiva adoptada por muchos artistas para relativizar la idea de una capitanía que se vería como continuidad del colonialismo.Festival de datosLa segunda mesa tuvo más referencias a los modelos de los museos donde se intercambian procesos estatales con privados, y fue un verdadero festival de datos. Tanto en la intervención de Claudia Segura como Jefa de Colecciones del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona, quien explicó el sistema coordinado de gestión tipo Consorcio que reúne tres instituciones públicas nacionales y regionales y una privada, que descansa en una fundación que tiene un equipo capaz de emitir desde un comité de expertos la adquisición de obras.Por un lado, hay una cuestión de localía –que llaman barrial– porque tiene su propia historia, pero advirtió que no se compra sólo pinturas, obra en papel o documentación de performances, sino que tiene un acervo muy importante de archivos que facilita una tarea de investigación continua en relación al arte contemporáneo latinoamericano.Suset Sánchez, como responsable de la Colección de Arte Latinoamericano del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, se explayó en la forma en que han ido adoptando las sucesivas compras de arte latinoamericano a lo largo de las décadas, mostrando una capacidad interesante para ir en busca de obras de artistas que desean tener en la colección.Pero hizo hincapié en el proceso largo y extenso que implica usar fondos para adquisición año a año, aun cuando se considere que la feria ARCO da alcance a artistas argentinos muy importantes. La colección del Reina Sofía tiene una gran mayoría de artistas argentinos, menos mujeres que varones y requiere de una constante adecuación en el uso del dinero, ya sea que provenga del propio Estado o implique donaciones, un sistema que viene en ascenso.Magnolia de la Garza, como Directora de la Colección Isabel & Agustín Coppel, México, dio otro sesgo. Es que las raíces de la colección y de sus fundadores están estrechamente ligadas a Culiacán, Sinaloa, un territorio muy productivo pero donde el narcotráfico ha tenido tantos relatos dominantes.Fundada oficialmente como asociación civil en 2006, aunque sus inicios se remontan a la década de 1990, la colección se enfoca en la investigación, preservación y difusión de expresiones artísticas nacionales e internacionales, con un marcado acento en la fotografía. No tuvo ni tiene una dirección determinada, de modo que sigue un sesgo muy personal que engloba a artistas de diversas procedencias, lo que a veces ha sido una controversia cuando están invitados a mostrar su acervo.Al final, hizo especial hincapié en que muchos artistas que consideramos argentinos se han especializado o residen en países extranjeros, y fue un discurso más fluido, sin datos, en razón de que no existe dentro de este sistema una estructura tan mediadora en la toma de decisiones.Toda la jornada podrá verse en breve en el canal de YouTube de arteba y es un interesante debate para reconocer el estado de estas cuestiones.
Curaduría y coleccionismo: cómo se construye el arte latinoamericano
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