Cuando el jardín se llena de plantas espontáneas: Cuáles sacar y cuáles conservar

Cuando el jardín se llena de plantas espontáneas: Cuáles sacar y cuáles conservar

La primavera tiene una manera muy particular de ocupar el jardín: sin pedir permiso y sin pasar por el vivero. De un día para otro, aparecen plantas en los canteros, al pie de los árboles, entre las baldosas y en rincones donde nadie recuerda haber puesto una semilla. Algunas ofrecen flores diminutas; en otras apenas asoman unas hojas. Muchas terminan arrancadas casi por reflejo, antes de que alguien se detenga a descubrir qué son y qué hacen ahí.Pero una planta que apareció sola no necesariamente está fuera de lugar. Puede ser una especie nativa que encontró en ese suelo las condiciones que necesita, una espontánea que ofrece néctar y polen a los insectos o, también, una exótica con una capacidad de expansión suficiente como para desplazar a otras plantas.Algunas especies nativas encuentran solas su lugar en el jardín; otras, en cambio, pueden convertirse en un problemaArchivo Revista JardinNo todas son malezasEl término maleza describe más una relación con el lugar que una categoría botánica. Una misma especie puede ser bienvenida en un sector y resultar inoportuna en otro. Por ejemplo, una verbena que aparece entre otras herbáceas puede integrarse perfectamente a un cantero naturalista. Una planta rastrera puede ser un excelente cubresuelo en un rincón y convertirse en un problema si empieza a invadir una superficie destinada a otra especie.También sucede al revés: algunas plantas que durante años fueron arrancadas por considerarse simples yuyos tienen un valor ecológico considerable.Bardana: es espontánea en huertas y jardines. Requiere sol o media sombra, suelos profundos y muy ricos en nitrógeno.Archivo. - JardínPor qué conservar las nativasLas plantas nativas, en particular, forman parte de redes construidas durante miles de años con insectos, aves y otros organismos locales. Por eso conservar una espontánea nativa no significa simplemente dejar crecer algo espontáneo en el jardín; puede significar conservar una pequeña pieza de ese entramado de la naturaleza.En primavera pueden aparecer especies nativas que llegaron al jardín por medio del viento, las aves, el agua o semillas que permanecían en el suelo. Entre las herbáceas que vale la pena aprender a reconocer están la verbena criolla (Verbena bonariensis), la petunia silvestre (Petunia axillaris), algunas especies de malvas nativas como la malva blanca (Sphaeralcea bonariensis) y otras plantas propias de pastizales y ambientes abiertos.Petunia silvestre o Petunia axillaris (izq.) y malva blanca o Sphaeralcea bonariensis (derecha)Archivo Revista JardinMuchas tienen relaciones concretas con la fauna. La Verbena bonariensis, por ejemplo, es visitada por abejas y mariposas; las flores de la petunia silvestre son polinizadas por mariposas nocturnas y sus semillas sirven de alimento a aves granívoras y las malvas pueden funcionar como plantas nutricias para determinadas mariposas.La Verbena bonariensis aporta flores livianas y atrae abejas y mariposas al jardínArchivo Revista JardinPor eso, cuando una de estas especies aparece espontáneamente en un sector donde no genera conflicto, arrancarla simplemente porque no estaba en el diseño original puede ser una oportunidad perdida.También conviene evitar otra simplificación: que una planta sea nativa no significa que haya que conservarla en cualquier circunstancia: una espontánea puede crecer demasiado, competir con ejemplares recién plantados, ocupar un sendero o reproducirse de manera excesiva. En esos casos se puede trasladar o controlar sin que eso contradiga una mirada más naturalista del jardín.Un jardín biodiverso no es un jardín abandonado. Hay decisiones de manejo, espacios definidos y especies que se seleccionan por sus funciones. La diferencia está en que el criterio ya no es “todo lo que no planté se elimina”, sino observar antes de intervenirLa petunia entre gramíneasArchivo Revista JardinLas que conviene sacarHay otro grupo de plantas que merece una mirada completamente distinta: las plantas exóticas que se reproducen con facilidad y pueden avanzar sobre la vegetación nativa.Argentina cuenta con una lista oficial de especies exóticas invasoras y potencialmente invasoras. Se considera invasora a una especie introducida que logra establecerse y expandirse más allá del sitio donde fue incorporada, generando o pudiendo generar impactos sobre la biodiversidad, la economía, la salud o los valores culturales.Aquí sí hay una razón concreta para intervenir. No porque la planta sea fea, ni porque haya aparecido espontáneamente, sino porque su comportamiento puede modificar el ambiente y desplazar a otras especies.Un ejemplo particularmente importante para la región rioplatense es el ligustro (Ligustrum lucidum). Puede aparecer como un pequeño arbolito debajo de otro ejemplar, en un rincón del jardín o incluso en terrenos donde nadie lo plantó. Sus frutos son consumidos por aves, que ayudan a dispersar las semillas, y las plántulas tienen una capacidad notable para crecer incluso con poca luz.El ligustro (Ligustrum lucidum) se dispersa con ayuda de las aves y puede crecer espontáneamente hasta convertirse en invasoraArchivo Revista JardinEl ligustro está registrado oficialmente como especie exótica invasora en Argentina y ya ha avanzado sobre ambientes naturales, incluidos talares de la provincia de Buenos Aires. Por eso es mejor reconocerlo temprano y retirarlo antes de que se convierta en un árbol adulto y en una nueva fuente de semillas.La acacia negra (Gleditsia triacanthos), originaria de Estados Unidos, también está registrada como invasora y puede colonizar áreas naturales y superficies pampeanas. El paraíso (Melia azedarach) también figura en la lista oficial de especies exóticas invasoras o potencialmente invasoras.Acacia negra o Gleditsia triacanthos (izq.) y paraíso o Melia azedarach (derecha)Archivo Revista JardinEn estos casos, encontrar una plántula pequeña es casi una ventaja, porque permite actuar cuando todavía ocupa poco espacio y antes de que alcance una escala mucho más difícil de manejar.Detectar las plántulas a tiempo permite controlar su crecimiento antes de que se conviertan en un problema difícil de manejarArchivo Revista JardinLas más peligrosas de la listaHay plantas que complican todavía más el diagnóstico porque son atractivas, conocidas y muy utilizadas en jardinería.La hiedra (Hedera helix) figura en la lista oficial argentina de especies exóticas invasoras o potencialmente invasoras. Algo similar ocurre con la vinca (Vinca major), una rastrera muy resistente que puede formar coberturas densas y que también tiene un potencial invasor. En un jardín, esa capacidad puede parecer una virtud: cubre rápido, soporta determinadas condiciones y requiere poco mantenimiento, el problema aparece cuando deja de ocupar el espacio previsto y comienza a desplazar a otras plantas.Vinca mayor (izquierda) y Hedera helix (derecha)Archivo Revista JardinUna planta espontánea puede pasar inadvertida durante meses y, de pronto, avanzar sobre el espacio de otras especiesUna planta espontánea merece mayor atención cuando empieza a formar una masa tan densa que otras especies desaparecen debajo. Una planta puede convivir perfectamente con otras durante meses y, en determinadas condiciones, empezar a dominar el espacio. Cuando reduce la diversidad y genera una cobertura prácticamente uniforme, deja de ser una presencia ocasional y empieza a modificar la estructura del jardín.Las invasoras tienen justamente esa capacidad: colonizar, expandirse y reducir el espacio disponible para otras especies. El sistema nacional dedicado a estas plantas advierte que no todas presentan el mismo impacto ni requieren la misma prioridad de control; por eso la identificación correcta es fundamental antes de intervenir.

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