La visita del presidente Lee Jae Myung de Corea a Buenos Aires llega en un momento propicio para pensar la relación bilateral, más allá del protocolo y las cifras comerciales. Ambos países han cooperado en la pesca de altura y la agricultura, y la explotación de litio en Salta y Catamarca ha puesto de relieve el potencial de una agenda compartida en minerales críticos y transición energética.Corea y Argentina, miembros del G20, enfrentan un desafío común: reducir la dependencia de Estados Unidos y China, diversificar socios y construir una autonomía estratégica que disminuya riesgos ante la competencia geopolítica.El acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur demuestra que el bloque sudamericano puede cerrar alianzas de gran escala; el próximo paso es avanzar en el acuerdo entre Corea y el Mercosur, aún pendiente, que ofrecería un marco estable para el comercio y la inversión tecnológica.La cooperación con Corea no debería reducirse a la compra de equipos o la llegada de plantas industriales. La tecno diplomacia es el uso estratégico de la ciencia, la tecnología y la innovación para fortalecer vínculos, compartir conocimiento y formar recursos humanos.La experiencia coreana —que pasó en pocas décadas de país de ingresos bajos a potencia tecnológica— muestra que la tecnología sólo se convierte en desarrollo cuando se combina con educación, planificación, aprendizaje empresarial, capacidad estatal y apertura exportadora; una combinación relevante para una Argentina que busca diversificar su estructura productiva sin renunciar a sus políticas de inclusión.Frente a Japón, China o Estados Unidos, Corea ofrece un perfil singular como socio: posee capacidades avanzadas en electrónica, semiconductores, baterías, inteligencia artificial física y tecnologías de la información, pero también la memoria de haber sido un país en desarrollo que debió construir su sistema de innovación. Esto facilita un diálogo menos asimétrico. Además, la diplomacia tecnológica coreana ha privilegiado la calidad, los estándares, la formación de talento y las alianzas empresariales, más que la expansión de infraestructura o la captura de materias primas, rasgos que pueden ayudar a evitar nuevas formas de dependencia.Para Argentina, la prioridad podría ser convertir los proyectos de litio, energía, agroindustria y economía digital en plataformas de construcción de capacidades locales. Esto implica que los acuerdos incluyan investigación aplicada, formación de ingenieros y técnicos, participación de universidades nacionales, desarrollo de proveedores argentinos y mecanismos compartidos de propiedad intelectual.La cooperación en gobierno digital e inteligencia artificial responsable puede ayudar a modernizar el Estado y reducir brechas en los servicios públicos, siempre que se aseguren la transparencia y la protección de derechos.Si la visita presidencial se acompaña de avances en el acuerdo Corea–Mercosur y en proyectos tecnológicos centrados en la creación de capacidades, no sólo se ampliará la presencia de empresas coreanas en el país: se trazará una hoja de ruta hacia una transformación productiva sostenible.La comunidad coreano argentina y las redes académicas pueden desempeñar un papel clave como mediadores culturales y expertos en ambos mundos. Cooperar tecnológicamente con Corea significa apostar por una alianza que combine innovación con inclusión, desarrollo productivo y mayor autonomía estratégica para Argentina.
Corea y Argentina enfrentan un desafío común
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