Amy Kurtz recuerda perfecto la consulta en la que cambió su historia médica. Era el doctor número 36 al que acudía después de décadas de síntomas, pruebas sin respuestas claras y diagnósticos que no conseguían explicar todo lo que le ocurría. Esperaba otra decepción.El especialista le dijo algo diferente: según relata Kurtz, las pruebas indicaban “enfermedad de Lyme neurológica en etapa tardía y dos coinfecciones”. Hoy autora, defensora de pacientes y asesora de salud, asegura que aquella respuesta llegó después de más de 20 años de problemas.En sus peores períodos Kurtz sufría una fatiga tan intensa que apenas podía levantar la cabeza, erupciones, caída del cabello, trastornos gastrointestinales y episodios que describe como “tormentas nerviosas”: ataques repentinos de dolor punzante.También tenía niebla mental, dificultades para concentrarse y problemas de memoria. Una erupción que luego relacionó con su enfermedad había sido interpretada en su momento como tiña.Qué significa realmente Lyme neurológicoKurtz describe el diagnóstico que recibió como “Lyme neurológico avanzado”, pero las autoridades sanitarias suelen hablar de enfermedad de Lyme neurológica o neuroborreliosis, y no todos los conceptos utilizados por pacientes y médicos especializados en Lyme tienen el mismo consenso científico.La enfermedad de Lyme está provocada por bacterias del género Borrelia transmitidas por determinadas garrapatas. El Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) explican que la afectación neurológica puede producir entumecimiento, dolor, debilidad, parálisis facial, alteraciones visuales, radiculopatía o síntomas de meningitis. Estas complicaciones aparecen con mayor frecuencia durante la etapa diseminada temprana, aunque una infección no tratada puede ocasionar problemas posteriores.El CDC recomienda un análisis serológico en dos pasos para detectar la infección y señala que la mayoría de las personas responde bien al tratamiento antibiótico indicado.Cómo cambió su vida después del diagnósticoKurtz sostiene que, después de recibir su diagnóstico, inició un tratamiento que le permitió recuperar gran parte de su actividad. Ha contado que pasó de permanecer prácticamente postrada algunos días a volver a esquiar y trabajar con normalidad, aunque todavía atraviesa períodos de cansancio.Su recorrido médico también la llevó a escribir sobre otro problema: el impacto psicológico de pasar años enferma sin una explicación convincente. En 2026 publicó But You Look Fine, donde aborda lo que denomina “cerebro de trauma médico”, la sensación de permanecer en estado de alerta incluso después de que la salud física comienza a estabilizarse.En entrevistas posteriores siguió recordando el número que resume su búsqueda: 36 médicos. Kurtz convirtió esa experiencia en una advertencia para otros pacientes.Síntomas como cansancio, dolor, dificultades cognitivas o ansiedad pueden tener muchas causas. Su historia muestra por qué una evaluación médica rigurosa sigue siendo indispensable. Tras décadas sin una respuesta que encajara con todo lo que sentía, para ella el cambio llegó cuando un médico decidió volver a mirar el conjunto completo.
Consultó a 36 médicos durante más de 20 años por síntomas que nadie podía explicar: finalmente descubrieron que tenía esta enfermedad neurológica
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