Saltar de un módulo a otro, trepar una estructura o encontrar una manera de atravesar un obstáculo: en las clases de parkour para chicos, esos desafíos se convierten en oportunidades para explorar el movimiento. La disciplina, que también se practica en gimnasios y espacios especialmente acondicionados, combina saltos, desplazamientos y técnicas de trepada con el juego.Parkour infantil.01“El parkour para chicos es una práctica adaptativa y exploratoria que recrea entornos para resolver jugando con el cuerpo en movimiento. Desde que un bebe tiene la capacidad de gatear y sortear un obstáculo para conseguir algo que le llame la atención se tiene que estimular esa primera búsqueda que luego evoluciona en esta disciplina de hacer acrobacias, saltos y desplazamientos para jugar moviéndose”, explica Dante Freitas, de 22 años, docente de la especialidad en los centros especializados ClairGym y CECAM.La enseñanza de la técnica para los más chicos no requiere de habilidades previas fuera de lo común, sino de la disposición a redescubrir las posibilidades del propio cuerpo. “Practicar parkour desde la naturalidad y el juego es posible desde el inicio del movimiento y descubrimiento del cuerpo”, señala Emma Grasset, codirectora y coordinadora de las categorías infantiles de Parkour Integral, la primera escuela de la disciplina en el país, recomendada desde los 4 años de edad.Cómo es una clase de parkour para chicos“El parkour para chicos es una práctica adaptativa y exploratoria que recrea entornos para resolver jugando con el cuerpo en movimiento”, explica Dante FreitasGentileza/Emma GrassetUna sesión habitual para niños y adolescentes está estructurada metódicamente para garantizar el desarrollo integral de las capacidades físicas sin descuidar el aspecto lúdico. La jornada comienza siempre con una entrada en calor enfocada en la movilidad articular —a menudo imitando los movimientos de diversos animales— para fortalecer la musculatura y acostumbrar las articulaciones a sostener la fuerza del propio peso.La parte central se organiza a través de módulos técnicos y recorridos de obstáculos que abarcan cuatro familias de movimientos fundamentales:Parkour infantil.02“Estructuramos las clases con una entrada en calor basada en ejercicios de movilidad articular y desplazamientos en cuadrupedia. Luego, según el día, la dinámica va variando con el armado de múltiples circuitos para que los chicos elijan por cual quieren ir, un recorrido específico que incluya una situación donde haya que hacer un movimiento particular para practicar técnica. Además, muchas veces los propios chicos ya vienen con ideas en mente para laburar un movimiento o salto que se les ocurrió en casa y quieren sacar”, detalla Freitas sobre el desarrollo del entrenamiento.El cierre de la sesión incluye dinámicas de juego libre adaptado, series de repeticiones para el fortalecimiento muscular y una vuelta a la calma con elongación guiada. Como señala Freitas, la clave de esta etapa radica en comprender que el juego es el lenguaje natural en la infancia y que los chicos aprenden a través de él. El objetivo nunca debería ser competir, sino disfrutar del movimiento como un fin en sí mismo: encarar la clase con la ilusión de sacar un truco visto en un video o de compartir un salto nuevo con sus amigos.“Cuanto antes salten y jueguen, el bagaje que incorporan los chicos es mucho más amplio. A esas edades son como una esponja: copian gestos de forma consciente e inconsciente y arman sus propias hipótesis sobre cómo funcionan ciertos movimientos. Particularmente me divierto mucho conversando con ellos sobre cómo se imaginan que opera la física detrás de cada salto”, reflexiona el entrenador.Confianza, coordinación y respeto por los tiempos de cada unoParkour infantilGentileza/Emma GrassetA diferencia de la creencia popular que asocia el parkour exclusivamente con saltos arriesgados entre cornisas, las clases se desarrollan en entornos de impacto controlado. El equipamiento personal es sumamente sencillo: basta con calzado deportivo que posea una suela completa de goma para garantizar una adherencia y fricción óptimas. En cuanto a infraestructura, las salas cuentan con pisos de goma eva, colchones de acrobacia, módulos adaptados a la escala infantil, paredes de escalada y barras de suspensión. “Las colchonetas siempre son una buena ayuda para la seguridad y minimizar riesgos. Las estructuras y módulos deben tener para los chicos las medidas de lo que sería una plaza para ellos. De hecho siempre hay algunos malentendidos porque los parques de parkour tienen este aire a plaza para chicos”, señala Freitas.“Estamos equipados con pisos de goma eva, colchones de acrobacia, colchonetas, estructuras fuertes y firmes para trepar, saltar y hacer cualquier actividad sobre ellas; pared de escalada, pirámide de escalada, estructura de barras, aros y elementos de juego, entre otras cosas”, detalla por su parte Grasset.Parkour infantil.04Los protocolos de prevención dentro de la sala son estrictos y claros desde el primer día: 1. Prohibición absoluta de apoyar directamente codos o rodillas ante una caída, priorizando el uso de extremidades flexionadas y rolidos para dispersar la energía del impacto. 2. Escuchar los propios límites y diferenciar con claridad las maniobras que se pueden ejecutar de forma autónoma de aquellas que requieren la asistencia directa del docente y 3. Respetar los turnos en los circuitos y mantener la atención en el entorno para evitar colisiones con otros compañeros en movimiento. “Hay un trabajo muy explícito del respeto a los procesos del otro, cada chico sabe que tiene su propio proceso y que no es “mejor” que ningún compañero ya que todos tienen capacidades y fortalezas distintas en distintos movimientos. Uno puede ser mejor en acrobacias, otros en saltos, otros les pueden salir muy bien los vaults. Realmente es muy difícil ser bueno en todos los aspectos del parkour así que siempre va a haber una compensación por ese lado”, destaca Freitas.“Además del gran beneficio físico, el parkour brinda confianza, estado presente, disciplina, valores, compañerismo, autonomía, relaciones sociales lejos de las pantallas, superación personal, entre tantos”, aporta GrassetGentileza/Emma GrassetEn la misma línea, Grasset subrraya el valor del acompañamiento emocional y el vínculo que se construye en cada clase: “Acompañamos a niños y niñas desde su primer día, iniciando desde lo más básico y dándoles especial atención en sus movimientos y estados emocionales ante los diferentes momentos del desarrollo de la actividad. Esto sirve muchísimo para saber de qué manera es mejor guiarlos saludablemente a superarse y lograr avanzar tanto dentro de la actividad como en la vida cotidiana, ya que el desarrollo que se hace en el parkour logra manifestarse también en la evolución emocional diaria independientemente del ámbito donde se encuentren”.Los beneficios físicos y motores —coordinación, agilidad, propiocepción y fuerza— se entrelazan de este modo con herramientas valiosas para la vida diaria: “Además del gran beneficio físico, el parkour brinda confianza, estado presente, disciplina, valores, compañerismo, autonomía, relaciones sociales lejos de las pantallas, superación personal, entre tantos”, aporta Grasset.Parkour infantil.03Así, con la filosofía del “ser y durar” como basamento—aprender a moverse de manera eficiente para preservarse a lo largo del tiempo—, la disciplina dota a los más chicos de una relación más fluida, segura y consciente con su propio cuerpo y con el mundo que los rodea. “La resiliencia de la filosofía “ser y durar” que tiene el parkour te acompaña para toda la vida. Tu cuerpo responde de forma más efectiva a los accidentes y al estrés de una situación alarmante. Ya sean caídas o una carrera de emergencia. A los chicos les digo que son “superpoderes”. El parkour aumenta mucho la confianza de poder visualizarte en un lugar físico y saber que si te lo propones puedes llegar hasta ahí por tus propios medios”, concluye Freitas.De los bomberos franceses a los gimnasios de Buenos AiresLa masificación del parkour a partir de 2000 trajo consigo la necesidad de profesionalizar la enseñanza y ofrecer espacios adecuados para la práctica sin los riesgos inherentes de la vía públicaGentileza/Emma GrassetPara captar la esencia del parkour es necesario rastrear sus raíces en Francia y su vinculación con el denominado Método Natural, un sistema de entrenamiento físico desarrollado originalmente en entornos salvajes. La transición hacia el ámbito urbano ocurrió entre las décadas de 1980 y 1990 de la mano de Raymond Belle, un bombero militar francés que adaptó la superación de obstáculos al paisaje de la ciudad. Belle transmitió estas técnicas a su hijo David, quien junto a un grupo de amigos cercanos fundó el legendario colectivo Yamakasi, dando nacimiento formal a la disciplina.La masificación a partir de 2000 trajo consigo la necesidad de profesionalizar la enseñanza y ofrecer espacios adecuados para la práctica sin los riesgos inherentes de la vía pública. Los atletas experimentados pasaron de entrenar en la calle a dictar clases en gimnasios, para luego desarrollar espacios acondicionados especialmente con estructuras modulares, en galpones y parques al aire libre.En la Argentina, este proceso tuvo su hito fundacional en 2006 con la creación de Parkour Integral en Buenos Aires. A esta escuela pionera le siguió el surgimiento de numerosos centros de entrenamiento como MOV, CECAM, Volklegacy, OCR y Alas Urbanas. Esta red permitió que los pioneros transmitieran la técnica de manera progresiva y controlada, sentando las bases de una comunidad cada vez más numerosa.Por Alejandro Rapetti
Cómo son las clases de parkour infantil, el deporte para saltar, trepar y transformar los obstáculos en desafíos: “Son ‘superpoderes’”
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