El mapa del mundo cambió para siempre cuando Hernando de Magallanes surcó las frías aguas del estrecho hasta encontrar el anhelado paso al Mar del Sur. El estrecho de Magallanes se convertiría en un curso vital para la navegación, pero el canal de Panamá desplazaría su relevancia. Mientras la geografía permanece invariable, el valor estratégico de las regiones se modifica a través del tiempo. La guerra alrededor del estrecho de Ormuz coloca en primer plano al corredor energético más importante del planeta, donde 36.000 buques transitaban por año antes de la crisis. Distante de las principales rutas navieras, por el estrecho de Magallanes pasaron 2400 naves en 2025. Hoy se revaloriza su importancia como paso marítimo alternativo ante la inestabilidad en Medio Oriente, las inclemencias climáticas en el canal de Panamá y un creciente interés por la proyección hacia la Antártida. La razonabilidad indica que en el extremo austral de América debería primar la cooperación entre argentinos y chilenos. Pero en las últimas semanas, altos mandos militares argentinos manifestaron desafortunadas declaraciones sobre el estrecho de Magallanes, las que despertaron reclamos del gobierno de Chile. Ambas cancillerías reaccionaron con rapidez y por parte argentina se brindaron disculpas por esas expresiones confusas y erróneas. El Tratado de Límites de 1881 y el Tratado de Paz y Amistad de 1984 establecen con claridad la pertenencia a Chile de ese estrecho. Para despejar recelos, los presidentes Javier Milei y José Antonio Kast -en una declaración conjunta en Santiago- recordaron la plena soberanía de Chile en el estrecho. En el mismo anuncio se reiteraba el tradicional apoyo de los gobiernos de la democracia chilena a los derechos argentinos por Malvinas. Pero los presidentes no alcanzaron a desactivar todas las tensiones. Los inapropiados comentarios argentinos se colaron en la política interna trasandina, ocasionando un vendaval de airadas reacciones en la prensa, declaraciones de parlamentarios, militares retirados, excancilleres y exministros de Defensa, además de una interpelación en el Congreso al canciller Francisco Pérez Mackenna. El libertario chileno Johannes Kaiser dijo que “todo indica que la Argentina está construyendo un caso formal para modificar los límites de soberanía en el estrecho de Magallanes”. Desde la oposición de izquierda y sectores de la derecha oficialista se exige a Kast mayor firmeza ante las supuestas pretensiones argentinas. Conocer y evaluar la percepción de la otra parte, es un activo relevante en política exterior. La encuestadora trasandina Cadem reflejó el clima social existente. El 57% de los encuestados opina que Chile posee buenas relaciones con la Argentina. Sin embargo, el 60% estima que la Argentina no es un socio confiable, mientras el 69% cree que la Argentina posee ambiciones territoriales sobre su país. El sondeo realizado por Criteria –otra consultora- arroja que el 60% considera positiva la amistad entre Milei y Kast, pero el 63% de los entrevistados opina que Chile debe defender con firmeza su soberanía aunque eso genere conflictos con la Argentina. El malestar trasandino se viene incubando y creciendo como una nociva bola de nieve desde hace cinco años, sin ninguna adopción de recaudos por parte argentina. El expresidente Alberto Fernández dejó una espoleta explosiva -heredada por el actual gobierno- que inexplicablemente aún no fue desactivada. El Decreto 457/2021, la Directiva Política de Defensa Nacional, es un sinsentido que afecta una relación bilateral que debiera ser robusta y promisoria. En sus anexos expresa que el estrecho de Magallanes es un “espacio compartido”, mención que desafía la construcción de confianza forjada por generaciones de diplomáticos. Fue firmado por el entonces presidente, junto a Agustín Rossi (Defensa), Felipe Solá (Relaciones Exteriores) y Santiago Cafiero (Jefatura de Gabinete). La directiva presidencial de Fernández ignoraba que desde hacía 140 años el estrecho de Magallanes y sus dos riberas pertenecían a Chile. ¿Nadie revisó esa directiva antes de su firma? El decreto desfiló por oficinas de los ministerios de Defensa, de Relaciones Exteriores y el Estado Mayor Conjunto. Asusta esa ligereza y desconocimiento de la historia. Vergonzoso error burocrático o no, lo asombroso es que ante las protestas de la cancillería trasandina, el gobierno argentino de entonces no hizo nada para modificar ese desafortunado y conflictivo decreto. Cuando surgen dificultades, deben ser asumidas con prontitud, de lo contrario pueden deparar inesperadas y peores circunstancias. Milei prometió al gobierno chileno su derogación. Sin duda, una pronta derogación del polémico decreto contribuiría a mejorar las relaciones bilaterales. A las desatinadas actitudes argentinas, se sumaron declaraciones trasandinas de variados tonos y contrastes. El presidente Kast y su canciller –al igual que el embajador de Chile en Buenos Aires- reiteraron las expresiones de apoyo a los derechos argentinos en Malvinas. Pero a los pocos días el ministro chileno de Defensa, Fernando Barros, irrumpió en escena abogando por la autodeterminación de los malvinenses. En paralelo, el alcalde de Punta Arenas anunciaba una ruta naviera logística hacia el enclave colonial a través de un contrato con el gobierno isleño. Al mismo tiempo, se registraron operaciones de lobbies en procura de obtener mayor presupuesto para defensa en el parlamento chileno. La Cámara de Diputados chilena hace una semana aprobó siete resoluciones vinculadas a la zona austral, solicitando al presidente Kast incrementar desarrollos y capacidades militares en Magallanes. Con anterioridad, senadores trasandinos valoraron la paz construida entre nuestras naciones, y reafirmaron “la voluntad de fortalecer la cooperación y buena vecindad sobre la base del respeto recíproco, la certeza jurídica y el estricto cumplimiento de los tratados”. En poco tiempo un alud de declaraciones de ambos lados, entremezcladas con actitudes chauvinistas y vocingleras, generaron un clima enrarecido para las buenas relaciones bilaterales. Las inversiones siempre son esquivas a las regiones conflictivas.El buen sentido indica que los militares -argentinos o chilenos- no deberían inmiscuirse en el trazo de la política exterior. En los gobernantes y parlamentarios la prudencia es una virtud. Dejemos trabajar a las cancillerías y esperemos que los liderazgos políticos actúen con madurez. En tiempos de redes sociales e “ingenieros del caos”, es indispensable evitar el tremendo motor de los resentimientos y fantasmas del pasado. Desde la recuperación de la democracia chilena, sus gobiernos hicieron gala de compromiso y solidaridad con la Argentina en la cuestión Malvinas, uno de los últimos resabios coloniales existentes en América del Sur. Ante los confusos dichos del ministro Barros, el canciller Pablo Quirno manifestó que para el gobierno argentino primaba la palabra del presidente Kast.Exacerbar pasiones, distorsionar la realidad, alienar los vínculos, amenazar con desandar tratados de inversión y propiciar una paz armada regional es algo que desafía la cordura. De surgir diferencias, corresponde resolverlas a través del diálogo diplomático sin estridencias y el derecho internacional. En el pasado, clases dirigentes egregias trabajaron juntas en la construcción de la paz y el progreso regional. La Casa Rosada y La Moneda poseen la responsabilidad de reverdecer -con una mirada más alta- un ánimo edificante entre ambas sociedades y evitar la generación de tensiones innecesarias. Existen hoy enormes posibilidades de bonanza para la Argentina y Chile a través de una convergencia estratégica que suma sinergias en cooperación e integración en energía, minería, industrias innovadoras y de alimentos. Ambos países trabajan en el desarrollo de mejores infraestructuras de conectividad. Chile es el quinto inversor en nuestro país y un fuerte socio comercial. Desperdiciar esta oportunidad de la historia sería atentar contra el crecimiento de nuestras sociedades. Dependerá de la perspicacia y determinación de nuestros políticos en ambos lados de la cordillera. La Argentina y Chile tienen un rol irreemplazable en la estabilidad y la paz de América del Sur. ChileRelacionesMalvinas
Chile y la Argentina, ante injustificadas tensiones
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