OPINIÓNAriana Harwicz no participó del festival de cultura organizado por la Universidad de Granada; no la excluyeron por los libros que escribió: digan lo que digan, la excluyeron por su condición de judía28 de septiembre de 202600:154'minutos de lecturaJohn Banville y Ariana HarwiczLA NACIONOpiniónAriana Harwicz, cancelada. No participó del festival de cultura organizado por la Universidad de Granada. No la excluyeron por ser argentina, mucho menos por vivir en Francia. Tampoco la excluyeron por los libros que escribió. Nada de eso. Digan lo que digan, la excluyeron por su condición de judía. No sé si Ariana conoce Israel. No lo sé y tampoco importa, porque a sus enemigos lo que les importa es su identidad judía. Como Dreyfus, como a Ana Frank, lo que importa es la identidad judía. Cambian las excusas, cambian las coartadas, pero lo que se mantiene intacta es la judeofobia. Antes los condenaban por su condición religiosa; después los condenaban por la sangre que corría por sus venas. Antes los condenaban por no tener patria; ahora los condenan por tener patria. Ironías crueles de la historia. Al pueblo que sufrió el genocidio más brutal lo acusan de genocida. ¿Saben que fue un judío el que instaló la palabra “genocidio”? Rafael Lemkin se llamaba. Evoco su nombre sin ilusiones, porque a los herederos de la judeofobia de todos los tiempos estas noticias, o las ignoran o no les importan. Su pasión es cantar la consigna “Del río al mar”. Los judios que viven allí deben ser expulsados. Ya no hace falta Auschwitz o Treblinka. El Mediterráneo se encargaría de esa faena.Los que hoy aplauden la expulsión de Ariana podrán decir que el problema no son los judíos sino los sionistas, algo así como decir que el problema no son los cristianos sino los católicos. En todos los casos, a Israel le imputan pretender borrar a los palestinos de la faz de la tierra. Raro. En Israel viven dos millones de árabes que disfrutan de libertades y garantías que no existen en los despotismos que pululan en Medio Oriente. Tal vez será por ese imperdonable “pecado” que a Israel nada le está permitido. Ni siquiera el derecho a defenderse. El 7 de octubre de 2023 los cruzados de Alá violaron mujeres y asesinaron niños a diestra y siniestra. La respuesta “correcta” debía ser poner la otra mejilla. No lo hicieron. Judíos infames. “Asimetría” dice Enzo Traverso. Y lo dice en nombre de Marx. Una maravilla. Israel debe pedir disculpas por disponer de más poder militar que Hamas. Israel sostiene los valores de una democracia. Hamas defiende la teocracia. En cualquier parte del mundo Israel significaría el progreso y Hamas la barbarie. En cualquier parte del mundo, menos en Medio Oriente.Es verdad que en Gaza se ha derramado mucha sangre. Como es verdad que esa sangría podría haberse evitado si Hamas hubiera devuelto a los rehenes. O si en lugar de ocultar a sus jefes guerrilleros en los túneles hubieran privilegiado proteger a sus mujeres y a sus niños en esos túneles, y no asignarles la condición de escudos con la promesa del “paraíso” en las bucólicas praderas del “Altísimo”.Los responsables “occidentales” de la cancelación de Ariana aseguran que la democracia en Israel es un simulacro. Raro. Hamas se refugiaría en el integrismo islámico para aliviar “el trauma neocolonial”, según Traverso; Israel construiría una sociedad democrática para disimular sus pulsiones de muerte. Raro. Hamas sería una causa emancipatoria; Israel, un imperio colonial cuya riqueza, oh casualidad, no proviene de la explotación de sus nativos. Raro. Hamas, anuncia el genocidio contra los judíos, pero los genocidas son los judíos. Como contrapartida, sus psicofantes occidentales deciden cancelar a Ariana. Salvo John Banville. Por lejos, el mejor escritor de ese desdichado festival. Tranquila Ariana. El apoyo de Banville justifica con creces las burdas infamias de las turbas judeofóbicas.Escritor, periodista y docente. Profesor de Historia
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