El efecto que el calentamiento de la atmósfera o cambio climático ha provocado en la agricultura canadiense es verdaderamente notable; y ahora hay amplias zonas fronterizas con el Ártico que se han convertido en espacios productivos de maíz y granos en general.En suma, el efecto que produce el calentamiento de la atmósfera en la economía agrícola del mundo tiene aspectos positivos.El cambio climático es producto de una época histórica determinada, que es la segunda Revolución Industrial (1880/1930). Pero lo que la técnica ha creado, también la técnica lo puede resolver.Por eso es que los científicos especializados, al analizar el cambio climático se refieren a una etapa “pre-industrial” (antes de 1850), en que la temperatura promedio de las praderas norteamericanas era un grado y medio inferior a las actuales; y en los siguientes 100 años, la temperatura de esos mismos lugares ha aumentado 1.5 grados centígrados. En el medio de estas dos grandes etapas está el apogeo de la segunda Revolución Industrial, centrada en la industria automotriz, y cuyo insumo fundamental son los hidrocarburos fósiles.Lo que ahora se discute, y es cada vez mayor el número de científicos que lo destacan, es el hecho notable de que EE.UU, que ha rechazado todos los tratados internacionales sobre cambio climático (Tratado de París/2015), es la única de las grandes economías del mundo que a medida que se desarrolla emite cada vez menos dióxido de carbono.Esto significa que la verdadera forma de enfrentar el cambio climático o calentamiento de la atmósfera es profundizar la 4ta Revolución Industrial, que es la digitalización de todas las actividades productivas.“EE.UU es el país del mundo donde el futuro llega primero”, dice Alexis de Tocqueville. Todo esto se ha acelerado con la aparición en gran escala de la Inteligencia artificial (IA) en los últimos 10 años, como camino para revertir, y en el fondo terminar, con la emisión desmedida de dióxido de carbono.Es el atraso de los grandes países emergentes, como India o China, lo que todavía es una gran fuente de emisión de dióxido de carbono (CO2).La respuesta auténtica a este gran desafío de la época es acelerar la transformación de sus economías y sus sociedades en el marco de la 4ta Revolución Industrial, en la etapa de celeridad instantánea propia de la Inteligencia artificial.Para saber el grado de avance de un país o una región determinada contra el cambio climático y sus daños, lo que hay que hacer es medir el grado y profundidad de su inserción en la nueva revolución tecnológica de la Inteligencia artificial (IA), que es el principal instrumento para la realización de la 4ta Revolución Industrial.Esto es lo contrario de un criterio tecnocrático, obsesionado por una tecnología determinada, y consiste en cambio en una visión histórica-estructural, de carácter orgánico, esto es, de “abajo” hacia “arriba”, y abarcando todas las regiones y actividades del mundo sin excepción.Esto exige, en la producción agroalimentaria, un extraordinario y constante esfuerzo de adaptación a las nuevas condiciones histórico-estructurales, como la producción de soja cerca del Ártico canadiense, o la del maíz en los Valles Patagónicos del Sur argentino; y para eso hay que abandonar definitivamente todo tipo de visión catastrófica del que son entusiastas usuarias las distintas escuelas ecologistas.El cálculo del “International Food Policy Research Institute” (IFPRP) es que la producción granaria de EE.UU crecerá más de 100 millones de toneladas hasta 2050, con fenómeno climático incluido; y todo esto implicará necesariamente un intenso proceso de adaptación a las nuevas circunstancias.Esto implica más que nuevas técnicas como semillas o nutrientes, una nueva forma de producir de carácter orgánico, que establezca un vínculo distinto con la naturaleza (algo semejante a lo que la Argentina ha hecho con la siembra directa), y que está lo más alejada posible de la intensidad en el uso del capital físico o mecánico, como ha sido la regla en el agro estadounidense a partir de la 2da Revolución Industrial.Adaptarse a lo nuevo y vivir con ello, esta es la regla de la agricultura del siglo XXI.
Canadá produce soja cerca del Ártico, gracias al cambio climático
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