Biopics: no contaban con mi astucia

Biopics: no contaban con mi astucia

“Netflix se cuelga de mis tetas”, decía hace unos días un enorme billboard frente al Ecoparque, en Libertador y Sarmiento. La creatividad de la campaña de Netflix para la serie Moria, siempre en código cómplice, había encontrado una frase que servía como promoción y como explicación. Netflix, efectivamente, se estaba colgando de Moria: de su fama, de sus frases, de sus peleas, sus looks, sus excesos, sus amantes y de una colección de memes que empezó bastante antes de que existieran los memes. La serie llegó al número uno en la Argentina y Uruguay y entró en el Top 10 global de producciones de habla no inglesa, con 1,6 millones de visualizaciones en sus primeros días. Lo curioso es que buena parte de lo que muestran sus ocho episodios ya lo sabemos. O creemos saberlo. No vemos Moria para descubrir quién es Moria Casán. La vemos para corroborar lo que ella misma deja saber sobre ese personaje exótico que inventó, y para ver esos memes en su hábitat original. Lejos de ser una rareza el caso de Moria forma parte de un fenómeno global: 2026 se está convirtiendo en el año de las biopics, series y documentales basados en celebridades, estrellas, personalidades célebres, vidas conocidas. Netflix estrenó en abril una serie documental de tres episodios sobre Ronaldinho, con acceso al jugador, archivo inédito y un recorrido que incluye Barcelona, el Balón de Oro y hasta su paso por una cárcel paraguaya. Este mes hizo lo mismo con José Mourinho: tres capítulos filmados durante dos años, el propio “Special One” como centro y Ferguson, Drogba, Casillas, Ibrahimović o Zanetti ayudando a reconstruir su mitología. En septiembre llegará el documental de Fito Páez, después de que la misma plataforma ya hubiese convertido su vida en ficción: “La serie contó su historia. Ahora habla él”, resume la campaña. Y el mecanismo se estira desde las vidas noveladas o el acceso a archivos familiares inéditos hasta poner el foco en un detalle o momento clave de la vida o poder contar apenas un fragmento: Springsteen: Deliver Me from Nowhere, ya incorporada este año al streaming, se concentra en la grabación del disco Nebraska; Tony, de A24, toma apenas un verano de Anthony Bourdain a los 19 años, antes de que Bourdain fuera Bourdain. El año pasado en México fue el turno de Shakespearito, Roberto Gómez Bolaños, icónico creador de El Chavo y El Chapulín Colorado, y aquí hay expectativas por la versión de un libro de ficción basado en la vida de Aníbal Gordon, dirigida por Adrián Caetano. El caso más representativo del fenómeno 2026 es Michael. Estrenada en cines en abril, la película sobre Michael Jackson superó los US$1016 millones de recaudación y se convirtió en la biopic musical más taquillera de la historia, desplazando a Bohemian Rhapsody. Hay allí superproducción, estrellas, derechos musicales y escala Hollywood. En el otro extremo hay documentales de tres episodios sostenidos con archivo y entrevistas. Esa puede ser la verdadera astucia del formato. En una industria obligada a estrenar más cosas de las que cualquier persona podría ver, empezar por una historia, un rostro, de alguien que ya conocemos acota tres incertidumbres y reduce tres riesgos al mismo tiempo: el de la narrativa, el de la audiencia y el económico.Una celebridad llega a su biopic o docuserie con el protagonista, los personajes secundarios, el ascenso y caída, los amores, enemigos, accidentes, excesos, reinvenciones y escenas públicas que alguna vez ya funcionaron frente a una audiencia real. La realidad escribió gratis el guion durante décadas y, encima, guardó archivo y lo hizo público. En muchos casos conocemos incluso el desenlace. El suspenso se muda entonces de lugar: ya no consiste tanto en saber qué pasó sino justamente en revisitar colectivamente un episodio mediático, deportivo, social. Cuando la celebrity todavía está viva aparece un matiz aún más extraño: la materia prima sigue produciéndose mientras se intenta ordenarla y dejarla fija. Y el mismo protagonista reorganiza su biografía autorizada. Javier Van de Couter, creador y showrunner de Moria, lo describe así: “La observación se vuelve muy particular cuando hay cercanía con la persona y el personaje: encuentros, conversaciones, filmarla en la preproducción, investigar sus audios, stickers, memes; todo está ocurriendo mientras estás armando la serie”. Moria leyó además versiones del guion y aportó cómo había vivido ciertos episodios. Su recomendación fue bastante poco hagiográfica: “que no romanticemos el relato”. El éxito está cimentado en la familiaridad de esa historia. La dificultad de crear una universo de ficción para una película o una serie está mitigada.El segundo riesgo anulado es el de encontrar un público. Una ficción original necesita presentar un personaje o una trama, y después convencer al mundo de que vale la pena dedicarle varias horas. Mourinho llega con Portugal, Chelsea, Inter, Real Madrid y veinte años de polémicas sin fin. Ronaldinho con Brasil, Barcelona y mil y una noches. Fito con canciones generacionales desde que nació en el 63. La celebridad funciona como una especie de estudio de mercado viviente, con fans y haters: desde ya no garantiza que el contenido vaya a funcionar pero permite saber bastante antes de producir quién podría querer verlo. Y finalmente el riesgo económico. No porque las biopics sean necesariamente baratas —los más de mil millones recaudados por Michael vienen de una apuesta de otra escala— sino porque una de las inversiones más caras de la economía de la atención ya fue realizada. El nombre existe. También los recuerdos colectivos, sus canciones, sus frases, proezas deportivas, escándalos y controversias. Ahora que el mantra creativo reza “generar conversación” una vida conocida es una historia con parte del marketing ya pago.En la era del contenido infinito, la fama adquirida funciona como capital narrativo. Disney posee a Mickey Mouse y Warner a Batman; Netflix no posee a Moria, Mourinho o Fito, pero puede alquilar durante un tiempo parte de su potencia cultural: derechos, archivo, música, rostro, historia y asociación y convertirlo en horas de entretenimiento. Y si antes Hollywood compraba novelas para reversionarlas y conseguir historias, ahora recompra la historia de las grandes figuras. La gran fábrica de popularidad global del siglo XX mira el asunto a distancia: la fama fue durante un siglo una consecuencia del contenido y en esta era empieza a parecerse cada vez más a uno de sus insumos.Comunidad de NegociosQué pasa en los negociosEntretenimiento

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