Bertrand Russell, sobre el trabajo: “Cuando propongo que la jornada laboral se reduzca a cuatro horas, no quiero decir que todo el tiempo restante deba dedicarse necesariamente a la frivolidad”

Bertrand Russell, sobre el trabajo: “Cuando propongo que la jornada laboral se reduzca a cuatro horas, no quiero decir que todo el tiempo restante deba dedicarse necesariamente a la frivolidad”

Bertrand Russell cuestionó una de las creencias más arraigadas de la sociedad industrial. Para el filósofo británico, trabajar más no era sinónimo de vivir mejor y convertir el esfuerzo laboral en una virtud podía causar graves daños. En su ensayo Elogio de la ociosidad, publicado en 1932, planteó una alternativa que todavía genera preguntas sobre la relación entre empleo, tiempo libre y calidad de vida.“Como casi toda mi generación, fui educado en el espíritu del refrán: la ociosidad es madre de todos los vicios”, escribió Russell al recordar las ideas con las que creció, según informó National Geographic. El filósofo reconoció que aquella enseñanza tuvo una influencia profunda en su vida. “Creo que se ha trabajado demasiado en el mundo”, afirmó, antes de cuestionar una creencia que consideraba perjudicial para las sociedades industriales.Nacido en 1872 en una destacada familia aristocrática del Reino Unido, Russell fue filósofo, matemático, lógico y escritor. Su influencia alcanzó distintas áreas del pensamiento durante el siglo XX. En 1950 recibió el Premio Nobel de Literatura por sus escritos en defensa de los ideales humanitarios y la libertad de pensamiento.Su interés por la lógica también marcó su forma de analizar los problemas sociales. Russell fue una de las figuras fundamentales de la filosofía analítica y defendió la necesidad de examinar las ideas con precisión. Esa mirada crítica apareció con fuerza en su reflexión sobre el trabajo y el valor que la sociedad le asignaba.“La moral del trabajo es la moral de los esclavos, y el mundo moderno no tiene necesidad de esclavitud”, dijo RussellEn Elogio de la ociosidad, Russell sostuvo que la valoración del trabajo había llegado demasiado lejos. “La fe en las virtudes del trabajo está causando mucho daño en el mundo moderno”, escribió. Para él, el problema no radicaba únicamente en la cantidad de horas laborales, sino en haber convertido el trabajo en una virtud moral.El filósofo también señaló una diferencia entre quienes realizaban tareas físicas, con frecuencia desagradables y mal remuneradas, y quienes daban órdenes sobre el trabajo de otras personas y recibían mejores ingresos. De esa forma cuestionó la idea de que una mayor remuneración demostrara una mayor utilidad para la sociedad, según informó National Geographic.Su crítica alcanzó una de sus expresiones más contundentes con una frase que resume buena parte de su pensamiento. “La moral del trabajo es la moral de los esclavos, y el mundo moderno no tiene necesidad de esclavitud”, afirmó.La mirada de Russell sobre la tecnologíaRussell consideraba que el desarrollo tecnológico podía abrir una posibilidad inédita. Si las máquinas permitían producir los bienes necesarios con menos esfuerzo humano, la sociedad podía reducir el tiempo destinado al empleo y repartir mejor ese beneficio.De allí surgió una de sus propuestas más provocadoras. Russell sostenía que cuatro horas de trabajo diario podían resultar suficientes para cubrir las necesidades de la sociedad. Pero su planteo no consistía en convertir el resto del día en una sucesión de actividades vacías.“Cuando propongo que la jornada laboral se reduzca a cuatro horas, no quiero decir que todo el tiempo restante deba dedicarse necesariamente a la frivolidad”, aclaró. Para Russell, el ocio podía incluir la lectura, el aprendizaje, la conversación, la creación, el juego y otras actividades sin una finalidad económica.El filósofo también advertía sobre una consecuencia de una vida dedicada casi por completo al trabajo. Una persona acostumbrada a jornadas interminables podía no saber qué hacer cuando disponía de tiempo libre. “El sabio empleo del tiempo libre es un producto de la civilización y de la educación”, escribió.Casi un siglo después de aquellas reflexiones, Russell dejó planteada una pregunta que mantiene vigencia. Si el progreso tecnológico permite producir más con menos esfuerzo humano, ¿por qué el éxito de una vida debería medirse por la cantidad de tiempo que una persona puede vender a cambio de un salario?

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