Transitó durante muchos años los escenarios del teatro independiente hasta que Alfredo Alcón la vio en una obra y la invitó a trabajar con él en La muerte de un viajante. Aunque tenía algunos prejuicios, probó hacer televisión y le gustó. Le dieron un pequeño pero importante personaje en Celeste siempre Celeste y un detalle hizo que Nicolás del Boca la quisiera para Antonella. Le siguieron muchas otras tiras, mientras continuaba trabajando en teatro y filmando películas. Hoy, con 83 años, Ana María Castel estrena por partida doble: el viernes 4 de septiembre vuelve con la segunda temporada de La tortuga de Darwin, y el sábado 12 debuta con Hotel Julio César, ambas en El método Kairós. En diálogo con LA NACION, la actriz recuerda sus inicios en el medio, cuando aún estaba estudiando Sociología; también cuenta anécdotas de algunas de las novelas que protagonizó y relata su historia de amor de 50 años con el fotógrafo Martín Siccardi. -Hacer dos obras de teatro debe ser un muy buen ejercicio para la memoria, ¿no?-Llegué a hacer cinco alguna vez (risas). Es que las dos obras me gustan mucho. Es la segunda temporada de La tortuga de Darwin, y esta vez estamos en El método Kairós (El Salvador 4530, CABA) todos los viernes a las 20; es una obra de un gran autor español que admiro muchísimo, Juan Mayorga, y la trama gira en torno a una tortuga gigante que descubrió Darwin en las Galápagos. Se la lleva a vivir con él y hace que evolucione a través de los años, debido a circunstancias extremas. Esta tortuga, que vive 200 años, llega a transformarse en una mujer que ha visto 200 años de historia y, con gran humor, cuenta todo eso y cómo llega a la vida de un escritor y su esposa, y las transforma. Tiene sus momentos álgidos y mucho humor. -¿Y el segundo estreno?-Es Hotel Julio César, el 12 de septiembre y estamos los sábados a las 17, en El método Kairós, también. Es una obra de Laura Otermin, una comedia dramática sobre la relación entre una madre y un hijo, y es muy interesante. Me gustan mucho las dos obras y voy a seguir trabajando mientras pueda. Decía que llegué a hacer cinco obras a la semana y a la mañana grababa Señores papis, en Telefe. -¿Cómo hacés para desdoblarte tanto?-Poder desdoblarse es hermoso, dejar un personaje y entrar en otro. Es una de las cosas más bellas porque te permite un juego en el que realmente ocurre la transformación. El tema es cuando se hacen muchas obras juntas, se te mezclan y se complica un poco (risas). Ana María Castel junto a Melina Milone, Josefina Pittelli, Mariela Asensio y Paola Luttini en la obra Vivan las feas, de 2014-Has hecho montones de telenovelas, obras de teatro, películas... ¿Empezaste muy joven?-Empecé a estudiar a los 20 años con Juan Carlos Gené, y a los 21 ya estaba trabajando. Hice mucho teatro independiente y un día Alfredo Alcón que me vio en una obra, se acercó a saludarme y a los 15 días me llamó para que haga el personaje de su mujer en La muerte de un viajante, de Arthur Miller. Yo no lo podía creer. Cuando me llamó, creí que era una broma (risas). Un tesoro era. Hice muchas obras hermosas como Boda Blanca, que fue un éxito total durante dos años; también hice El águila de dos cabezas, con Miguel Ángel Solá y Bárbara Mujica; Un tranvía llamado deseo, con Adrián Ghio y Julio de Grazia.-¿Tu familia te apoyó en la decisión de ser actriz?-No pudieron decir nada porque no los dejé (risas). Estudiaba Sociología, pero la verdad es que todas las expectativas estaban puestas sobre el varón, que era mi hermano que me llevaba 10 años y estaba estudiando Medicina. -Te vino bien porque fuiste libre de elegir lo que querías…-Totalmente, además fue una sorpresa para mí. Leía mucho, mucho, desde chica… A un punto que me agotaba de tanto que leía. Además, en los recreos del colegio mis compañeras saltaban a la soga o jugaban a la rayuela y yo les iba leyendo poemas, detrás. Y no me cargaban, no me hacían bullying. Les gustaba. "Cuando nacieron mis dos hijos, paré totalmente durante 10 años y me dediqué a criarlos. En esos momentos me llamó un gran director de teatro y de televisión para hacer una tira, me dijo que me armaban un camarín al lado del set de grabación para que pueda ir con los chicos. Era una gran oportunidad, pero le dije que no"Santiago Oroz-¿Por qué fue una sorpresa?-Porque a pesar de leer mucho no pensaba en actuar. Aunque a los 13 años quise dirigir a mis amigos, que eran un par de años más grandes que yo. Me acuerdo que los encerré a todos en casa de una amiga y empecé a dirigirlos en una obra. Al final quedó en la nada… Sin embargo, no me daba cuenta de que me interesaba el teatro. A los 20 años una amiga tenía que hacer una prueba y me dijo que la iba a preparar un compañero, con un monólogo. Y me pidió que la acompañara porque no quería estar sola. Este muchacho le explicó el método de Stanislavsky y yo sentí que se me abría el corazón. Y dije: “Quiero hacer teatro”. Porque sentí que no había que mentir, y que si uno lloraba, lloraba… Y si no lloraba, bueno no lloraría, pero no había que mentir y había que vivir esas vidas. Empecé a estudiar y no paré más. -¿Y cómo llegaste a la tele? Porque en esos años había prejuicios de los actores de teatro con los que hacían televisión...-Y yo tenía esos prejuicios (risas). Fue una transición porque lo primero que hice fue un ciclo de teatro en Canal 7, con Pedro Escudero. Era como hacer teatro en televisión. Y eso me fue sacando los prejuicios. Después, dejé durante diez años.-¿Por qué te alejaste del medio?-Porque nacieron mis dos hijos. Paré totalmente durante 10 años y me dediqué a criarlos. En esos momentos me llamó un gran director de teatro y de televisión para hacer una tira, me dijo que me armaban un camarín al lado del set de grabación para que pueda ir con los chicos. Era una gran oportunidad, pero le dije que no. -Y volviste cuando eran un poco más grandes…-Sí. Lo único que hice cuando el más chiquito tenía dos años fue estudiar Psicología Social y me recibí en la escuela de Pichón Rivière. Era una vez a la semana…. La verdad es que no extrañaba mi profesión, en absoluto. -¿Y por qué volviste a trabajar, entonces? -No es que hubiera pensado en dejar, pero no extrañaba. Estaba tan apasionada con chicos que para mí fue un descubrimiento, también. Era muy feliz con ellos y con mi marido, Martín Siccardi. Volví porque una representante de actores me llamó y me dijo que necesitaban una muy buena actriz para hacer un bolo de dos días en una telenovela de Andrea del Boca, Celeste siempre Celeste. La escena era muy extrema porque yo entraba y le pegaba un tiro al personaje de Rodolfo Machado. Y en la otra escena le pedía, llorando, al personaje de Dora Baret que no me mandara presa porque tenía tres hijos y mi marido había muerto. Era una escena tremenda. Fue una hermosa experiencia porque, además, mis compañeros me recibieron muy cálidamente. No conocía a Nicolás del Boca, pero me vio llorando en un rincón, preparándome para la otra escena, y se acercó a preguntarme qué me pasaba. Le dije que estaba ensayando y quedó maravillado (risas) y dijo: “Miren, esta es una actriz”. -Y te volvió a convocar para Antonella...-Claro, ahí hice un personaje que adoré, Amparo. Era la cocinera que estaba enamorada del mayordomo homosexual (Osvaldo Tesser) y no lo dejaba en paz… Hacían los pasos de comedia de la tira. Me costó hacer televisión porque los personajes se construyen de una manera diferente a los que hacés en teatro, donde hay mucho ensayo. Aprendí a construir un personaje en el tiempo. Y en Nano también tuve un personaje hermoso. La pasábamos tan bien… Con Graciela Pal y Cecilia Cenci teníamos el camarín más grande y todas venían a charlar: Emilia Mazer, Lidia Lamaison, Araceli González. Me acuerdo que los caños del aire pasaban por el camarín y seguían a la oficina de producción y no los dejábamos trabajar, entonces tapábamos todos esos caños con papel de diario. ¡Lo que nos divertíamos!"Las malas me han salido muy bien y me han traído muchas alegrías"Santiago Oroz-Interpretaste a pocas “malas”, ¿acaso es porque tenés cara de buena?-Estuve nominada para los premios ACE por una mala muy mala (risas). E hice algunas malas en todos estos años, pero es cierto que la mayoría de mis personajes eran buenos. En Hotel Julio César soy malísima. Es maravilloso porque podés ser mala sin hacerle daño a nadie (risas). Las malas me han salido muy bien y me han traído muchas alegrías. -¿Qué trabajo disfrutaste más?-Me gustó mucho hacer Casa Natal que se emitió en Canal 2, en ese momento. La escribía y la dirigía Gustavo Garzón y estaban María Rosa Gallo, Tina Serrano, Alejandra Flechner, Franklin Caicedo. Era una historia muy bella. Y recuerdo La mujer del Cholo, de Aída Bortnik, con Mabel Manzotti, en Canal 7. Hubo también una novela que me gustó mucho porque estaba muy bien escrita, Amor sagrado, con Grecia Colmenares. Era una coproducción con Italia, pero tuvieron problemas económicos y terminó a los dos meses. Una pena. -Cumplieron 50 años de casados con tu marido... ¿Cómo es esa historia de amor?-Cuando nos conocimos él era fotógrafo de productos. Es director de fotografía y trabajó en Poliladron; le cambió la imagen a la televisión. Estamos juntos desde el ’77 pero no le prestamos mucha atención a las fechas. Un día Martín fue a ver una obra que yo hacía; lo había invitado el asistente de dirección. Y cuando terminamos fuimos al bar de la esquina con los compañeros y nos conocimos ahí. Me acuerdo que abrí la puerta, lo miré y dije: “¿Y esa boca?”. Me enamoré. Los dos veníamos de otros matrimonios. Yo había estado casada con un actor, Paulino Andrada, y me había separado hacía dos años. EntrevistasTeatroAlfredo Alcón
Ana María Castel: el encuentro que le cambió la vida, un detalle que la destacó en televisión y un amor de medio siglo
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