Ana Galeote, antropóloga: “En Occidente creemos que podemos conseguir cualquier cosa si nos esforzamos suficiente, pero lo único que está en nuestras manos es el esfuerzo, no el resultado”

Ana Galeote, antropóloga: “En Occidente creemos que podemos conseguir cualquier cosa si nos esforzamos suficiente, pero lo único que está en nuestras manos es el esfuerzo, no el resultado”

Vivimos en una sociedad que nos empuja a tenerlo todo bajo control, anticiparnos al futuro y perseguir constantemente nuevos objetivos. Pero ¿qué ocurre cuando la vida no sale como esperábamos?La fisioterapeuta y antropóloga Ana Galeote explora esta cuestión en su último libro, Uketamo. Abrazar la vida tal cual viene (Bruguera), en el que se adentra en una filosofía japonesa que invita a aceptar la realidad sin resignarse ante ella. A través de su experiencia en el Kilimanjaro y de un viaje por Japón, la autora reflexiona sobre nuestra relación con la incertidumbre, el sufrimiento y la búsqueda de la felicidad.Su último libro se titula Uketamo, ¿qué significa y qué puede aportar a nuestra manera de vivir?Es una filosofía que siguen los yamabushi, unos monjes japoneses que practican el shugendō, una tradición que combina budismo, sintoísmo y culto a la montaña. Durante tres días conviví con ellos en las montañas de Dewa Sanzan, en el norte de Japón. Caminábamos en silencio, meditábamos y realizábamos distintos rituales. La única palabra que podía pronunciar era uketamo, que significa “acepto humildemente con el corazón abierto”. Pero el maestro Hoshino me explicó que el uketamo no se puede comprender únicamente con la mente, sino que debe experimentarse a través del cuerpo. Es un estado de paz en el que dejamos de resistirnos y abrazamos la vida tal y como viene.Vivimos en una sociedad que nos empuja a tenerlo todo bajo control. ¿Por qué nos cuesta tanto aceptar que hay cosas que no dependen de nosotros?En Occidente tenemos muy interiorizada la idea de que podemos conseguir cualquier cosa si nos esforzamos lo suficiente. Creemos que todo depende de nuestras decisiones, cuando realmente lo único que está en nuestras manos es el esfuerzo, no el resultado. En Japón existe una mayor conciencia de que nuestros logros también dependen de muchísimas personas que, aunque no veamos, participan en ellos. Cuando comprendes esto, te das cuenta de que ni todo lo bueno que te ocurre es mérito exclusivamente tuyo ni todo lo malo es culpa tuya. Nuestro papel es mucho más pequeño de lo que pensamos y eso también resulta liberador.El libro comienza con una experiencia personal durante el ascenso al monte Kilimanjaro. ¿Qué ocurrió aquella noche y cómo cambió su manera de entender la vida?Inicialmente quería escribir un libro sobre resiliencia y pensé que subir al Kilimanjaro sería una buena manera de ponerme a prueba. Durante la noche de ascenso a la cumbre, con una sensación térmica de veinte grados bajo cero, muchísimo cansancio y síntomas de mal de altura, mi mente no paraba de decirme que abandonara. Entonces comprendí que la única manera de continuar era dejar de intentar controlarlo todo. Me limité a seguir los pasos de la persona que tenía delante. Al regresar a casa me di cuenta de que vivía constantemente intentando optimizar mi alimentación, mis entrenamientos y mi tiempo. Estaba tan centrada en controlar mi vida que había dejado de disfrutarla.A menudo confundimos la aceptación con la resignación. ¿Dónde está la diferencia entre aceptar una situación y dejar de luchar por cambiarla?Aceptar el presente no significa renunciar a nuestros deseos ni dejar de trabajar para conseguirlos. Podemos tener objetivos, esforzarnos y hacer todo lo posible para alcanzarlos. La diferencia está en comprender que no podemos controlar el resultado. Cuando vivimos constantemente pendientes de conseguir algo, dejamos de disfrutar de lo que está ocurriendo ahora. Para mí, aceptar significa poner todo nuestro esfuerzo en aquello que queremos hacer, pero entender que las cosas pueden salir de otra manera.¿No hay que pensar tanto en el futuro entonces?Evidentemente, el futuro importa y nuestra capacidad para planificar ha sido fundamental para la supervivencia de nuestra especie. El problema aparece cuando vivimos tan pendientes de lo que puede ocurrir que dejamos de prestar atención a lo que está pasando. Al final, lo único que tenemos realmente es el presente. Podemos planificar nuestra vida hasta el último detalle y, de repente, todo puede cambiar por completo. Por eso creo que debemos aprender a encontrar un equilibrio: pensar en el futuro sin olvidarnos de vivir el ahora. De lo contrario, corremos el riesgo de perdernos nuestra propia vida.Aceptar puede parecer sencillo cuando todo va bien, pero ¿cómo se aplica esta filosofía ante situaciones difíciles, como una enfermedad o una pérdida?En el libro hablo de la terapia Morita, una corriente psicológica japonesa que parte de la idea de que nuestras emociones forman parte de la naturaleza. No elegimos sentir miedo, ansiedad o tristeza, igual que no decidimos cuándo llueve. Por eso, en lugar de intentar controlar constantemente lo que sentimos, propone dirigir nuestra atención hacia la acción. La pregunta sería: “¿Qué me está pidiendo esta situación ahora?”. Quizá tenemos ansiedad porque debemos entregar un trabajo. En vez de intentar eliminar esa ansiedad, podemos empezar a trabajar con ella. No necesitamos sentirnos bien para actuar. Se trata de volver a conectar con la realidad y hacer aquello que está en nuestras manos.Usted también ha estudiado algunas de las zonas donde viven las personas más longevas del mundo. ¿Qué cree que puede aportar esta filosofía a nuestra manera de envejecer?Creo que muchas veces confundimos vivir mejor con vivir más años. Evidentemente, cuidar nuestro cuerpo es importante, pero también lo es cómo experimentamos nuestra vida. El uketamo nos invita a prestar atención al presente, a conectar con los demás y a dejar de vivir permanentemente pendientes de nosotros mismos. No sé si necesariamente nos hará vivir más años, aunque quizá pueda contribuir a nuestro bienestar emocional. Lo que sí creo es que nos ayuda a vivir mejor los años que tenemos. Al final, de poco sirve obsesionarnos con alargar la vida si, mientras tanto, no somos capaces de disfrutar de ella.En el libro también recoge testimonios de supervivientes del desastre de Fukushima. ¿Qué aprendió de aquellas personas?Conocí a un hombre de unos setenta años que, cuando se produjo el terremoto de 2011, comenzó a recoger vecinos con su furgoneta para llevarlos a un lugar seguro. Le pregunté por qué había decidido regresar a buscarlos en lugar de refugiarse y me respondió que ni siquiera tuvo que pensarlo. Aquella conversación me hizo comprender que, en las situaciones más difíciles, el secreto para seguir adelante muchas veces está en nuestros vínculos. Necesitamos a los demás. Cuando todo se viene abajo, apoyarnos en otras personas y sentir que formamos parte de algo más grande que nosotros puede ayudarnos a afrontar lo que ocurre.Subimos el Kilimanjaro en solo 6 días - ALUCINANTEVivimos un momento marcado por la incertidumbre y los cambios sociales. ¿Cómo puede ayudarnos el uketamo a afrontar esta realidad?Creo que esta filosofía nos recuerda que cada uno tiene un pequeño papel dentro de un contexto mucho más amplio. Hay situaciones que no podemos cambiar individualmente, pero siempre podemos preguntarnos qué está en nuestras manos hacer ahora. El uketamo nos invita a volver al presente, reconocer lo que tenemos y actuar dentro de nuestras posibilidades. Eso no significa ignorar los problemas ni dejar de intentar transformar aquello que consideramos injusto. Significa comprender que no podemos controlarlo todo y que, mientras hacemos lo que podemos, también debemos permitirnos vivir y disfrutar de aquello que tenemos delante.Anna Calpe

Original Source

Read the full article at Clarin →

KhanList aggregates and links to publicly available news content. We do not host full articles from third-party sources. Always verify important information with original sources.