A finales de marzo de 2021, a un año del inicio de la cuarentena, Alberto Giordano se propuso dictar un curso online sobre el Diario de duelo de Roland Barthes que prometía durar dos encuentros. En el primero, ante una asistencia de más de cien personas, anunció que posiblemente se trataba de una trampa: no estaba seguro de que se limitaría a dos reuniones. El curso duró ocho martes y su objeto se extendió mucho más allá del tema propuesto, abarcando un recorrido sutil y riguroso de la obra del último Barthes, pero también el ejercicio de una ética de la crítica literaria. Roland Barthes y la escritura del duelo recoge esas clases.Giordano es sin duda uno de los lectores más agudos, sensibles e inteligentes de Barthes. A diferencia de la recepción que el crítico francés tuvo en la generación anterior (la de Sarlo y Nicolás Rosa), su Barthes no es el del alcance moral-ideológico que primó durante su periodo sociosemiológico, sino el de la dimensión ética que habita sobre todo el giro autobiográfico de sus últimos años. La diferencia es sustancial. Responde no sólo a un modo de leer la obra de Barthes, sino también a una manera de pensar la relación con la literatura, bajo el avatar del crítico-ensayista. Este desplazamiento adquiere hoy una relevancia particular. Frente a una crítica académica que reduce la literatura a saberes disciplinares o a representaciones del mundo para responder a una lógica moral y una superstición de la utilidad, Giordano cultiva una ética ensayística que apunta a suspender la voluntad de dominio intelectual, para hacerse eco del carácter anómalo del texto literario y explorar las fuerzas que afectan al cuerpo y la subjetividad.De allí el interés minucioso que presta a los procedimientos formales y las operaciones tácticas que despliega el último Barthes: modos de responder que buscan apreciar el carácter desestabilizador de lo literario y aumentan la potencia de actuar, sentir o pensar de quien escribe o lee.Desde luego, ya en los textos que Giordano había dedicado a Barthes anteriormente (en especial los reunidos en Con Barthes) así como en los trabajos que consagró a la literatura autobiográfica era posible advertir un posicionamiento que elogiaba y cultivaba tal ética ensayística. Pero el libro que reúne las ocho clases que dictó en 2021 acentúa e intensifica performáticamente lo que argumenta: los vaivenes de un crítico-escritor que, en contacto con el autor admirado, se expone a la experiencia de encuentro con un saber imprevisto que lo vuelve otro. El profesor-ensayista no es alguien que tiene ideas y luego las expone o las escribe; al exponer o escribir, efectúa y exhibe una deriva del pensamiento.Por eso el curso –su extensión temporal y su camino imprevisto–asume en acto uno de los principios que anuncia: “a mayor libertad metodológica, mayor responsabilidad de la forma expositiva”. Giordano despliega así un modo de enseñanza que conjuga una voluntad pedagógica –la transmisión relativamente programada de un saber sobre el último Barthes– y el cultivo de una forma ensayística (la exploración incierta del saber que lo expone a nuevos descubrimientos e inflexiones, subvirtiendo el camino calculado). Explorando los contradictorios y fructíferos vínculos entre conceptos y experiencia literaria, indaga a la vez la particularidad de su encuentro con la literatura y las posibilidades de una transmisión. Allí reside quizás el valor más notable de este libro: Giordano no expone, ensaya; sus clases avanzan por recomienzos, oscilaciones y variaciones; incorpora anécdotas personales que despliegan una figuración del profesor a medida que interroga las figuraciones del autor admirado.Giordano lee a Barthes como Barthes leyó a Proust: “No me comparo, me identifico”. En esa identificación, no obstante, ocurre en Giordano algo más. A diferencia de Con Barthes, su último libro avanza hacia una lectura más irónica y distante: con y contra Barthes. Como si el lector fascinado llegase finalmente a advertir las solemnidades del autor que ama, sus arrogancias y contradicciones no asumidas, la administración excesiva de la propia imagen. Una distancia también ética que no deprecia el valor de Barthes. Al contrario, lo vuelve más interesante.Roland Barthes y la escritura del duelo. Un curso, Alberto Giordano. Nube Negra / Bulk, 222 págs.
Alberto Giordano y el último Barthes
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