Alberto Ades: “La tecnología trajo una vuelta a la individualidad y la reclusión”

Alberto Ades: “La tecnología trajo una vuelta a la individualidad y la reclusión”

Alberto Ades lleva más de 30 años viviendo en Nueva York, adonde llegó con su título de abogado de la UBA y luego de hacer un doctorado en Economía en Harvard. Conoce al detalle el mundo financiero global por su trabajo en los principales bancos de inversión (Bank of America, Merrill Lynch y Goldman Sachs) y su puesto actual en el fondo NWI Management y en Harboured. Tal vez su propia experiencia como autor de ensayos o incluso textos de ficción, lo llevó a reflexionar sobre el paso del tiempo (hoy tiene 62 años) y el impacto de los avances tecnológicos en el comportamiento humano. El resultado de esas reflexiones es Lo que se desvanece. Arqueología de un presente inestable (Sudamericana), un libro que escribió “bajo la sospecha de que algo esencial se está deshilachando en los márgenes de nuestra vida cotidiana”. Ya en la introducción anticipa su punto de vista: “La revolución digital es una ruptura antropológica que moldea nuestras formas de pensar, de sentir, de vincularnos”. No lo mueve la nostalgia, sino la necesidad de tomar conciencia de lo que ha cambiado y qué de todo eso merece conservarse.Tópicos como la infancia (“pasamos de una situación donde los chicos iban solos a la plaza, se lastimaban, fracasaban y eso estaba bien, a chicos muy vigilados”), la memoria (y la pérdida de ella a manos de los dispositivos electrónicos), el mundo del trabajo, que hoy ha tomado, casi sin límites, el tiempo del descanso y del ocio (“nunca hay una desconexión del todo”), entre otros, son el eje de sus preocupaciones. O de sus “angustias”, como él mismo las define.Describe un mundo no exento de paradojas, en el que la tecnología y las redes están diseñadas para favorecer el intercambio y, sin embargo, también promueven “la reclusión” en un individualismo a ultranza. Donde, además, a cambio de nada entregamos voluntariamente grandes volúmenes de información que luego será usada como herramientas de marketing. Ades saltó a los primeros planos informativos en las últimas semanas porque, de paso por la Argentina para presentar el libro, fue convocado por el presidente Javier Milei para exponer su visión del mundo y de la economía del país en una reunión de Gabinete. Fue llamativo que, precisamente en esa reunión en la Casa Rosada, estuvo ausente el ministro de Economía, Luis Caputo, que lo adjudicó a algún problema de salud. Ante las especulaciones del caso, Ades descartó cualquier tipo de relación entre ambos hechos. En la conversación con LA NACION, sí vinculó el individualismo extremo que promueve la tecnología con el surgimiento de líderes como Donald Trump y el propio Milei, “un político sin historia” que atrae a un electorado que quiere “que le saquen al Estado de encima”, y a “toda organización social que le extraiga algo de su esfuerzo”. Admite que la visión de los inversores externos sobre la Argentina “es de preocupación”, por la falta de plafón político del Presidente y la posibilidad de que la economía no llegue a las elecciones con la fuerza como para que Milei reelija. -Al repasar los cambios que produjo la tecnología en el comportamiento, el libro plantea que se impuso el individualismo sobre la idea de comunidad, que era a lo que estábamos acostumbrados.-Es cierto, y creo que hay dos respuestas. La primera es que, si lo pensás, es paradójico porque la tecnología, en muchas dimensiones, está diseñada para facilitar la conexión. El primer producto de redes sociales fue Facebook. Era una manera de que los estudiantes de Harvard aparecieran todos en una página en internet, se conocieran, se conectaran. Pero los humanos no funcionamos así, no nos podemos conectar con alguien en Japón de la misma manera que con el vecino del departamento o con la persona con la que interactuamos en la iglesia, la sinagoga o el club. Hay varios temas que trato en el libro que muestran la reclusión, la vuelta hacia la individualidad, tornarse hacia sí mismos. -¿Por ejemplo?-El tema de la infancia, donde los lazos sociales, comunitarios, barriales han perdido la fuerza que tenían en el pasado y las familias son individuales y están muy enfocadas en la seguridad y en el éxito de sus hijos. El tema de la trascendencia es el más claro de todos. Me quiero conectar con algo que trasciende, pero lo hago con una aplicación. No voy a la iglesia o a la sinagoga porque eso insume demasiado tiempo y hay que ir el sábado o el domingo a la mañana, cuando ellos deciden. En cambio, yo acá (señala su celular) tengo acceso a la espiritualidad cuando a mí me conviene, el día que quiero y en el horario que quiero. -Respecto de este punto también está el tema de la inmortalidad. La posibilidad de quedar perpetuado en una red social, que después, como vos contás en el libro, te recordará quien la red social decida, no todo el mundo.-Probablemente te recordará el que pague más, porque así funcionan las plataformas. Hoy eso se da de manera automática, porque Facebook no sabe si la persona se murió, entonces te dice “hace 10 años, un día como hoy…” y te manda fotos de esa persona o te recuerda el cumpleaños. Pero es concebible que en el futuro podamos pagar por nuestra “inmortalidad”, por ejemplo, anticipando 9,99 dólares por mes para que la plataforma envíe un mensaje, un video fabricado con inteligencia artificial para saludar a tu hijo o a tu nieto por sus cumpleaños. ¿Por qué no? Ya existe eso, individuos virtuales con los que podés conversar. -Señalabas recién el tema de la monetización permanente. ¿Creés que esto está en el origen de las redes como una gran estrategia de marketing, donde todos somos comercializables hasta los más mínimos aspectos, o también puede ser una estrategia de control?-Yo tiendo a no ser conspiranoico, en general. Creo que con muchas cosas nos topamos de casualidad. Por ejemplo, los aparatos, como el anillo oura y el Apple Watch. Muchos dispositivos se crearon con la idea de que la gente iba a pagar por tener un aparato que te diga cuáles son tus pulsaciones, si estás respirando, si estás oxigenado, si dormiste bien, etcétera. Encontraron que esto puede recopilar una cantidad de datos, y otra gente interesarse por esos datos, empresas de seguros o servicios médicos, que descubrieron que ahí había una fuente inagotable de información que podían usar. Creo que muchas de estas cosas suceden sin un plan previo, y me remito en el libro a dos transformaciones.-¿Cuáles son?-La invención de la escritura alfabética y la revolución industrial, que tuvieron consecuencias que de alguna manera se anticiparon. La escritura alfabética que trajeron los fenicios posibilitó el desarrollo de una tecnología que permitía la creación de libros, y por lo tanto volcar allí el conocimiento que hasta ese momento era memorístico, oral. Entonces, uno no necesitaba asimilar, reservar o atesorar todo ese conocimiento en la memoria para procesarlo, sino que podía después remitirse a libros y a registros. La revolución industrial tuvo un impacto enorme en el cambio de nuestra percepción del tiempo, que pasó de un tiempo solar a uno regido mecánicamente por la sirena de la fábrica. Tal vez, el rol que intenta jugar el libro es decir: ojo que estos son cambios que miramos con mucho optimismo, y nos gustan, pero también traen aparejados otros cambios de los que no nos damos cuenta. Y por ahí nos vamos a dar cuenta en unos años de que perdimos esto, ya no sabemos hacer esto otro y ya no recordamos aquello, o esta persona desapareció: ¿quién se va a acordar? -¿Cuáles marcarías como los principales cambios que produjo el uso masivo de la tecnología? -Te doy tres ejemplos. Uno es la infancia, donde pasamos de una situación donde los chicos iban solos a la plaza, se lastimaban, fracasaban y eso estaba bien, a chicos que hoy están mucho más vigilados y en muchos casos, sobre todo en sectores de clase media alta, hasta geolocalizados. Ese cambio que permitió la tecnología y una combinación de otros factores, cambió nuestra relación con el riesgo que estamos dispuestos a asumir. Otro ejemplo es la escritura: cuando uno escribía a mano iba descubriendo lo que pensaba mientras lo hacía, y era mucho más difícil corregir. La posibilidad de escribir, hacer cut and paste, tachar, mover un párrafo, ha cambiado nuestra relación con el pensamiento. Y el tercer ejemplo es el tema del trabajo. Antes la vida laboral estaba acotada, a las cinco de la tarde, las siete, a la hora que fuera, terminabas. Llegó la Blackberry, que fue la primera intromisión de la tecnología en el trabajo, y ya no tenías excusa para no responder. Te llevás el celular adonde vayas y podés contestar.-Ahora, esa continuidad sin horarios, especialmente en el caso del empleo de plataformas, es una precarización permanente del trabajo, ¿no? -Es una intromisión permanente del trabajo en nuestra vida, en las plataformas que permiten el trabajo individual, donde vos sos tu propio jefe (eso es lo que te venden muchas de ellas) y supuestamente trabajás cuando querés. Byung-Chul Han, un filósofo surcoreano alemán, habla de la burnout society, la sociedad del cansancio, pero del cansancio profundo, porque nunca hay descanso, nunca hay desconexión del todo. Lo interesante es que todo eso es voluntario, es algo que nosotros hacemos porque queremos, y las plataformas te inducen a pensar…-Que depende de vos…-Exacto, vos podés ser más, y obviamente las plataformas se benefician de eso. -Me imagino que esto cambia el modelo de representación sindical tal como lo conocimos, o de negociación de tus condiciones de trabajo.-Totalmente, sí. La representación sindical con Uber no funciona porque cada uno quiere su horario, quiere su tiempo, quiere su esfuerzo y no quiere pagarle a nadie. Eso es lo otro, la individualización del trabajo viene asociada con algo que vimos acá en la Argentina. Muchos de esos chicos que votaban a Milei, lo votaban porque decían: yo quiero que me saques al Estado de encima, y cuando hablaban del Estado hablaban de toda organización social que me extraiga algo de mi esfuerzo. Yo quiero vivir de mí, no quiero que me saquen nada, porque no le pido nada a nadie.-Nombraste a Javier Milei y me pregunto si esto de la amnesia, esta cosa superficial y permanente de cambio es lo que favorece que surjan líderes del estilo de Donald Trump u Orban en Hungría. ¿Es el caso de Milei en la Argentina?-Creo que sí, porque Milei es un político sin historia. Quienes vienen del partido peronista o radical tienen una larga historia con la que llegaron hasta acá. Javier Milei tiene experiencia política, pero relativamente corta. Milei y Donald Trump, pero también Modi en la India, son líderes que emergieron con muy poca historia, con una población dispuesta a mirar hacia adelante y no mirar hacia atrás. Lo que se ve desde afuera es que en la política argentina hay una vocación de mirar hacia atrás, de seguir discutiendo cosas que pasaron hace tal vez 50 años, que en otros países se ve mucho menos.-Te referís, por ejemplo, a los tiempos de la dictadura…-Claro, yo sé que es un ejemplo muy traumático que ha impactado a muchísima gente, pero eso pasó hace 50 años, medio siglo. Vos no ves en Estados Unidos a nadie discutiendo sobre lo que pasó con Carter, o la guerra de Vietnam; lo mencionan de vez en cuando, pero nadie toma una posición política en base a ese tipo de cosas. Volviendo a Milei, él no tiene esa historia y ese bagaje atrás. Él habla de lo que pasó hace dos o tres años, y si tiene que remontarse a la historia lo hace a 120 o 130 años. -Sin embargo, y tal vez tiene que ver con su rivalidad con el kirchnerismo, él también suele referirse a cierta “gloria” de los militares. De hecho, la puso a Villarroel a su lado, más allá de su distanciamiento actual.-Sí, es cierto. Pero es un país que políticamente se construye mucho en base a su historia y es como que no se puede despegar de eso.-Además del carácter o de la cultura de esta sociedad, ¿tendrá que ver también con la ausencia de políticas de Estado? -Claro, fijate que el gobernador de La Rioja [se refiere a Ricardo Quintela) hace un tiempo dijo: de todo lo que hizo Milei, nosotros vamos a hacer exactamente lo opuesto. Ahora, Milei, cuando asume dice: todo lo que hicieron estos, yo voy a hacer exactamente lo opuesto. Esos bandazos de 180 grados que nosotros nos pegamos cada cuatro u ocho años muestran que no hay una sensación de que estamos trabajando juntos con algunos consensos mínimos para avanzar. Sin embargo, empiezo a percibir algunos gérmenes de políticas de Estado, asociados al desarrollo de ciertos sectores en los que la Argentina tiene una ventaja comparativa muy clara: energía, minería, agro. En los eventos que se hicieron en Nueva York y en París Milei llevó a varios gobernadores de las provincias energéticas y mineras como forma de comunicar que hoy empieza a marcar una política de Estado, que dice no podemos tener un sistema económico donde se castigue a esos sectores. Ojalá que también se convierta en una política de Estado, como en la mayoría de nuestros vecinos, el tema de la responsabilidad macroeconómica, fiscal y monetaria.-Ya que nos metimos en la actualidad y en la economía, quiero preguntarte cómo ves este modelo, si tiene tiempo para “derramar” los beneficios en el resto de los sectores que todavía no arrancan y que sufren.-Esa es la gran pregunta. Tenemos elección en 12 meses, y la pregunta es, ¿en qué estado va a estar la economía entonces? Miremos cuál es la situación actual: hay dos candidatos con chances, que son Milei y Kicillof. Yo percibo hoy mucha gente que está descontenta, que está sufriendo, mucha gente que en 2023 lo votó a Milei y si hoy tuviera que votar te dice que no lo haría. Pero la opción es Kicillof, y sospecho que mucha gente que hoy dice que no votaría a Milei, en el cuarto oscuro, entre elegir esto, que por lo menos redujo la inflación, eliminó los piquetes y redujo el crimen, aunque no ha mejorado para muchos la situación económica, sobre todo en las ciudades, y uno que estuvo asociado con las políticas que nos terminaron generando 20% de inflación mensual y 211% anual, va a elegir a Milei. Ahora, no sabemos qué va a pasar dentro de un año. -¿Cuál es la visión que tienen afuera? -La visión es de preocupación.-¿Porque Milei no termina de hacer las cosas bien, o porque todavía no tiene plafón político?-Por el plafón político. Hay preocupación, porque ¿qué te diría un inversor típico? Milei está haciendo lo que hay que hacer, hay una transformación en curso y esa transformación les pega a los sectores intensivos en mano de obra, que son votantes. Por lo tanto, no sabe qué va a pasar en la Argentina. A diferencia de otros países como Chile o Uruguay o en alguna medida Brasil, gane la derecha o la izquierda solo puede generar un cambio marginal. En el caso de Brasil, el inversor típico prefiere que gane Bolsonaro. Pero si gana Lula, no es el mejor escenario, pero no es un desastre, no es un vuelco de 180 grados. Entre la derecha y la izquierda, el reloj se mueve 30 grados para la derecha o para la izquierda. En la Argentina es 180, por eso los inversores están preocupados por las posibilidades de que algo salga mal y pierdan todo, o un 80%.-En estos tiempos de la inteligencia artificial, que causa temor, ¿cómo se relaciona con tu libro? ¿Cómo se puede profundizar estos aspectos que vos marcás? -El libro trata muy poco sobre la inteligencia artificial, trata del mundo de las redes, el mundo virtual, las aplicaciones. Todo lo que tiene que ver con los algoritmos. Creo que la inteligencia artificial es un avance adicional en esa dirección. ¿Es parte del mismo régimen o es un régimen distinto? Yo creo que es parte de un mismo régimen. Muchas de las cosas que hace la inteligencia artificial ya las hacían las aplicaciones. Creo que es un desafío adicional donde la inteligencia artificial puede acelerar mucho el proceso de pérdida de habilidades o aptitudes que trato en el libro.-¿Pero no hay algo del ser humano que va a persistir? La capacidad de discernir, por ejemplo, entre lo que está bien y lo que está mal.-Es cierto. Uno se da cuenta en cosas cotidianas. Esa capacidad de discernir muchas veces viene asociada con la experiencia vital. Por ejemplo, vos podés decirle a la inteligencia artificial que te haga un borrador de una nota sobre tal tema, le vas a dar distintos puntos y demás. La vas a leer y te vas a dar cuenta de que le falta algo. ¿Qué falta? Humanidad, un sentido, una chispa u originalidad que solamente le puede dar el ser humano. El otro día leía un tweet que se refería a un artículo cuyo punto era que la inteligencia artificial nunca va a poder inventar nada, porque está diseñada para operar estadísticamente con la historia con la que la entrenan. Después está el juicio que te da el cerebro humano, que opera de una manera distinta al algoritmo, y la experiencia, la historia que vos has vivido, que te permite decir ‘esto no me suena’. Se trata entonces de aprovechar la herramienta, que es poderosísima, pero el que decide lo que dice la nota y la corrige sos vos. - Te hago una última pregunta, más personal: ¿qué te llevó, en lo profundo, a escribir este libro?-(Piensa unos segundos) Es una muy buena pregunta, creo que en la escritura del libro hay una angustia que me genera lo que está pasando, una preocupación en algunos aspectos, para serte honesto, más que en otros. Por ejemplo, yo hablo del tema de la comida, cómo ha cambiado el ritual de la comida familiar. ¿Me genera mucha angustia eso? No tanto. Pero sí me genera mucha angustia el capítulo de la infancia, de cómo ha cambiado la crianza, eso sí. Yo soy padre, estoy seguro de que me he equivocado tremendamente en la educación de mis hijos, en la sobreprotección, en la vigilancia perpetua. Yo era uno de los padres que tenía un geolocalizador. El capítulo de la memoria me genera mucha angustia, cómo hemos delegado casi todo en los aparatos. Cuando yo pienso números de teléfono que me sé de memoria, son el de mi mujer, los de mis dos hijos y el mío, nada más. Cuatro números. Me preocupa porque creo que tiene consecuencias no solamente cerebrales, sino también políticas. Como hablábamos antes, la falta de memoria sobre lo que hicimos, lo que funcionó y lo que no funcionó, que es algo que se ve mucho en los mercados, y es preocupante. Economista y escritor-Alberto Ades nació en Buenos Aires y vive en Nueva York. Es doctor en Economía por la Universidad de Harvard y abogado por la Universidad de Buenos Aires.-A lo largo de más de tres décadas ha alternado el trabajo en los mercados financieros internacionales con una vocación ensayística que se mueve entre la economía, la política y la cultura.-Sus textos académicos aparecieron en revistas como American Economic Review y The Quarterly Journal of Economics; sus ensayos, en Contrapunto –su newsletter de análisis–, en el suplemento Ideas de LA NACION y en la revista Seúl, donde colabora habitualmente.-Es autor de Economía conversada (2025); acaba de publicar Lo que se desvance (Sudamericana)Por Luis Cortina

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